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Mucho prometían las noches del pasado fin de semana en el canal Cubavisión, porque en la del sábado se iniciaría la esperada segunda temporada de la serie De amores y esperanzas y se produciría el estreno del programa Al fin sábado, mientras para el horario estelar del domingo estaba reservado el retorno de La Colmena TV.

Con semejantes expectativas era para no salir de casa, porque dichas propuestas están avaladas por unos nombres y por una obra de tan probada eficacia -y cada cual en lo suyo- como la realizada por Raquel González, Gloria Torres y Carlos Alberto Cremata. Sin embargo, no dejaron de provocarme cierto desconcierto algunos matices -y prefiero no llamarles máculas- evidenciados en dichos espacios.

Por citar un ejemplo, De amores y esperanzas, sin dar más explicaciones o referencias, retomó el conflicto desencadenado en su anterior y ya bien distante temporada entre Ana (Coralita Veloz) y Elsa (Edith Massola), como si a estas alturas el televidente promedio -que tiene tantas cosas en qué pensar en su atareada vida cotidiana- pudiera recordar muy fácilmente el origen del distanciamiento de ambos personajes. Y confieso que yo para rememorarlo tuve que hacer un extraordinario esfuerzo de memoria.

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 ¿Quién dice que los buscados seriales son apolíticos, nada más que entretenimiento?  

Escuchaba por azar un diálogo entre dos consumidores de los llamados “paquetes” digitales, de los que de alguna forma, totales, parciales, selectivos, ocasionales o potenciales, somos todos los que disponemos de los medios apropiados de reproducción. Una le recomendaba y ofrecía a otro para que lo copiase y viese un buen elaborado filme inspirado en una verídica gesta latinoamericana frente a poderes extranjeros de sometimiento. Su reticente e huidizo interlocutor, terminó rechazando la propuesta, alegando que se trataba de una cinta “muy politizada”, y que en su lugar prefería “entretenerse” con “refrescantes” seriales de intrigas provenientes de la  establecida y exitosa fábrica hollywoodense de ensueños.

Aunque en efecto, según la vieja máxima popular de que “para gustos los colores…”, de respeto a las libres elecciones individuales en múltiples ámbitos de la vida, ello no quita inevitables preguntas reflexivas tales como si acaso puede creerse que tales producciones audiovisuales de considerables preferencias sean políticamente asépticas, o distracción químicamente pura, capaces de lograr una “desconexión” de las tensiones del mundo real.

Vana ilusión esta última si todo productor mediático para destinos masivos explícita o implícitamente intenta desde una asunción o referencia ideológica y un  intencionado punto de vista político una representación de un modo de vida social determinado recurriendo al despliegue de sus correspondientes valores y símbolos.

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 Esta semana el tema de la sección Contrapunteo, en el Noticiero Cultural, vuelve a focalizar los debates al respecto

En el nuevo acercamiento al tema del turismo cultural en Cuba que propuso el Noticiero Cultural de la Televisión Cubana, sobresalió el enfoque del periodista y crítico de arte Pedro de la Hoz, quien subrayó ideas esenciales tales como: ordenar con seriedad las opciones culturales a los consumidores y opacar las intenciones de crear cultura artificial para el turismo.

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Es la telenovela y su anverso. Está el conflicto principal inspirado en la rivalidad familiar, a lo Romeo y Julieta, y, alrededor, arena, espuma y sal aportadas por el supuesto realismo, a una orilla poblada de personajes faltos de interés dramático o contingencia creíble. Porque En fin, el mar ha carecido, hasta ahora, de arpones dramatúrgicos para «enganchar» 

Es la telenovela y su anverso. Está el conflicto principal inspirado en la rivalidad familiar, a lo Romeo y Julieta, y, alrededor, arena, espuma y sal aportadas por el supuesto realismo, a una orilla poblada de personajes faltos de interés dramático o contingencia creíble. Porque En fin, el mar ha carecido, hasta ahora, de arpones dramatúrgicos para «enganchar» a los espectadores (sobre todo en los capítulos iniciales) y el realismo en vertiente romántica y pesquera huele desde lejos a falsedad, como si los diálogos y la visualidad se vieran obligados al anclaje en la vida litoral, sin embargo, el arrecife de lo cotidiano pocas veces resulta natural, verosímil, porque el producto final pretende tributar tanto a la teleserie de corte realista como a la telenovela convencional, y por ello termina suspendido, indeciso, entre ambos propósitos y estilos representacionales.

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