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Testimonios de conversaciones con algunos de los actores de la serie televisiva En silencio ha tenido que ser

Los que escribimos casi siempre vamos de la fantasía a la realidad o viceversa; los cubanos somos apasionados en lo que hacemos, por eso me he propuesto en esta ocasión conversar con algunos de los actores que protagonizaron el serial En silencio ha tenido que ser, que realizó la televisión cubana en 1979 y puso en vilo a toda la población.

La ficción narrada en esos episodios ha hecho renovar los pensamientos desde que nuestros cinco hermanos al fin regresaron.

Estos encuentros con actores y actrices de la referida serie siempre resultan interesantes, pues ellos recuerdan ese episodio de sus vidas con amor y agradecen el aprendizaje que supuso, a pesar de que ya eran profesionales con experiencia.

Comenzaremos con María Eugenia García, quien encarnó a Isabel, la esposa del inolvidable David (Sergio Corrieri).

 Ella, por supuesto, rememoró sus comienzos en la actuación: “Yo inicié mi carrera de actriz en el conjunto Dramático de Oriente; después me trasladé a La Habana y trabajé en Teatro Estudio durante un tiempo. Luego, acompañada por el trovador Augusto Blanca, fundé La teatrova, proyecto donde uníamos canciones y monólogos.

“Recuerdo que con el monólogo “La compañera” gané un premio de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), pero aun no había incursionado en La Habana en la televisión, aunque había hecho algo en Santiago de Cuba con ese gran director que es Jesús Cabrera, fundador de la televisión en Santiago”.

Entonces, tras una breve pausa en la conversación y como un llamado de la historia, apareció el imprescindible recuento de su vinculación a En silencio...

“Un día me visitó un compañero que ya no está entre nosotros, Nicolás Sirgado, y me propuso  trabajar en un serial que iba a dirigir Chucho. En cuanto me comentó el argumento, no lo pensé y dije: sí, acepto el papel. Los escritores eran Nilda Rodríguez y Abelardo Vidal. También me inspiró bastante que mi pareja iba a ser nada menos que ese excelente actor que fue Sergio Corrieri.

“El público solo veía lo que se trasmitía, pero ignoraba los trabajos que pasábamos para la filmación. Todo se hacía con mucha premura y trabajábamos hasta doce horas diarias; era una carrera contra el tiempo, pues sabíamos que el televidente esperaba los sábados a las nueve de la noche un nuevo capítulo.

“Muchas personas no saben que a veces teníamos que presentarnos con nuestro propio vestuario. Qué decir de los compañeros encargados de maquillaje y efectos especiales: hacían maravillas para que todo quedara bien y el serial exhibiera una factura de gran calidad. Así logramos que saliera al aire con aquella tecnología que no era ni parecida a todos los medios tecnológicos que poseemos ahora.

“Después de ese serial he hecho algunos personajes que me han  agradado, como Nena, la tía de la novela Al compás del son, pero insisto en que lo que me marcó para toda la vida fue En silencio ha tenido que ser”.

María Eugenia García ha protagonizado numerosos clásicos del teatro universal y del cubano, entre ellos sobresalen La señorita Julia, El precio, Bodas de sangre, La casa de Bernarda Alba, Las pericas, Contigo pan y cebolla.

Además de protagonizar en la televisión cubana la serie En silencio ha tenido que ser, intervino en los teleteatros Recuerdos de Tulipa y El veneno del teatro, ambos dirigidos por Rolando Chiong.

Fue fundadora del canal Tele Rebelde. Ha hecho doblajes para la televisión y el cine (en los animados Elpidio Valdés y Papobo, entre otros).

Ha representado a Cuba como actriz y profesora en países de Europa, África y América y trabajó durante tres años en un intercambio cultural, auspiciado por la UNEAC, en la República Bolivariana de Venezuela.

Entre los premios y reconocimientos que ha recibido esta actriz se encuentran: la Distinción por la Cultura Nacional, otorgada por el Consejo de Estado de la República de Cuba, en 1997; el Premio a la mejor actuación femenina en el concurso Caricato de la UNEAC, en 2001; el Premio a la mejor actuación femenina en el Festival de las Artes Escénicas de Isla Margarita, Venezuela, 1995 (por la obra Epitafio para la compañera de José Antonio Gutiérrez); el Premio a la mejor actuación femenina en el Festival de Teatro de La Habana, en 1975 (por la obra La compañera de Adolfo Gutkin); una Mención especial de actuación en el Concurso Nacional de la UNEAC, en 1986 (por la obra Vía Crucis)

 

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