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 La reanudación de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos fue el primer paso en el restablecimiento de los vín culos entre ambas naciones. Entre los descomunales retos en este contexto se encuentran:
    •Deshacer la sofisticada y  monumental ur  dimbre jurídica del bloqueo y el resto de las medidas unitalerales impuestas     por  más de cinco décadas.
   •Desterrar la pugna irracional de paradig  mas y visiones políticas ideológicas que gestó un  terrorismo costoso.
   •Crear  un  clima  de  confianza,  respeto  e igualdad entre dos países con modelos sociales diferentes, pero vecinos cercanos que comparten mucha historia común.     

 Satisface que en menos de dos años crezca la colaboración multilateral, surjan algunas soluciones  financieras  y  se  incremente  proporcional y cualitativamente el segmento de la ciudadanía norteamericana convencida del beneficio mutuo de estas relaciones. La zona más visible de estos flujos es la cultura y se observa a simple vista en el aluvión de artistas, deportistas, modelos, modistos, agru  paciones, productoras fílmicas, disqueras, etc., que a título personal o institucional realizan Enfoque visitas, actuaciones o intercambios. Entre los procesos más interesantes estará el comportamiento del sector mediático, donde se contraponen los modelos de radiodifusión  mercantiles y de servicio público y don  de de manera absoluta desde 1960 todos los medios de comunicación pertenecen al Estado socialista. No es azar que entre las primeras empresas norteamericanas interesadas en establecer con  tratos con el Estado cubano, estuvieran grandes consorcios del entretenimiento audiovisual y las infotelecomunicaciones; portadores de conteni  dos, mensajes, textos diversos y audiovisuales. Tampoco lo es que Cuba Max TV difunda hoy en Estados Unidos programas producidos en nuestro país. Este intercambio cultural responde a una creciente carencia de nuevos guiones y temas en la televisión comercial; Cuba está de moda y existen demanda del importante merca  do hispano de Norteamérica y de la vasta comunidad de origen cubano residente allí.

 La monumental inversión tecnológica digital y de capital financiero que usan las transnacionales del entretenimiento, en su competencia global, no puede igualarse por ninguna televisora pública del tercer mundo.La única respuesta posible es aumentar y diversificar la producción nacional con formatos y géneros renovados en sus estéticas, códigos y discursos audiovisuales modernos y de calidad. Ello no significa concentrar en la ficción nues  tras peores realidades obviando la mixtura con ejemplos positivos, hermosos y esperanzadores que también expresan las esencias de nuestros logros e identidad nacionales, ni copiar miméticamente formatos foráneos ajenos a nuestro contexto.    Hoy más que nunca el Instituto Cubano de Radio y Televisión, así como los centros de investigación sociales en el país deben sistematizar las pesquisas periódicas de las audiencias y otros públicos, para conocer las tendencias del consumo, las necesida  des y preferencias de la población.     Solo el intenso trabajo aunado de todos los sectores mediáticosculturales permitirá que las opciones de los cubanos no carezcan de calidad artística y valores, sean de donde sean. 

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