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La Televisión Cubana retoma el esquema que hace algún tiempo había superado: vuelve a transmitir las telenovelas de Cubavisión en días alternos. ¿Es difícil entender que es un retroceso? Cuando la Televisión Cubana anunció que después de varios años iba a comenzar a transmitir las telenovelas brasileñas con frecuencia diaria, saludamos esa decisión.

Era lo correcto. Era lo lógico.

El esquema de transmisión en días alternos era, en última instancia, una alternativa puntual, para tratar de garantizar que hubiera siempre una producción nacional en parrilla. Pero ni siquiera así se logró la disponibilidad todo el año de telenovelas del patio. Los problemas de la producción nacional son tema para otro comentario, hay mucha tela para cortar. Pero está claro que la producción brasileña, y la de otros países latinoamericanos (particularmente Colombia) es más que suficiente para ofrecer un capítulo diario en el horario estelar de Cubavisión. Y sin tener que hacer escandalosas concesiones al mal gusto: está claro que en el mercado hay telenovelas más que dignas.

Pues ahora la Televisión Cubana ha anunciado que, otra vez, la telenovela brasileña de Cubavisión comenzará a salir al aire un día sí y otro no, alternando con la nueva telenovela cubana. Se esgrimen razones de programación: no hay manera de abrir espacio para otra telenovela en la parrilla. Pero, francamente, no parece una razón atendible, sobre todo teniendo en cuenta los constantes cambios a los que está sometida la programación habitual. A todas luces, es un retroceso.  Una telenovela está concebida para ser transmitida diariamente, es una de las esencias mismas del formato. Dramatúrgicamente, todo está construido para que fluya así. Es más, las telenovelas brasileñas suelen crear unidades dramáticas durante la semana. Si en lugar de poner cinco capítulos, se ponen tres, hay rupturas más o menos evidentes.

A las telenovelas cubanas, obviamente, tampoco les hace bien esa fragmentación artificial. Lo ideal (lo lógico) sería transmitirlas diariamente. Para esa frecuencia están concebidas. Si cuando terminen no está lista la telenovela siguiente, pues sencillamente habrá que esperarla. Pero los problemas en la producción no pueden crear además problemas en la programación.

¿Alguien de la Televisión Cubana ha tomado en cuenta estas circunstancias? ¿Es sencillamente cuestión de decidir?

Falta de vuelo

Y ya que hablamos de telenovelas, aprovechemos para insistir en uno de los más persistentes problemas de las producciones nacionales: la falta de vuelo de las puestas en pantalla. Cuando el amor no alcanza, escrita por Maité Vera y dirigida por Jorge Alonso Padilla, no escapa de esa circunstancia. Es temprano, demasiado temprano, para aventurar criterios definitivos sobre la historia, sobre la evolución de la trama.

Pero desde el primer capítulo ya se puede afirmar: la visualidad de la teleserie deja mucho que desear. Comenzando por esa presentación, que no es digna del talento y el oficio de tantas promociones de diseñadores y realizadores cubanos.
Ahí está la pregunta: ¿dónde buscan muchos de los directores cubanos a la hora de encargar las presentaciones de sus telenovelas?

En la de Cuando el amor… falta pericia, falta buen gusto, falta inspiración, falta factura… ¡Falta diseño! ¿Por qué lanzarse a experimentar con escenarios virtuales (ese ascensor de tan deficiente acabado) si no se cuenta con los medios o el conocimiento para hacer una obra digna? La presentación es el primer impacto de una teleserie. Si decepciona, como es el caso, creará un precedente que la visualidad de los capítulos tendrá que remediar. No hablemos mucho, por el momento, de la fotografía, del montaje, de los decorados, de la ambientación, de la musicalización… Dejemos que la telenovela avance.

Pero la impresión de los primeros capítulos no es buena. Está clarísimo: con producciones como esta, Cuba no puede soñar con incluirse en el mercado internacional de las telenovelas. Y es una lástima, porque muchas de nuestras historias son más contundentes que buena parte de lo que se produce en la región. Pero en los tiempos que corren, tan importante como el contenido es el continente. El acabado vende. Con puestas en pantalla como esta, no vamos a ningún lado. Ni siquiera vamos a convencer al público nacional, que está al tanto de lo que se hace en Brasil, Colombia y los Estados Unidos.


Lo paradójico es que en Cuba hay profesionales de primer nivel, que han presentado credenciales en numerosos audiovisuales, en el país y en el extranjero. En la Televisión Cubana parece que no están muy al tanto.

 

 

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