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Acercamiento a experiencias audiovisuales en el nuevo espacio cultural de las tecnologías

En países, ciudades y escenarios diferentes, cámaras y micrófonos –imágenes y sonidos-, se multiplican a una velocidad antes nunca pensada. Lo “real” depende de cómo la comunicación massmediática lo construye o reconstruye.

Jerónimo Labrada, especialista en sonido cinematográfico, dirige la EICTV.Múltiples concepciones del mundo recorren largos itinerarios, pues prácticas sociales y formas de mediatización influyen en los principales testigos de acontecimientos que acceden a nuevas experiencias.

El entretenimiento y la información llegan a domicilio, las tecnologías construyen un nuevo sujeto digital y, en consecuencia, cambia el consumo, proceso en el cual las personas asimilan, rechazan o negocian aquello que se les ofrece y lo asumen como una práctica cultural, la cual se manifiesta en la apropiación y el uso de todo tipo de mercancías.

También la televisión cambia rápidamente, sobre todo por los nuevos modos de acceso a contenidos audiovisuales que atraen, en especial, a las jóvenes generaciones.

En opinión del destacado cineasta y teórico Julio García Espinosa, fallecido recientemente, “se puede hacer una televisión que movilice al espectador y no lo acomode, lo haga pensar”.

Para él, “las nuevas tecnologías informáticas y sus aplicaciones en el audiovisual, nos ayudarán si nosotros las ayudamos a seguir la senda por donde han ido los pocos innovadores que en el mundo han sido”.

Los públicos quieren, necesitan, disfrutan, ver/escuchar narraciones verosímiles en la pantalla, sin reparar en que estas guarden total fidelidad con el diario acontecer.

Quizás, como dice el escritor argentino Ricardo Piglia: “todas las historias del mundo se tejen en la trama de nuestra propia vida. Lejanas, oscuras, son mundos paralelos, vidas posibles, laboratorios donde se experimenta con las pasiones personales”.

En definitivas, de “verdad” y de “mentira” los relatos nos enfrentan al carácter inexorable del fin, a incomprensiones, desasosiego, angustias, felicidades e íntimas convicciones.

Guionistas y directores aprovechan dicho bagaje para recrear en series, temporadas sucesivas, lo que ocurre en la vida o pudiera suceder; lo importante depende de la sintaxis, de cómo esa narración descubre, percibe, atrapa, un mundo olvidado o la visión de cierta “realidad” desconocida.

Una y otra vez vuelven a la Televisión Cubana los relatos, La clave del éxito, Esperanza, Percepción (Multivisión) -por solo mencionar algunos-, en los que genialidades y clarividencias de personajes-tipos provocan con interrogantes sobre lo que, en ocasiones, ocurre en la existencia verdadera.

Todas las ficciones han sido concebidas para entretener y seducir. En ellas se asume el riesgoso juego con las emociones, buscan que al final se revelen secretos, los cuales estaban cifrados en sucesiones de hechos, conflictos, circunstancias; colocan la fatalidad y los efectos trágicos ante la mirada atenta del espectador.

Lo que en cada escena, capítulo o situación dramática parece “muy natural” se sustenta en una estructura bien pensada, la cual mantiene los bandos en pugna en lucha por una presa codiciada, el cambio de criterio o con el propósito de evacuar una incógnita.

Contar relatos interesantes exige el dominio de estructuras y géneros dramáticos y el juego con las expectativas, elementos indispensables para lograr una puesta en escena de renovada artisticidad.

En ello se insiste en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, reconocida entre las mejores del mundo por distinguidas personalidades del audiovisual.

Realizadores de diferentes países coinciden al señalar: ninguna historia es igual a otra, cada una requiere un tratamiento dramatúrgico particular, novedoso, sustentado por actores y actrices que interpreten con la piel y el alma.

En las producciones nacionales sería provechoso el diseño de series cortas, sin olvidar -como dice Piglia-, que: “narrar es el arte de presentir lo inesperado, de saber esperar lo que viene, nítido, invisible, como la silueta de una mariposa contra la tela vacía”.

La experiencia audiovisual de la tv replantea otros modos de establecer vínculos con la construcción de diferentes realidades, las ficciones nos enseñan mucho sobre la vida y para lograrlo una de las claves está en contar relatos verosímiles, auténticos, con la verdad artística requerida por todo relato destinado al diálogo y a la reflexión de los públicos.

 

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PREMIO NACIONAL DE TELEVISIÓN 2018 A Clara Inocencia Castillo Alcántara

Con solo 9 años de edad, se inicia como locutora y actriz aficionada en un programa infantil en la emisora radial Radio Turquino, de Santiago de Cuba.

Con diversos premios y reconocimientos se graduó en la Escuela para Instructores de Arte en 1964. En 1968 comienza a trabajar en el Canal Tele Rebelde de Santiago de Cuba, como primera directora de programas de diferentes espacios Informativos, Infantiles, Juveniles,  Dramáticos, Musicales y Deportivos, así como de Eventos Especiales. En razón de ello ha obtenido un sinnúmero de premios y reconocimientos en Festivales Nacionales de Televisión y Caracol de la UNEAC.

Fue delegada al Festival del Nuevo Cine Latinoamericano en 1989 y jurado del festival Internacional de Documentales “Santiago Álvarez in memorian” en el 2002.

Fue Presidenta del Consejo Artístico de Tele Turquino y Presidenta de la Comisión de Evaluación de esta entidad.

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PREMIO NACIONAL DE TELEVISIÓN 2018 a Enrique Alberto Bonne Castillo.

Fundador en 1968 del Canal Tele Rebelde.

Dirigió la programación musical y luego Director de Programación de ese Canal. Así mismo, Dirigió la Coral Tele Rebelde durante 19 años. Músico popular cubano, creador de ritmos, autor de varios temas musicales interpretados por su grupo y por diferentes agrupaciones, con una vasta trayectoria musical, dentro y fuera del ámbito nacional.

Nació en San Luis, Santiago de Cuba, el 15 de junio de 1926. Inició su carrera públicamente como autor musical en 1950.  Se graduó de locutor trabajando luego en radio Turquino y en ocasiones en Cadena Oriental de Radio, cuando radicaba en Santiago de Cuba.

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