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A los 70 años falleció el colega y amigo espirituano que prestigió el oficio con tanta laboriosidad, su quehacer multimediático y esa personalidad campechana que lo convirtió en un espirituano singular

Muchos años más tarde y por el resto de nuestras vidas, él recordaría entre carcajadas cómo aquella flacucha y tímida estudiante de Periodismo le había despalillado su información sobre la producción de pasta de tomate en la fábrica de conservas. Otro en su lugar se habría molestado. Por entonces yo cursaba el cuarto año de la carrera y me habían ubicado en la televisión para hacer las prácticas. La primera impresión resultó fatal: él me pareció hablantín, extrovertido de más, alardoso, medio desfachatado.

Cuando aquello no existía el telecentro espirituano y debía trabajar con el corresponsal de ese medio de prensa en Sancti Spíritus. En uno de nuestros primeros viajes a Santa Clara, en aquel jeep Niva destartalado que él manejaba siempre de medio ganchete, saludando a diestra y siniestra, me dio —sin más ni más— la información de marras para que se la revisara. En realidad, solo le corregí algunas formalidades porque desde aquel entonces en lides informativas nadie le ponía un pie delante a Rafael Daniel.

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Series infantiles de estreno para los pequeños de casa

El gran día
Llega los martes a las 9:45 am; cuenta tres historias de tres o más niños que sueñan con cumplir un sueño. Los niños se presentan a sí mismos y dicen lo que quieren lograr y comienza la aventura para alcanzarlo: correr en las competencias de atletismo, hacer la primera exposición personal, hacer un salto jumpee, hacer un programa de TV, cocinar su primera comida para la familia, bucear por primera vez, hacer su propio desfile de modas y otras muchas cosas.

Aquí estoy yo


Los jueves 9:45 am los pakapakenses de todo el país toman la palabra, la cámara y el micrófono para contarnos cómo son sus días, cómo son sus escuelas y cuáles son sus deportes favoritos. Todo esto jun
to a la gran receta que nos presentan Alain Salad y Magalí Mones.

 

Entérese de las nuevas propuestas de Cubavisión descargando el boletín 8  SUBIENDO AL 6

 

 

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Más de una vez señalamos las incoherencias de Rastros de mentiras, pero el capítulo final fue una creación de buen gusto y sensibilidad…

La escena final de Rastros de mentiras, la telenovela brasileña que concluyó en Cubavisión, quizás bastara para reconciliar a buena parte de los que criticaron un producto pletórico de incoherencias.

Pero esa imagen del villano devenido héroe, Félix, y su apaleado padre, César, reconciliándose frente al mar (en una clara evocación de la célebre escena final de Muerte en Venecia, de Visconti), es un cierre de buen gusto y mucha sensibilidad.

Muy bien actuado, muy bien fotografiado, muy bien iluminado, muy bien musicalizado (el Adagietto de la Quinta Sinfonía de Mahler venía muy bien, aunque sea ya casi un lugar común).

La edición internacional mutiló inmisericordemente los últimos capítulos de la telenovela, hasta el punto de que el público cubano no pudo ver resueltos los conflictos de muchos personajes.