Grandes retos impuso el modelo de servicio público en el acceso y usos de tecnologías, la reconversión de contenidos y formatos, la preparación de capital artístico y técnico

La descontextualización histórica, la visión economicista o la excesiva modestia en el análisis de la historia de la radiodifusión cubana, han limitado la  valoración de las reales dimensiones de esta importante zona de nuestro patrimonio cultural, comunicativo y simbólico, además de afianzar una visión reduccionista que refuerza el desconocimiento de sucesos y aportes transcendentes en nuestro devenir social.

 A partir de un discurso organizacional y la práctica de la responsabilidad entre los asociados

La Asociación Nacional de Productores de Televisión de Cuba tuvo como fines la unión de todos los productores de televisión de la República para la defensa de sus intereses mediante la cooperación mutua y el desarrollo de toda actividad que tuviera como propósito el mejoramiento cultural y enaltecimiento de las labores propias de los productores de televisión y de otras aristas que contemplaran la superación y el progreso de los asociados y de la nación.

La organización tenía domicilio social, para sus efectos legales, en Lealtad número 618, en La Habana. El acta de constitución está fechada el 1 de octubre de 1953, con un período de gobierno de un año.

 La televisión cubana necesita equilibrar los géneros y formatos de su programación, rescatar tradiciones y cumplir a plenitud sus objetivos de servicio público

La televisión fundacional cubana privilegió géneros y formatos sustentados en las Artes Escénicas, renovando modelos y visiones que la radio, el teatro, el cine y la publicidad expandieron por toda Cuba y la región latinoamericana.
Desde sus primeras transmisiones por control remoto desde los teatros, el Canal 4 (Unión Radio TV) estrenó representaciones humorísticas y circenses, seguidas de las primeras aventuras audiovisuales autóctonas. Ya en el primer semestre de 1951 escenifica en tiempo real teleteatros y luego estrena las series dramáticas.

La segunda planta (Canal 6 CMQ TV) estrenó su programación con una serie original de suspenso. Le siguieron unitarios con historias provenientes de diver sas fuentes, las zarzuelas, las óperas y operetas. En el temprano 1952 surgieron las telenovelas. A los dramatizados “puros” se unió en todo el sistema la práctica de insertar es cenas dramáticas o humorísticas en re vistas variadas o musicales de frecuencia semanal. Esta tendencia impactó a televisoras cuyo perfil no era generalista.

Entre 1950 y 1959 la televisión habanera gestora de tres cadenas de microondas que expandían sus señales hacia otras provincias tuvo entre sus ejes básicos de programación a los dramatizados, pieza vital en competencia por el mercado pu blicitario televisivo. En el periodo de 1960 a 1990 nuestra televisión de servicio público forjada por los creadores e intérpretes de su etapa mercantil se nutrió de sus talentos, sa beres y experiencias en los nuevos obje tivos mediáticos y sociales.

 

Durante muchos años, los cubanos hemos contado con grandes hombres y mujeres que defendieron y defienden la locución en nuestro país. Con tan sólo mencionar los nombres de Consuelo Vidal y Germán Pinelli, entre otros, comprobamos que en este campo nuestro país también es una cantera indetenible.

Sin embargo, como sucede en otras ramas, la locución no escapa del cuestionamiento de muchos. Recae, sobre todo en los jóvenes, la responsabilidad de mantener vivos los pilares de la locución cubana o hacer cambios que no deterioren la imagen de esta profesión.  

Concuerdan varios investigadores que los locutores son, quienes frente a la cámara o detrás de ella, se convierten en el rostro – o la voz- de un vasto colectivo de creación. En sus roles de  presentadores o animadores de las propuestas comunicativas, potencian los formatos y contenidos  orientados a varios públicos. Por tanto, la responsabilidad del locutor es única e insustituible.