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Las tarjas conmemorativas en las paredes del ICRT son una evocación a la memoria histórica

Como escribió José Martí, el gran iluminado de todos los cubanos: “Allí donde ha sido más tenaz la virtud, es donde debe alzarse el monumento”. Transeúntes en el día a día caminamos acostumbrados a la misma cuadra, barrio o ciudad, y vemos cómo se nos hace rutina no mirar el entorno y estar ajenos a la historia que nos rodea. Los invito a detener el paso y mirar donde a veces en bronce  ̶ y muchas en piedra ̶ , perdura la vida. 

Les hablo de las tarjas. Y de cómo fue que, dejándome llevar por los agitados y calurosos andares, me motivé a escribirles casi por accidente.

Sediento, entré a una casa vieja y curioso, mientras esperaba, me acerqué y leí, incrustado en una pared, que aquel había sido el último escondite de Antonio Guiteras antes de partir al Morrillo  ̶ sitio donde lo asesinaron ̶ .

Impactado, comencé a pensar en cuánto de historia dejamos de leer por pasar de largo ante monumentos o tarjas. Y será por eso que el homenaje de hoy es a las que guarda, celosamente, el Instituto donde muchos pasamos la mayor parte de nuestro tiempo.

No es este el recorrido minucioso y exacto de cada una de ellas sino el resumen de la impresión que puede provocar, en cualquiera, el tropezarse en una calle o pasillo con la emoción de trabajar en un sitio lleno de hazañas.

En mis cortos años de labor en el Icrt he tenido la oportunidad de colaborar en la recopilación de datos para develar varias tarjas conmemorativas, de conjunto con la empresa Radio Cuba, sin tener idea de la magnitud de esas experiencias, que hoy he comprendido.

Así encontramos en Mazón y San Miguel la sede de la primera transmisión de televisión en Cuba, y en el edificio de 23 y M, la segunda. El merecido honor a quienes hicieron posible la magia.

Pero la historia de las tarjas del Instituto no solo va al desarrollo tecnológico o fundacional, sino también a la historia que envolvió a todo un país en la lucha.

Aquí está la que recuerda el último aldabonazo de Eduardo Chibás, líder del Partido Ortodoxo, cuya alocución y posterior muerte enardecieron a la nación. También la evocadora de José Antonio Echeverría y los jóvenes valientes del 13 de marzo, cuando tomaron Radio Reloj; la que rinde tributo a los valerosos combatientes del 9 de abril, que hicieron el llamado a la Huelga General Revolucionaria arriesgando su trabajo y sus vidas.

También encontramos la constancia en mármol de la parada de la Caravana de la Libertad, el 8 de enero de 1959, encabezada por Fidel y los rebeldes victoriosos.

Estas son solo algunas de las miles de historias que tiene nuestro Instituto y que debe guardar con orgullo. Faltan hechos, personalidades que hicieron grandes a nuestra televisión y a nuestra radio; falta mucho por contar.

Bien cabría revisar los homenajes ausentes y proponer –por qué no– una ruta histórica propia que lleve a cada visitante y a quienes vivimos dentro de esas paredes, a conocer el alma del sitio que a diario nos impulsa a seguir.

 

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