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 El trabajo con las fuentes orales exige una alta capacitación profesional

¿Qué son las fuentes orales? ¿Qué importancia tienen para el trabajo de un historiador, antropólogo o documentalista? ¿Qué desafíos implica ahondar y defender la historia oral?

A estas y otras interrogantes dieron respuestas y generaron nuevos cuestionamientos las presentaciones de la Dra. Elizabeth Dore, reconocida profesora universitaria de Reino Unido y Ana Vera Estrada, investigadora titular del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello.

El panel integrado por estas especialistas hizo un recorrido histórico por las principales tendencias y metodologías del empleo de fuentes orales y su pertinencia en el estudio de actores sociales no hegemónicos.

Según Ana Vera: “aunque existen aún muchas descalificaciones profesionales y prejuicios positivistas en torno a esta forma de trabajo en ciencias sociales, la historia oral es mucho más que una simple acumulación de entrevistas.

“Hay que formular un sólido proyecto investigativo antes de proceder a entrevistar a las personas, frente a las cuales hay que tener una posición ética siempre.

“En el contexto cubano muchas veces son las historias orales la única vía fidedigna para acercarnos y estudiar determinados procesos y fenómenos sociales”.

Una de las ideas predominantes del debate fue la utilidad de la historia oral para investigadores, documentalistas y cineastas que se propongan acceder al plano de la subjetividad humana.

“La memoria cambia con el tiempo y con el surgimiento de diferentes contextos socioculturales, de ahí la importancia de esta metodología como una forma de revivir lo que escapa al tiempo, lo que ya no es y como un modo de indagación en las verdades humanas”, aseveró la profesora Elizabeth Dore.

Para la también miembro del Colegio Universitario de Londres: “el entrevistador debe ser siempre transparente, auténtico y debe lograr una permanente negociación ética con el entrevistado, quien tiene pleno derecho de decidir sobre sus propias palabras y declaraciones”.

A juicio de Ana Vera es fundamental crear un clima de confianza a la hora de recoger los testimonios, y en este sentido el uso de grabadoras y/o cámaras es inevitable pero requiere mucho tacto por parte del entrevistador para no romper la atmósfera de empatía y confidencialidad necesaria en las entrevistas.

“En muchas ocasiones los gestos, las miradas, los silencios, las pausas, las reservas y otras manifestaciones del código paralingüístico aportan información de mayor relevancia que la otorgada por las propias palabras.

“Un tema económico y social tan sensible como el cierre de los centrales azucareros en Cuba ha tenido su expresión en la obra de importantes documentalistas de la Isla, como Alejandro Ramírez, quien en su obra De-moler se acerca a este hecho a partir de la experiencia y visión particular de muchos de sus protagonistas”, señaló la también coordinadora de la cátedra de oralidad Carolina Poncet.

La fidelidad en el proceso de transcripción de las entrevistas, el trabajo con las cartas privadas y los diarios, la intervención emocional del entrevistador, las grabaciones como documentos primarios para otros estudios, el rol de la subjetividad de quien entrevista, analiza e interpreta los datos recogidos y la existencia de la censura y la autocensura constituyen algunos de los desafíos que implica abordar la historia oral.

Esa voz colectiva, efímera, perecedera que puede iluminar, desde un enfoque plural y polifónico, la esencia de quiénes fuimos y quiénes somos como pueblo y nación.

 

 

 

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