En busca del disfrute pleno

Surgido en 2012, y a pesar de que hasta la fecha no ha mostrado aún el empuje que se esperaba, el Programa para el Fomento de la Cultura Audiovisual puede, no obstante, mostrar valiosas experiencias, como el proyecto Memorias, al que se refirió el diseñador Rubiel García, presidente de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), «un empeño que ha convertido las Casas del Joven Creador, nuestras sedes en los territorios, en centros promotores del cine de arte.

«Gracias a Memorias, también hicimos llegar a algunos centros universitarios, por medio de discos duros, más de 200 películas que han marcado la historia del séptimo arte, seleccionadas a partir del fondo suministrado por el Icaic (se agregaron además series televisivas de la más alta calidad), y varios miles de jóvenes (creadores, instructores de arte, estudiantes y profesores de todos los niveles de enseñanza) han podido apreciar y adquirir gratuitamente una colección envidiable».

Y justamente de eso se trata: de propiciar el disfrute pleno, y de que, al mismo tiempo, se enriquezca el espectro de preferencias de nuestra población, en especial de niños y jóvenes. Sin embargo, en ningún momento en estos espacios de discusión se habla de prohibiciones o de imposiciones de determinados gustos sobre otros. Lo que se desea es que nuestra gente pueda acercarse a auténticas experiencias estéticas y consiga aprender a distinguirlas conscientemente de las frívolas baratijas que nos invaden por distintas vías.

En ese camino resulta determinante la intelectualidad revolucionaria, al decir del poeta, narrador y presidente de la Uneac, Miguel Barnet, quien se refirió a la enorme responsabilidad que esta tiene en la misión de combatir el populismo y fijar las jerarquías culturales.

«La crítica, insistió, no debe sentirse limitada, manca, ni debe temer atacar el mal gusto y la chapucería que predominan en los medios en general y en los espacios públicos. Debemos estar conscientes de que nuestra función es también educar; instruir y educar».

Así también lo cree el periodista y crítico de cine Rolando Pérez Betancourt, quien consideró que constituye una prioridad fortalecer la crítica de cine, y del audiovisual en general. «La crítica debe ser un ejercicio constante, sistemático, en el que la televisión desempeña un rol esencial. Deberían existir, por ejemplo, espacios donde tres o cuatro críticos evaluaran de conjunto las obras exhibidas, polemizaran a partir del conocimiento, y brindaran códigos para orientar mejor a la teleaudiencia».

De paso, propuso fórmulas muy simples y prácticas para intencionar la promoción del cine de calidad en nuestra TV, e insistió en que debemos favorecer los programas que lo fomentan con horarios más apropiados. Alertó acerca de los riesgos de concepciones populistas y demagógicas en propuestas que responden supuestamente a «los gustos del público», y refutó con argumentos las teorías reaccionarias, en esencia políticas, que proponen la aceptación irresponsable y acrítica de todo lo que nos llega.

Como su colega Pérez Betancourt, el investigador Luciano Castillo, director de la Cinemateca de Cuba, coincidió en lo vital de que se aborde con total seriedad la crítica especializada, aunque hizo notar lo difícil que hoy resulta motivar a los especialistas para que brinden sus valoraciones.

Otro reconocido crítico, Joel del Río, señaló el poder que aún ejerce en la Isla la pequeña pantalla, lo que se debería aprovechar al máximo. «La televisión es el principal instrumento educativo, de entretenimiento que todavía queda, con todo y el «paquete». Ojo, no estoy diciendo que cada película deba tener un comentario, pero los espacios que pueda ocupar la crítica no deben ser llenados con cifras que no aportan nada, con información sin jerarquía y sin sentido».

Para evidenciar que no todo está perdido, Del Río se apoyó en lo que sucede con los jóvenes que quieren estudiar en la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (Famca) del ISA, en la que labora como profesor, y «donde se aplica un muy riguroso examen, para lo cual nadie ha preparado a esos muchachos. Sin embargo, cuando ellos intentan conocer el lenguaje desde la teoría, siempre quedan absolutamente deslumbrados con la existencia y los aportes de grandes como Eisenstein, Tarkovski, Bergman, Kurosawa..., y de Titón y Sara Gómez, de quienes a veces no tienen ni idea, porque están sumidos en esa marea que aquí se ha definido.

«Entonces uno como intelectual, como artista, como creador, tiene una responsabilidad, un compromiso que cumplir para con la sociedad, porque de lo contrario: para qué sirve lo que hacemos si no le aporta a tu país, a tu gente. Hay que ver el problema como país».

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