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Luego de un recorrido con muy buena acogida en Argentina, el documental Milagro, de 83 minutos, en blanco y negro casi totalmente, con una estupenda fotografía,  ha viajado a Cuba, escoltado por su padre Martín Adorno “Grifo Ignómata” y su padrino Mateo Grille.

Será exhibido en salas porque aún puede tener un recorrido en festivales y para lograr tal hecho, muchas veces se excluye a obras exhibidas en la televisión.

De la historia de Milagro Amalia Ángela Sala usa mujer rebelde y trabajadora de la Argentina actual trata esta obra de la que Grifo, dice:

-¿Por qué escogiste el audiovisual para expresarte?
-Mi padre, oriundo de Misiones, una provincia del noreste, limítrofe con Brasil y Paraguay, fue a estudiar arquitectura y trabajar en La Plata, Argentina, y siempre fue amante de la universidad y el cine; con él veía muchas películas. 

Eso me influenció, al punto que, de pequeño, hubiera querido ser actor, y lo fui a los 18 años. Pero poco a poco, y por sugerencia de mi madre, paraguaya, me empecé a ubicar detrás de las lentes también. Ella veía una posible veta laboral, y acaso algunas cualidades que yo desconocía, y me fui enamorando de ese lugar.

En la puja por "ser", en una ciudad que podía resultar tan maravillosa como hostil para quienes no éramos del todo de allí, la condición de hijo de inmigrantes internos y externos, me confinaba a vivir en una permanente búsqueda.

Así fue que, de adolescente, tuve tres actividades de innegociable contención. La formación técnica que me convirtió en especialista en electrotecnia, la música que estudié y cultivé desde el conservatorio provincial, con una guitarra como vehículo, y el fútbol; mi vida desde los 10 a los 21 fue eso.

En los inicios del 2000, cuando mi país tenía cada vez menos horizontes de previsibilidad política y económica, yo no sabía lo que era pensar más allá de unos pocos meses hacia adelante. Mi padre, militante peronista de la perseguida y casi diezmada generación del 70, se iría del país a buscar trabajo con 55 años, y todo alrededor mío se caía.

A pesar de ello, la educación pública y gratuita para todos en La Plata, me permitía seguir indagando, y tras estudiar teatro y fotografía, ingresé a la universidad en la carrera de Sociología; todo aquello se veía vertiginoso, algo inconexo y me causaba una cierta incertidumbre, hasta que, estando en cuarto año, comencé a hurgar en el cine. Y fue precisamente en la carrera que creara Perón en el 55. 

Poco a poco, las artes audiovisuales, organizaron esas pulsiones desordenadas, a través de la participación en diversas producciones, y yo era muy feliz haciendo aquello que se parecía tanto a esculpir sueños en el devenir. 

Mis primeros trabajos me servían para viajar, pues siempre inferí que era la mejor inversión para acumular experiencias intransferibles de capital cultural, y lo hacía siempre para volver, con mi cámara en la mochila, año tras año a seguir estudiando, ¡y me iba bien!

Desde 2003, la Argentina inició una recuperación impensada poco antes, con un fuerte arraigo en las luchas por la memoria, la verdad y la justicia, y los trabajos que se generaban en ese contexto me llevaron a distintas cátedras que exploraban ficción y documental con igual ahínco. Me convertí en referente estudiantil, casi sin proponérmelo, haciendo documentales y siendo ayudante en diferentes cátedras. Amaba profundamente aquello que me permitía ser, enteramente. ¡Por eso las artes audiovisuales!

- ¿Cuál fue tu primera toma?
- De alguna manera, siempre supe que el cuidado estético de las imágenes, permiten el deslinde de ciertas tipologías de información sensorial que resultan insustituibles. Mis primeras tomas en ficción fueron unos planos de un corto basado en un poema de Jacques Prevert, Desayuno, muy intuitivamente prolijo en lo visual y en lo musical. En documental, fueron unos en un trabajo que se llamó Nunca Nada, donde conviví con un joven que recolectaba residuos con un carro tirado por un caballo, para vender reciclables. En este trabajo, hacía poco que había visto Buena Vista Social Club, cuya musicalidad audiovisual me marcó decisivamente en lo profesional, y como Nunca Nada, era una pieza académica, utilicé en ella, parte de aquella banda sonora!

-¿Cómo topaste con el caso Milagro Amalia Ángela Sala? ¿Cuándo y por que decides hacer un documental?


-La militancia como realizador y como docente, me condujeron a asumir cada vez más y mayores compromisos y responsabilidades. Un día estaba dirigiendo un canal de TV, y haciendo ficción y documental para cine, y todo andaba sobre ruedas. Pero con la llegada del actual (des)gobierno a mi país, la estructura que sostenía las industrias culturales con una fuerte impronta en sus contenidos de las identidades regionales, me fui quedando sin trabajo. A mí y a cientos de comunicadores. En este cimbronazo, me sumé al equipo de investigación y observatorio de medios del Instituto PATRIA, y allí conocí personalmente a Tristán Bauer, mi gran compañero y mentor. Cierto día, él tomó uno de mis trabajos (el primero allí) y lo mostró frente a una sala colmada de gente a la cual yo admiraba y les dijo: " Esto es el mejor ejemplo de lo que debemos hacer". Yo no lo podía creer. Allí todo había recobrado sentido. Desde ese momento fui convocado a participar de distintos espacios de debate, formación y producción, hasta que en 2017, y ante la potencia de la maquinaria pro hegemónica, le sugerí hacer MILAGRO, como una herramienta que generase hechos políticos y culturales de encuentro, debate y comprensión, para horadar el cerco mediático. Para ello necesitaba una licencia y su bendición profesional, y así fue!

-¿Quién o quienes te ayudaron?

-La producción es autogestiva prácticamente en su totalidad; mi compañera y madre de mis hijos, la periodista de TÉLAM, Bernarda, mi familia, amigos y compañeros han puesto todo para realizar el proyecto, puesto que no se podía simplemente hacer un informe televisivo. Así fue, a excepción de una coproducción de Caras y Caretas de Uruguay. La ayuda económica ha pasado por conseguir los pasajes de avión y alojamiento, por parte de diferentes organizaciones de DDHH, y difusión luego. Los avales institucionales provienen de la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata, donde soy docente, Voces Libres, colectivo de periodistas y comunicadores, Instituto PATRIA, y otros espacios comprometidos con los presos políticos.

¿Cuándo lo estrenaste? ¿Dónde? ¿Por qué esa fecha y lugar?

-Tan pronto como obtuve la autorización y el apoyo del PATRIA, comencé a indagar y organizar la información, y pre producir la película. Ya había viajado con Silvina Guzmán, una escritora que me presentó a Milagro en la cárcel para viabilizar el proyecto, y llamé a Cynthia García, amiga y compañera docente de tremendo compromiso, que ha sabido ser coequiper de Víctor Hugo Morales en Crónicas de América y en la radio, y ha estado desde el principio siguiendo la causa Milagro. Ella aceptó de inmediato, y en el inicio de la investigación, estableciendo premisas para el guión, supe que el 12 de octubre de 2018 se cumplirían los mil días de aquella detención ilegal, ilegítima y arbitraria, de gran repercusión. El Centro Cultural de la Cooperación, en pleno corazón de Buenos Aires fue la sala para tal evento, ya que goza de inmejorables instalaciones y gran prestigio y compromiso histórico con las causas de diversos líderes latinoamericanos, ese mismo 12 de octubre de 2018.

- ¿Qué recorrido ha hecho la cinta?

-A partir de ese momento y dada la crítica positiva de voces más que autorizadas, la película nos llevó de gira por todo el país, y lo seguirá haciendo en otros países. El primero de ellos, Cuba, la gran y amada Cuba.

-¿Dónde lo vas a poner en Cuba? ¿Por que en esos lugares?

- Si hay un bastión de lucha, dignidad y resistencia sostenida consistentemente en Latinoamérica, es Cuba. Milagro comienza a programar su trabajo de inclusión e igualdad, luego de un viaje de formación, a Cuba. Pero a Cuba -además-, me traen otros sueños proyectos vinculados a dar testimonio de las batallas del presente. Mateo Grille, periodista y coproductor de Uruguay, es cubano, y gestionó las proyecciones en la UPEC y en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana.

Con él y con Víctor Hugo Morales, estamos procurando aportar también testimonios cinematográficos, de esta Cuba eterna.

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