Acercamiento a la significación cultural de puestas televisivas.

Jóvenes realizadores filman la realidad para recrearla en obras ficcionales.En el panorama de la estetización de la sociedad, puede ser un modo de creatividad la lectura del audiovisual. Entendido como producto cultural conjuga audio y video, de forma tal que estructura la unidad estético-discursiva, su lenguaje exige interpretación consciente de elementos decisivos en el acabado final.

Desde una visión antropológica, la cultura no es un conjunto de bienes –como libros u obras de arte-, sino la dimensión significante presente en prácticas, en las cuales interviene el ser humano. La pantalla televisiva debe, según apunta Martín-Barbero, “dar la cultura como proyecto que atraviesa contenidos y géneros diferentes” desde una concepción multidimensional, en la cual influyen tanto las innovaciones como la relevancia social de narraciones concebidas para la puesta en pantalla.

 

La posibilidad de construir realidades-otras mediante imágenes, sonidos, silencio, abre caminos a la experiencia individual y colectiva e involucra las manifestaciones artísticas sin supeditarse a ninguna. Lenguajes expresivos y recursos tecnológicos motivan a realizadores de menos edad interesados en contar historias con desarrollo audiovisual.

Durante la programación de verano, en el programa Una calle mil caminos (Cubavisión, sábado, 2:00 p.m.), se privilegian cortos y ejercicios de estudiantes de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual de la Academia de las Artes.

En su mayoría, los más jóvenes son conscientes de la importancia del conocimiento, pues no solo con cámaras digitales inteligentes y equipos sofisticados se consiguen recursos estéticos para transmitir estados de ánimo, pensamientos en beneficio del propósito esencial: llegar a los públicos, conmoverlos.

EDe la directora Elena Palacios se estrena en el verano la versión de la obra teatral “La muerte de un viajante”.l tránsito de la idea a la concreción en la puesta demanda un largo viaje, en el cual ninguna especialidad admite improvisación. Para comprender mensajes, además de destrezas perceptivas habituales en el lector-espectador, son imprescindibles basamentos teóricos que se aprehenden al descifrar el sentido connotado de la imagen.

Lo demuestran guionistas y realizadores en no pocas producciones. Entre ellos, descuella la directora Elena Palacios, quien para la programación del período estival realizó junto a Pedro Díaz la versión de la obra teatral “La muerte de un viajante”, de Arthur Miller.

La fortuna inmanente del saber es imprescindible en toda creación artística. El respeto a leyes, preceptos, convenciones; trascenderlos, demanda saberes y una cultura sólida.

Según recomendó el maestro ruso del relato corto, Antón Chéjov (1860-1904): “No introduzcan un rifle cargado en un escenario si no tienen la intención de dispararlo”. En toda ficción audiovisual carece de importancia la anécdota per se, lo fundamental es la historia que necesita una estructura que no violente el tiempo y el espacio.

Desde su poder persuasivo y condición de verdad, el espectáculo televisivo tiende puentes de entendimiento entre una realidad-otra, y recuerda que aún los discursos, en apariencia banales, tienen una teoría implícita. De ahí la importancia de interpretar el texto audiovisual, estrategias de enunciación y obsesivas certezas que dicen mucho más cuando se leen con espíritu crítico, motivan la reflexión como solo lo consigue el arte.

 

 

 

 

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