Incentivar la musicalidad apreciativa requiere una labor conjunta de los medios y las instituciones culturales

“La contribución del disco a la cultura musical colectiva es, indudablemente, de una eficiencia prodigiosa”, advirtió Alejo Carpentier en el periódico El Nacional, de Caracas, en 1958.

En la era de la tecnología, la televisión, la radio, el cine, los CD, DVD e internet, así como otros medios reproductores de la música, acercan esta manifestación artística a la sociedad.

  La música se siente en el cuerpo y el alma.En este sentido es esencial mantener la convivencia de todas las formas de cultura –en tanto construcción individual y colectiva–, dinámica fuente de cohesión social, pues se forja en el pueblo y en la obra de los artistas.

 El conocimiento de la legitimidad de formas raigales que son devueltas como forma artística de significación estética, contribuye a preservar el patrimonio musical, uno de los objetivos primordiales del Premio Cubadisco desde su creación, en 1998.

Lo que no se conoce ni se difunde, nunca trasciende. La Radio y la Televisión resultan esenciales para desarrollar una estrategia coherente de promoción que incluya al artista, el fonograma y el espectáculo, eslabones de un sistema integral publicitario indispensable para que la discografía cubana llegue a todo el país y al mundo.

En la programación televisiva de verano, Conciertos discos (Cubavisión, viernes, 2:45 p.m.), hace énfasis en la  El pianista y compositor Ulises Hernández es profesor de la Academia de las Artes.concepción creativa del fonograma y los aportes de expertos implicados en la realización de un producto comercial con valor de consumo para la cultura de los públicos.

Sin embargo, todavía falta la difusión sistemática de obras galardonadas con el Premio Cubadisco, pues los álbumes no llegan a las 96 emisoras del país y tampoco se promueven de manera regular en los musicales televisivos.

A los públicos hay que prepararlos, eso incluye incentivar la musicalidad apreciativa, pues solo podrá percibir y disfrutar mejor la música quien más conozca sobre ella.

Resulta insuficiente la recordación de compositores clásicos nacionales y universales en fecha determinadas, simposios y galas.

Privilegiar lo valedero debe ser una estrategia que fluya de la exigencia de estimular en todas las generaciones el disfrute de la diversidad de géneros, estilos y tendencias vigentes en el panorama sonoro de la nación y el ámbito internacional.

El maestro Juan Formell siempre trató de entender cómo se hace un buen son. Estudió la música, su estructura, el texto y el estribillo para que los bailadores pudieran disfrutarlos a plenitud. El maestro Juan Formell cultivó la autenticidad sonora y rítmica en su valiosa obra.

Semejante intención mantiene el compositor y pianista Ulises Hernández con el propósito de difundir la llamada música de concierto.

 José Ramón Artigas, Premio Nacional de Televisión, defiende lo culto y lo popular en el programa De la gran escena.De ambas vertientes, de lo culto y lo popular, se nutre el programa De la gran escena, que dirige José Ramón Artigas, Premio Nacional de Televisión.

Los fonogramas de reconocida calidad artística deben seguir sonando en la Radio y la Televisión cubanas. El arte socializa lo que parece ser difícil de comprender y lo aborda de un modo en el cual las sensibilidades participen mucho más, mediante textos, sonoridades y ritmos. Los fonogramas contribuyen al conocimiento de las músicas propia y universal.

De acuerdo con Carpentier: “esta isla siempre ha tenido el poder de crear una música con fisonomía propia que, desde muy temprano, conoció un extraordinario éxito de difusión, y en todos los momentos de su historia Cuba elaboró un folclore sonoro de una sorprendente vitalidad, recibiendo, mezclando y transformando aportaciones diversas que acabaron por dar origen a géneros fuertemente caracterizados”.

Por las músicas hablan la voz y el alma del pueblo, nunca renunciemos a escucharlos con buen gusto y oídos atentos.

 

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