Multiplicar esfuerzos

De una ciudad como Camagüey, que cuenta con un proyecto como La calle de los cines y con la Cátedra de Pensamiento Audiovisual Tomás Gutiérrez Alea, que se ha propuesto convertirse en un centro de información de referencia en el país, llegó hasta la sala Villena para participar del debate Armando Pérez Padrón, uno de los fundadores del Taller Nacional de Crítica Cinematográfica, que desde 1993 acoge la tierra agramontina.

Por esa razón este crítico y promotor cultural puede asegurar que todavía «los jóvenes deseosos de ejercer la crítica mantienen el viejo reclamo de encontrar modos de superación para resolver las carencias que en ese sentido tienen en su formación. Una repuesta pudiera estar en que al menos en las carreras de humanidades se incluya —como sucede en Periodismo— la apreciación audiovisual como un taller opcional».

Pérez Padrón aprovechó el momento para denunciar una  particular problemática que se pone de manifiesto en  espacios públicos como los ómnibus interprovinciales, en los que, a pesar de pertenecer al Estado, no se regula la oferta «cultural». Lo mismo ocurre en aquellos que operan bajo formas no estatales de organización, «los cuales deben regirse por la política cultural trazada en la Revolución».

Armando se halla entre los que estiman que hay que crear hábitos adecuados de apreciación de las artes y, en específico del audiovisual, desde las edades más tempranas, «trabajar intencionadamente con los niños», enfatizó.

En esa línea de pensamiento, el presidente de la Fundación Ludwig, el investigador Helmo Hernández, llamó la atención sobre el hecho de que «el gusto de los niños y jóvenes se conforma de una manera sustantiva a partir de participar también en videojuegos, en las redes sociales, que son rejuegos audiovisuales.

«Vivimos en un mundo audiovisual que está gobernado por el ciberespacio, poblado esencialmente de imágenes. Por tanto, la batalla que se libra en el campo audiovisual es la que más consecuencias tiene en el orden del pensamiento, en el orden ideológico y en el orden de la formación de valores, porque se empieza muchas veces a sustituir la vida por su imagen audiovisual, lo cual le sucede a muchas personas».

Entonces Hernández propuso, «con las fuerzas intelectuales que existen en la nación, trabajar desde ya de conjunto con las escuelas formadoras de maestros. No se trata de exigirles que incluyan una asignatura como Educación Audiovisual, sino de acompañarlos en esta tarea. Sé que hay mucha receptividad en esos centros si llegamos e introducimos ese elemento. Cuando contemos con maestros a quienes hayamos preparado durante cinco años, estaremos multiplicando nuestros esfuerzos».

Helmo destacó la importancia de la alianza que se ha construido entre el ICRT, el Icaic y el Mincult, pero insistió en que se deben ampliar esos lazos con las demás entidades que influyen en los procesos culturales del país. Asimismo, se refirió a la necesidad de inversiones para que proyectos como Memorias se puedan extender más y lleguen a todos los lugares estas «producciones digitales antihegemónicas, con lo cual se lograría un influjo mayor en nuestros jóvenes».

Por su parte, la instructora de arte Indira Fajardo, presidenta de la Brigada José Martí, sugirió que el Programa para el Fomento de la Cultura Audiovisual continúe poniendo su mirada en sus colegas, a quienes hay que seguir capacitando. «Es fundamental retomar experiencias de este tipo como las que tuvimos hace unos años con la Fundación Ludwig, con tan buenos frutos. Sobre todo con los instructores que están ahora, por la fuerte presencia que tienen en las escuelas, en las comunidades y en las instituciones culturales».

Mientras, Alejandro Gil, realizador de películas como La pared y La emboscada, resaltó la inapreciable riqueza con que cuenta nuestra Isla en el campo del documental, desde la obra extraordinaria de Santiago Álvarez hasta la que están haciendo hoy los jóvenes realizadores.

«El documental siempre fue un instrumento de la izquierda, apuntó Gil. Debemos volver a él con mayor insistencia y no solo hacerlo, sino también exhibirlo. Cada año la Muestra Joven Icaic tributa no pocas obras que después no encuentran eco. Necesitamos motivar a ese público que es muy activo con el cine cubano y al que le gusta observarse a sí mismo.

«En tiempos de atender a nuestra historia, sería muy bueno que nuestra gente apreciara un docudrama como Crónica de una infamia, por ejemplo. Y sería todavía mejor que se crearan espacios donde convivan un documental de Santiago, un Noticiero Icaic (proyectos como esos deberían retomarse), con un videoclip y finalizar con una de nuestras películas. Esa podría ser una magnífica programación que debería encontrar un lugar en la televisión».

De cualquier modo, en este taller fueron reconocidos los avances en la calidad del cine que exhiben varios espacios de nuestra televisión. A propósito de este tema, el presidente del ICRT, Danylo Sirio, recalcó la disposición del organismo que dirige de seguir trabajando de conjunto con el Icaic y el Mincult para llevar adelante este Programa. Mencionó la cifra tan alta de filmes que se transmiten en la TV (54 semanales), lo que hace difícil una selección rigurosa.

Sirio opinó que si bien es posible distinguir ahora un ascenso cualitativo en la programación cinematográfica televisiva, este no marcha acompañado de una divulgación intencionada de las mejores películas. «La TV también ha tenido responsabilidad en “echar a perder” el gusto a la gente, porque han sido muchos años poniendo “metralla”, reconoció. Sin embargo, en los últimos tiempos hemos velado porque la selección sea más rigurosa. Ahora hay que acabar de elegir mejor los horarios y de promocionar con inteligencia las opciones más valiosas, las de mayor calidad».

Articulación: palabra clave

Para una estudiosa como Maricela Perera, jefa del Departamento de Investigaciones del Icaic, si el Programa para el Fomento de la Cultura Audiovisual posee una política pública, entonces «no solo debe concretarse en acciones, sino que también necesita articulaciones y sinergias entre sectores,

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