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 La representación estereotipada de los padres la aleja de sus múltiples dimensiones en la realidad

El tema de la maternidad y la paternidad ha sido tratado frecuentemente en los medios, sobre todo en la radio y la televisión.

No obstante, el rol de madre, aunque no está exento de encasillamientos desde el punto de vista de los guiones, ha sido abordado desde muchas más aristas y enfoques sociales que el rol de padre.

A la figura paterna la sociedad le ha asignado un grupo determinado de funciones, mayoritariamente asociadas al ámbito económico, de defensa y seguridad familiar.

Como se ha sintetizado en muchos estudios sobre el tema, el padre es identificado con las tres “P”: proveedor, protector y preñador”, elementos que definen, grosso modo, los roles más comunes asignados por la cultura patriarcal a los hombres.

Como expresa la doctora Clotilde Proveyer, especialista en el tema de familia y género: “la cultura patriarcal prepara a hombres y mujeres en subculturas diferentes. De esta forma se propicia que hacia niñas y niños se extrapolen valores genéricos diferenciados, o lo que es lo mismo, que exista una socialización diferenciada para cada sexo, basada en la propia segmentación de roles, espacios y estatus en que cada uno debe ubicarse socialmente”.1

 

Esta distribución de roles, atributos y funciones sociales, basado en la diferencia sexual, ha sido representada en los medios. Sin embargo, aún quedan muchos matices por incluir en el abordaje de la figura paterna.

Todavía hoy sigue siendo mayoritaria la representación del padre como acompañante de la madre, y no como co-responsable directo de la crianza y educación de los hijos.

Raras veces se crean, en el audiovisual, historias centradas en los padres que crían solos a los hijos. Como mismo pocas veces se recrean en la ficción situaciones de la cotidianidad, como los padres que llevan a sus hijos al círculo infantil, los que hacen las tareas con ellos o aquellos que asisten a las reuniones escolares.

También pobre y reduccionista ha sido la manera en que han sido abordados los propios estereotipos sociales en torno a la paternidad.

En tal sentido, los tabúes y conductas asociadas a lo paterno se mantienen inalterables, en la representación mediática, aunque varíen las profesiones, la procedencia geográfica o la edad de los padres.

En muchas ocasiones se han diseñado los mismos conflictos y contradicciones para personajes de padres universitarios, técnicos medio o aquellos que carecen de instrucción.

La recientemente terminada telenovela Latidos compartidos tuvo, entre sus muchos aciertos, el logro de un amplio abanico de patrones de paternidad: padres de diferentes razas, urbanos, rurales, médicos, gerentes, camareros, de diversos estratos económicos, ateos, religiosos, jóvenes, viejos y de muy diversos valores, motivaciones, intereses y expectativas.

Aunque existen hoy en la televisión cubana programas que han movido el debate en torno a los modelos de paternidad en la Cuba actual, aún es necesaria una mirada más plural y crítica.

Lograr que los medios representen a la figura paterna cubana, con sus contradicciones y conflictos actuales, de un modo inclusivo y alejado de estereotipos sociales constituye una responsabilidad del equipo técnico y artístico que en ellos labora.

Referencia:

1 Cala Montoya, Caridad: “Vida cotidiana familiar y maltrato infantil durante la tarea escolar. ¿Mito o realidad?”, en Familia, género y violencia doméstica, La Habana, ICIC Juan Marinello, 2012.

Fuente: En Vivo, Revista Cubana de Radio y Televisión (www.envivo.icrt.cu)

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