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Reflexiones sobre las actuales series policíacas que transmite la TV cubana                     

Las  series en televisión, según refiere la acuciosa investigadora y escritora Josefa Bracero, comenzaron en 1988, con la salida al aire de Finlay, escrita por Enrique Núñez Rodríguez y Jesús Cabrera. Posteriormente, surgieron otras como Algo más que soñar y De tu sueño a mi sueño.

 

Sin embargo, las que comenzaron a tratar nuestra realidad  fueron las series policíacas que tanto gustan a los televidentes. No olvidemos que estábamos acostumbrados al famoso “cine negro” con filmes llegados de Estados Unidos y que constituían un entretenimiento tanto para cinéfilos como para televidentes. 

Casi al fines de la década del 60 surgen las series  Móvil 8, Sector 40 y Clave escorpión. Así  aparecieron en la pantalla personajes como  el teniente Alejandro y, posteriormente, el oficial Amaury  interpretado por Luís Alberto Ramírez.

De igual modo, otras que se convirtieron en favoritas del público. Muchos años después  irrumpió en la pantalla Tras la huella, a partir de la idea de Chucho Cabrera de homenajear en la televisión a los miembros del Ministerio del Interior.

El  televidente fue inmediatamente atrapado por los casos que presenta cada capítulo y son resueltos con efectividad y profesionalismo por sus actores, encabezados por Roberto Perdomo que encarna el rol de jefe. Al margen de la gran simpatía que ha despertado el prestigioso elenco de la serie y de las historias que narra, se ha criticado que en la unidad central todos parecen robotizados y nadie presenta problemas personales.

Durante un intercambio con Roberto Perdomo este actor protagónico de Tras la huella, expresaba su aspiración de que los guionistas desarrollaran las subtramas que revelan los detalles de la vida de los personajes.

Acucioso y profesional como es, confesaba Perdomo su iniciativa de inventarle la historia a su personaje, que puede sentirse feliz o abatido, esperanzado o frustrado ante diversas circunstancias surgidas en el ámbito familiar o laboral.

Ahora, con el estreno de Uno, serie dirigida por Roly  Peña, se impone lograr un cambio de 180 grados al policíaco del domingo; pues en la nueva puesta en pantalla los personajes son más humanos, presentan problemas familiares, tienen hijos que requieren de su atención, amigos que requieren de la ayuda de los agentes y oficiales.

Nuestro pueblo quiere ver estos relatos, cargados de realidad aunque surjan en la ficción. Vale la pena recordar al personaje que encarnaba el inolvidable Jorge Villazón en  Día y Noche. Este hombre siempre tenía un momento con su familia, mostraba sus vínculos de amor y compromiso con familiares y amigos, se exaltaba ante hechos que lo molestaban,  vivía preocupado y ocupado, siempre dispuesto a resolver los problemas.

Así quieren verse reflejados los televidentes, tanto en las novelas como en las series.

No soy especialista  en materia de guiones, pero sí ávida televidente, y me place a veces encontrar personajes con los cuales pueda identificarse alguien, o mejor, muchos.

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