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 Para ello resulta esencial redistribuir los contenidos en los canales 

Durante muchas décadas, cuando en el resto del mundo la tendencia predominante reforzaba los canales temáticos, por condicionantes propias nuestro sistema televisivo fue esencialmente generalista.

En el último decenio, algunas señales han tenido un acercamiento a la especialización por temáticas, pues, de los cinco canales nacionales tradicionales, solo Multivisión agrupa sus contenidos desde la multiplicidad de géneros y el origen de su producción, en especial foránea.

 

La progresiva conversión de canales en educativos y deportivos evidencia un énfasis, pero en menor proporción, en que estas funciones perviven en el resto del sistema. Como el diseño actual se estructuró paulatinamente, ninguna señal es “químicamente pura” y las denominaciones pueden resultar eufemísticas.

Como si fuera poco, en un universo tan costoso como la televisión contemporánea, nuestra programación de servicio público está condicionada directamente por la limitada economía y tecnología impuesta por el bloqueo imperial que supera las cinco décadas.

Desde 1960 -por su dependencia original en el período de la radiodifusión comercial- y coyunturas políticas conocidas, la tecnología televisiva cubana estuvo en crisis.

La crisis económica de los años noventa arrasó con los tradicionales géneros predominantes en la producción, emisión y consumo -en especial los vinculados a las artes escénicas, a los grandes musicales y controles remotos- que fueron suplantados por producciones más económicas como los informativos que generalizaron el actual aluvión de revistas de temáticas diversas y entrevistas.  

En consecuencia, hoy en nuestra pantalla chica predomina el paradigma transmisivo, la promoción de la cultura farandulera que frecuentemente desplaza a la propia expresión cultural, al análisis, al debate y a la interpretación de raigales prácticas, tendencias, disciplinas sociales e incluso, algunas zonas del saber y del hacer solo aparecen en las revistas.

Paradójicamente, esto sucede en una Cuba, cuya población ostenta las mayores opciones de acceso a la superación integral de América Latina; donde desde la enseñanza primaria todo es gratuito y hay vastas redes de politécnicos en todos los niveles -incluso los de enseñanza artística y deportes-, más de un millón de egresados universitarios y miles de diplomados, maestros y doctores en ciencias.

Entre los objetivos de la última estructura organizativa televisiva destacan: retomar la independencia de los canales de televisión para generar la competencia, fortalecer su imagen corporativa e identidad, delimitar sus contenidos, ampliar las horas de difusión y diversificar-ampliar las opciones de consumo para los diversos públicos.

Por ello se redimensionaron las estructuras de dirección, administrativas y de servicios. No obstante, pese al descomunal esfuerzo y todos los logros, del dicho al hecho hay mucho trecho.

Una mirada comparativa revela contenidos no acordes con los perfiles temáticos, pues el empeño por mantener tantas horas de transmisión diaria, sin una fuente adicional de nuevos programas, impuso una descomunal e incoherente práctica de retransmisión y la falta de jerarquía entre canales con diferente cobertura.

El reciclaje llega al paroxismo de emitir la misma telenovela o serie en paralelo -en dos momentos diversos de la trama- por canales de diferente alcance y categoría como son Canal Habana –provincial- y Cubavisión- canal nacional de mayor audiencia histórica en variados géneros y temáticas por donde se difunden las actividades oficiales de primer nivel.

La perenne circulación de los mismos productos entre canales atenta contra la imagen propia de cada televisora.

Sabemos que el reciclaje es habitual en el mundo y ciertos clásicos deben reeditarse una y otra vez, pero en nuestro caso -salvo Tele Rebelde, Multivisión y Telesur- la ampliación de las horas de transmisión no ha implicado más ofertas de estreno, sino altos costos por el pago de la señal de Radio Cuba.

A los cinco canales nacionales ya establecidos se suman ahora los canales de las señales digitales, nueva dimensión que debe incidir en la renovación tecnológica y de contenidos en todo el sistema televisivo, pero hasta ahora, esa significativa readecuación general de los contenidos en los canales nacionales, no se evidencia.

Nuestra insuficiente visión sistémica genera reiteración y saturación en todos los formatos de producción nacional o extranjera y en la promoción artística, que en muchos casos ignora nuestro vasto universo cultural.

Si ya existe el Canal Clave (digital), dedicado a la música y su programación se emite a diario en las carteleras televisivas nacionales, ¿por qué saturar al resto de los canales -sobre todo el fin de semana- de musicales?

¿Por qué el canal llamado educativo que difunde Telesur, no adecua su nombre y perfil a su contenido preponderante y transfiere sus escasas horas de programación educativa al canal con esa función?

¿Por qué el canal Cubavisión difunde Universidad para todos, repasos para los examenes de ingreso en la educación superior y brinda panorámicas histórico-literaria de poetas y narradorers universales que corresponden a los soportes educativos?

¿Por qué el Canal Educativo difunde tantos musicales, revistas variadas y una serie policiaca norteamericana contemporánea (Delito en Los Ángeles) que nada aporta al mensaje educativo?

¿Por qué Multivisión emite documentales de patrimonio mundial, astronáutica, tecnología, geografía y cultura, que corresponden a los actuales canales educativos?

La programación actual es la sumatoria de diversas coyunturas y momentos históricos del país, configurada sobre la marcha, es deudora de sus condicionantes negativas, pero ya es hora de hacer un alto en el camino para redistribuir sus contenidos y lograr reales perfiles temáticos.

 

 

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