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Aproximaciones al gozo de contar en el medio televisivo

-La doctora Astrid Santana (izquierda) y Mercy Ruíz, subdirectora de Cine Cubano, durante la presentación de la revista.El llamado tiempo-vida mediático aumenta cada día. La televisión convencional –que antes fue masiva y centralizada-, se transforma y varía para responder a exigencias y condiciones de los nuevos contextos. Esto conlleva transformaciones en los sistemas de producción, distribución y recepción en los programas, géneros, contenidos en general, así como en las formas de comercialización y financiamiento.

De ese amplio panorama forma parte la narrativa audiovisual, la cual sirve de soporte para motivar la imaginación de los públicos, pues cada ser humano necesita un proceso de aprendizaje para comprender las normas visuales que se afirman mediante el sistema educativo y las experiencias colectiva e individual.

 

No hay dudas, los televidentes necesitan ver la historia en acción, que se aplique una máxima del canon griego: “la perfección está en la unidad de las partes”. Para conseguirlo son imprescindibles la coherencia y la verdad artística de la trama, de nada vale solo privilegiar componentes ideológicos, cognoscitivos, formales o de otro tipo.

Lo demuestran El mentalista y Anatomía de Grey, por mencionar dos series en pantalla. Ambas tragicomedias exploran actitudes de personajes-tipos, situaciones límites, rivalidades, frustraciones y venganzas; establecen una relación mimética entre el orden de la acción y el de la vida, la cual opera en toda narrativa mediante una refiguración de la experiencia temporal.El maestro Enrique Pineda Barnet ha reconocido que la creación en el audiovisual, ya sea cine o televisión, requiere talento, imaginación, sensibilidad artística y saberes.

El valor artístico es una cualidad integradora que nace en el proceso creativo, no admite improvisaciones ni negligencias en detrimento de las partes y el conjunto de la representación.

Detrás de toda intuición creativa existen múltiples razones que la confirman, pues el fin último de la teoría es facilitar la práctica, así lo patentiza el número 195 de la revista Cine Cubano (Enero-Marzo 2015), en un abarcador bosquejo sobre particularidades de la pequeña pantalla.

Por su parte, el crítico Dean Luis Reyes, en el texto Las trayectorias posibles: diseminación narrativa y serialidad, reconoce: “la producción en serie es uno de los atributos básicos de la televisión, debido a la necesidad de proveer contenidos bajo una regularidad del tiempo fija y estable. De ahí que el medio opere a partir de formatos, los cuales suponen la existencia de un conjunto de particularidades técnicas y de presentación concebidas con el objetivo de generar un producto que deberá repetirse en el tiempo. O sea, aquello denominado sintagma patrón, capaz de soportar la reiteración y dé lugar a un modelo de producción que pueda sostenerse a lo largo del tiempo”.

 Eslinda Núñez, Premio Nacional de Cine, también un rostro de series y telenovelas.   Para transgredir preceptos, y modos de hacer es preciso dominar los establecidos. Desde la Estética se reconoce, “la comprensión del arte como un sistema de signos cuyas unidades se articulan con cierta intencionalidad comunicativa –no neutra en el aspecto metodológico-, indica un camino para qué representa y cómo funciona el lenguaje artístico”.

Para creer en lo que se ve en la pantalla, el quid no está solo en la singularidad del contenido, sino en el todo, el cual otorga una auténtica vida a las ficciones televisivas.

 

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