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La llamada post modernidad  suele traer consigo, entre otras cosas, la ambigüedad, la exaltación de la fusión y la homogenización de prácticas, códigos, símbolos y denominaciones.

El uso de la terminología cinematográfica anglosajona en la televisión,  extrapolada del contexto y condiciones  específicas,  donde surgió y se desarrolla en EE.UU.;  enmascara en las modas nominales el concepto de lo que nombra.

 

El cine inauguró el audiovisual  y luego,  con sus especificidades,  la televisión se nutrió de sus prácticas, concepción tecnológica básica, denominaciones de áreas de trabajo, lenguaje de cámaras, etc.

 

Rebasando estos préstamos origínales, por mucho empeño que se ponga,  el cine es cine y la televisión es televisión. Esmerarnos en hacer un trabajo artístico en los programas, cambiar la ubicación tradicional de las cámaras, realizar un diseño de arte y de luces elaborado estéticamente, no significa hacer cine, es hacer buena televisión.

Realizar una obra de arte cinematográfica que trascienda con todos los recursos y el tiempo disponible es una cosa; lograrlo en nuestras condiciones y a la velocidad trepidante televisiva  requiere más talento, consagración y esfuerzo.

Mas allá de esos prestamos; la tecnología sustentada en leyes ópticas, impone el  lenguaje y planos muy diversos a los posibles y legibles en una gran pantalla proyectada en una sala oscura.

No son pocos los realizadores, directores y especialistas de la televisión que deslumbrados por el cine y frustrados por no poder realizarlo en su mayoría, como si se avergonzaran de realizarla;  tratan de suplir su realidad lanzándose a la  aventura de las transferencias inter-mediáticas sin raciocinio alguno.

La apropiación acrítica de nominaciones cinematográficas en las prácticas televisivas, es otra arista del fenómeno que enrarece la claridad conceptual de sus significados, el proceso comunicativo o la pertinencia de su utilización en el programa en cuestión. Por añadidura la mayoría ni siquiera comprende que,  entre otros daños, sustituyen nuestra identidad latina por la anglosajona.

Las denominaciones fueron un sistema convencional arbitrario en sus orígenes. En el ámbito de los nombres comunes, el objeto designado no hubiera alterado su esencia si en el principio de las cosas, en lugar de un nombre, hubiera recibido otro. En lo profesional no siempre funciona así.

Cuando aludimos a operaciones, procedimientos, sitios  y procesos, la terminología no cambia el enfoque de un plano visual, como tampoco lo hace si se reproduce con una cámara de cine o de televisión. Un  close up, es el mismo si lo nombramos en habla inglesa o utilizamos una expresión  lingüística equivalente en el habla hispana.

Cuando el concepto designado no resulta idéntico en ambos universos,  la denominación distorsiona las esencias, generando confusión e inseguridad en los públicos para los cuales trabajan. Ese es el caso de la familia de términos anglosajones de los llamados telefilme o teleplay, por solo citar los más populares.

Las mismas aluden a topologías o clasificaciones genéricas de una propuesta televisiva particular. Ello quiere decir que posee una relación contenido-forma peculiar y regularidades comunes que le confieren su identidad. Esa forma y estilo propio de estructurar la narración dramatizada en los soportes electrónicos, hace la diferencia entre la serie, la telenovela, el teatro, el cuento, la aventura o cualquier otra definición genérica.

En los orígenes de la televisión cubana, marcados por la influencia integral de las cadenas norteamericanas, la denominación de los formatos de productos y géneros de programas eran en habla española, no anglosajona.

Curiosamente el cine no denomina a su producto desde sus peculiaridades de contenido y expresión de sus matrices culturales como lo hace la televisión sino que parte de la tecnología utilizada. Lo que conocemos como película, film ofilme, no revela sus esencias, alude al soporte físico en que se reproduce y por si mismo no identifica el tipo y tono del relato.

Refiere Rodolfo Santovenia en su Diccionario de cine, términos artísticos y técnicos; que el telefilme se produce en cinta fílmica con vistas a su transmisión televisiva y que adopta los formatos y técnicas de la televisión. De la misma forma afirma que el teleplay, es una obra realizada para la televisión. ―y equipara ambos vocablos―.

Si el tan llevado y traído teleplay o telefilme, usado de manera indistinta durante los últimos años en nuestra programación televisiva es una obra para la televisión, ¿Que impide darle la denominación original en Cuba y en habla hispana,  por demás,  más rica en identificaciones de estilo y contenido?

Lo designado con estos ambiguos e eufemísticos vocablos anglosajones no son más que relatos o narraciones dramatizadas de frecuencia unitaria. En la denominación castellana  el cuento es cuento, el relato es relato y el teatro es teatro y por esos términos se conocen su tono expresivo y recursos dramaturgicos.

Otra manifestación de esta tendencia aparece en quienes para referirse a una etapa productiva televisiva aseveran que  filman y no que graban, como sería correcto.

La creciente tendencia de la fusión e hibridez de géneros, estilos y códigos en el audiovisual contemporáneo no impone la pérdida del control y la pericia  para establecer los límites de cada tipo o género de programas.

En pos de la modernidad o los ismos, no podemos hacer peligrar nuestras esencias, nuestra tradición y traicionar o confundir la  promesa que las topologías o géneros de programas televisivos definieron claramente desde nuestra etapa fundacional a sus públicos.

Mucho se habla de combatir la neocolonización cultural impuesta por las transnacionales del entretenimiento y del rescate de nuestra identidad.

Este  tópico, que aun tiene mucha tela por donde cortar,  impone una decisión y aplicación institucional.

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Odalys Fuentes de Arma

Actriz dramática de la Televisión Cubana. De origen muy humilde, en su natal Jarahueca, Yaguajay, Sancti Spíritus se traslada a La Habana y se inicia en la televisión, como muchos otros artistas, al ser seleccionada como modelo en una Convocatoria para el programa realizado con motivo de la visita del cantante chileno Lucho Gatica.

La audición resultó un éxito y le llovieron las ofertas que la convirtieron en el rostro latinoamericano de importantes firmas comerciales de la época, lo que atrajo inmediatamente el interés de los artistas del /music hall/ y el teatro.

Fundadora del Instituto Cubano de Radio y Televisión, descolló por su actuación como Marisela, la salvaje, virginal y recia pradera venezolana en la telenovela *Doña Bárbara*, y luego en *Tierra Brava* y el *El Naranjo del patio*.  Más de 27 personajes en series y novelas de la televisión la distinguieron con la condición de Artista de Mérito del Instituto Cubano de Radio y Televisión y el Premio ACTUAR 2016 por la obra de la Vida.

La audición resultó un éxito y le llovieron las ofertas que la convirtieron en el rostro latinoamericano de importantes firmas comerciales de la época, lo que atrajo inmediatamente el interés de los artistas del /music hall/ y el teatro.

Fundadora del Instituto Cubano de Radio y Televisión, descolló por su actuación como Marisela, la salvaje, virginal y recia pradera venezolana en la telenovela *Doña Bárbara*, y luego en *Tierra Brava* y el *El Naranjo del patio*.

Miriam Mier Vidal

 Actriz, fundadora del Instituto Cubano de Radio y Televisión. Distinguida con la condición de Artista de Mérito por su trayectoria de más cuatro décadas en la pantalla y la radio, donde condujo el espacio *Nosotras* por más de 17 años. Protagonizó la aclamada serie de televisión *Para empezar a vivir*, en la que interpretó los personajes Lidia y Raquel, emblemas de la participación de la mujer cubana en los Órganos de la Seguridad del Estado del Ministerio del Interior. En 1981 recibió el Premio Internacional de Actuación otorgado en el Noveno Festival de Plovdiv de Bulgaria, con la obra teatral “Dos Padres”, escrita y dirigida por Silvano Suárez. Su personaje de La Gaviota en la obra homónima de Antón Chéjov, coprotagonizada con Frank González, le valió el premio de Actuación Femenina otorgado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). Asimismo ha recibido 17 galardones por su trabajo como actriz, entre ellos, el primer Premio de Actuación Caricatos de 1997 y el Premio ACTUAR 2016 por la obra de la vida.

Luis Rielo Morejón

Actor, artista de Merito de la TV y fundador del ICRT, comenzó haciendo teatro, su primera actuación significó la realización de todos sus sueños. Consiguió el cariño y el respeto del pueblo gracias a su talento, dedicación y energía en la escena artística. Es ejemplo de humildad, honestidad y autenticidad. Su participación en entregas como *El hombre de Maisinicú*, *El brigadista*, *En silencio ha tenido que ser*, *Para empezar a vivi*r, que alcanzaron un alto impacto social, lo identifican con las vivencias del pueblo cubano en los acontecimientos que han estremecido a Cuba en estos años. Con más de 44 aventuras, en las que han primado la consagración y la solidaridad, como la reciente *LCB, Lucha contra bandidos*, le hicieron merecedor del Premio ACTUAR 2010 por la obra de la vida, otorgado por la Agencia Artística de Artes Escénicas.

 

Frank González Díaz

Actor, artista de Mérito de la TV y fundador del Icrt, conocido como el hombre de las mil voces por su participación en diversas producciones de animación realizadas por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos y en el Instituto Cubano de Radio y Televisión. Se inició como aficionado en grupos de teatro y musicales hasta que en 1967 comenzó a trabajar en el Icrt como diseñador de vestuario y decorador. Paralelamente cursó estudios de actuación con excelentes profesionales del radio y la televisión. Entre los reconocimientos recibidos por su labor se encuentran la Distinción por la Cultura Nacional, cuatro primeros premios de actuación en los Concursos Uneac de radio, así como el Primer premio en el Primer y Tercer Concurso Nacional de Doblaje; Premio de Narración y Actuación en Festivales de la Radio; Primer Premio de Actuación en Televisión en el Concurso Caricato 1999; Premio ACTUAR por la obra de la vida en 2016 y el reconocimiento de varias generaciones de cubanos por su desempeño como Elpidio Valdés.

 

 

 

Mario Balmaseda Maurisco

Poseedor de una obra con más de cinco décadas de prolífica existencia, que comenzó como aficionado en el teatro a finales del 60, en la primera Brigada de Teatro Obrero-Campesino. Formó parte también del Grupo de Teatro Ocuje y trabajó en obras como “María Antonia”. Luego estudió dramaturgia en la entonces República Democrática Alemana. Como director del Teatro Bertolt Brecht se consolida y dirige más de una decena de obras como “Andoba” y ha sido el autor de 13 piezas. Su trayectoria en la pequeña pantalla le ha legado al público que lo sigue inolvidables caracterizaciones en series como *Aventuras de Juan Quin Quín*, *En silencio ha tenido que ser*, *Un bolero para Eduard*o, y en telenovelas como *Si me pudieras querer* y *Añorado encuentro*. Entre los múltiples galardones de los que ha sido acreedor por su fecunda carrera se encuentran la Distinción por la Cultura Nacional, las órdenes Juan Marinello y Alejo Carpentier, otorgadas por el Consejo de Estado de la República de Cuba, la Máscara de Oro del Teatro Nacional alemán, el Premio Nacional de Teatro cubano en el año 2006 y numerosos lauros por mejor actuación masculina, mejor puesta en escena y mejor autor dramático, conferidos en disímiles concursos nacionales e internacionales.

Félix Pérez Ortiz

Inició su carrera en el medio televisivo en su provincia natal, Santiago de Cuba en los años 60. Al mismo tiempo comenzó a escribir para la radio y la televisión y otros espectáculos artísticos. Posteriormente es seleccionado para dirigir la Escuela de Formación de Actores de la antigua provincia de Oriente. Integró a la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR) donde fue nombrado responsable regional de cultura en la organización, que más tarde se convertiría en la Unión de Jóvenes Comunistas. En la década del 70 se une al trabajo de aficionados del Ministerio del Interior (Minint). En 1976 parte en misión cultural para la República Popular de Angola. A su regreso a Cuba es nombrado en Santiago de Cuba responsable de cultura del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos y vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). En el cine participó en las películas “La primera carga al machete”, “En el aire”, “Cuba en la garra del Águila”, “Habana Blues”, “Entre ciclones” y “El Benny”. Ha sido profesor de varias generaciones de actores en las especialidades de locución, narración y actuación radial. De sus actuaciones más memorables se destaca su intervención como actor y asistente de dirección en seriales como *En silencio ha tenido que ser* y *Julito el pescador*, gracias a las cuales se vincula al trabajo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en la serie *La Botija* y en el Minint en sus estudios fílmicos en espacios como *Día y Noche*, *Patrulla 444* y *Tras la Huella*. Entre sus reconocimientos y distinciones se cuentan: Artista de Mérito del Icrt; Placa y Reconocimiento del Ministerio del Interior por su destacada labor artística; Reconocimiento como director de la Cruzada artística en homenaje al centenario de la muerte de José Martí; Medalla por el aniversario 40 de las FAR; Medalla Raúl Gómez García; Medalla José María Heredia; Sello Laureado por la Cultura Nacional; Distinción Gitana Tropical; Distinción Giraldilla de La Habana; Réplica del machete de Máximo Gómez y diversos Premios Caracol por sus brillantes actuaciones en varias telenovelas, seriales y festivales de la televisión y la radio cubanas.