Estimada Paquita:

Parece que llegué tarde a responderte por el “foro debate”.

Me he demorado un poco en responder a tu pregunta, y no sé si la podré responder del todo (aunque no siempre lo que necesita una pregunta es una “respuesta del todo”, sino un andar buscando las respuestas). Pero es que, entre mi poca disponibilidad de conexión, por tanto mi poco andar por los espacios digitales, y mi predilección por la palabra dicha, por sobre la escrita, no soy “asiduo forista”… creo que tengo que incorporar esta dimensión comunicativa a mis prácticas cotidianas.

Manuel Calviño en “Con 2 que se quieran”. Foto: Petí.

Además, tu pregunta me llegó en el proceso de preparación de los programas que tenía que grabar hoy en la mañana (de hecho, acabo de grabar hace apenas unos minutos), y prioridades son prioridades. La preparación del “programa” es un proceso al que concedo tiempo, concentración, trabajo focalizado. Es no solo un estilo, una característica personal de trabajo, es sobre todo respeto y consideración absoluta a los que unas semanas después se sentarán frente a la pantalla, y me permitirán conversar con ellos, abriendo un espacio de construcción de saberes. Es también respeto a mis colegas de profesión, porque me guste o no, lo quiera o no, alguna parte de la imagen que se pueda tener de la Psicología, del ser un profesional de la Psicología en Cuba, pasa por mi hacer ante las cámaras.

Bueno, dicho esto, y ante todo, muchas gracias por tus palabras, alentadoras y agradecidas, estimulantes, reconfortantes. Muchas gracias también por tu trabajo en los medios, en la prensa, que también sigo con “pertinaz” ansia de aprender, entender, saber.

Llegue también mi agradecimiento, en este caso, a “los foristas” – vuelvo con el término, porque creo que es el que algunos utilizan para referirse a quienes expresan su opinión en estos espacios de construcción conjunta de opiniones y valoraciones. Ellas y ellos son el sentido mismo de mi trabajo, como lo son los televidentes de Vale la Pena, las personas que acuden a mi consulta en busca de ayuda profesional, los estudiantes, los centenares de cubanas y cubanos con los que comparto encuentros en centros laborales, escuelas, en fin en todas partes.

Soy un servidor público (noción olvidada por muchos que deberían asumirla con responsabilidad y entrega). Soy un luchador por el bienestar y la felicidad de nuestra gente, de las personas que tenemos el enorme privilegio de vivir, y que queremos hacerlo acompañados del bien-estar, del bien-hacer, del bien-ser; hacerlo – entiéndase vivir – de modo que también otros, hoy y mañana, puedan disfrutarlo.

Claro que recuerdo que entre las primeras menciones de “Vale la pena” estuvo la tuya. De esto hace casi 26 años (en febrero estaré de aniversario, que “festejaré” intentado seguir compartiendo saberes, vivencias, experiencias, con quienes construyo Vale la Pena: las personas, los cubanos y cubanas que lo animan, lo sostienen y le dan su sentido definitivo). Ciertamente fue en febrero de 1991 cuando comencé a hacer lo que considero no un programa de televisión, y aquí ya me acerco a una posible respuesta a tu pregunta, sino un acto de comunicación, un acto de devolución profesional, responsable y comprometido con quienes han sido co-constructores de mi vida, de mis logros y sueños, de mi ejercicio profesional y científico.

Vale la pena es un acto de comunicación que ha contado, cosa que también agradezco enormemente, con la complicidad de quienes hacen televisión, de quienes hacen la televisión, en nuestro país. Y por lo tanto, un acto de comunicación con una capacidad de multiplicación asombrosa, gracias a la utilización de la televisión.

Y como acto de comunicación, Vale la pena empieza, cuando termina (alguna vez utilicé mucho esta idea, para reforzarla). Porque Vale la pena es, sobre todo, lo que ocurre unos minutos después de mi aparición en la pantalla, unas horas después, cuando las personas incorporan un fragmento de saber a su análisis personal, a su introspección existencial, a sus debates cotidianos en pos de su mejoramiento como ser humano, a la necesaria (imprescindible) mirada crítica no solo a su vida, sino también a la de los otros, a las condiciones que marcan las rutas más o menos probables del vivir.

Debo decirte, que he sido un gran beneficiado por Vale la Pena. Me ha hecho mejor persona, mejor padre, mejor esposo, mejor compañero de trabajo, mejor profesional. Y me gustaría que ese beneficio se extendiera a otras personas, a muchas personas.

Si bien la tradición de pensamiento marxista, de la que soy parte por elección, refuerza la mirada al momento en que las condiciones de vida, de existencia, influyen notoriamente sobre la subjetividad (las personas no viven como piensan, sino que piensan como viven… y cuanta verdad encierra esta máxima primaria del ideario marxista) , soy de los tantos convencidos de que el empeño, la decisión, el deseo de ser una buena persona y la lucha por serlo terminan siendo un decisivo constructor de la mejores condiciones de vida, de las esencialmente humanas.

Estuve a un paso de ir a buscar tu lista de lo mejor de la TV en el 2016, para darte mi opinión, y ver si la ausencia en ella de Vale la pena era un error o un horror, pero gracias a mi mala conectividad demoró tanto en emerger en mi pantalla la web solicitada, que me dio mucho tiempo para pensar.

Yo no soy un especialista en televisión. Tú sí lo eres. La mirada especializada y la mirada del consumidor son asimétricas (por eso, entre otras razones, los listados de lo mejor o lo peor, no coinciden totalmente). De modo que me di cuenta que no soy yo quien puede responder consistentemente a tu primera pregunta, desde el punto de vista técnico. No tengo como evaluar con seriedad profesional si hay o no error en tu listado. En él hay argumentos especializados, propósitos comunicativos, y claro, en algún lugar, gustos personales.

Pero aún si me dejara arrastrar por la invitación, entonces diría que yo creo que no hay error alguno! (en todo caso, aquí va el psicólogo, el listado es tan voluminoso que efectivamente lo que puede que suceda como inversión del proceso mental, es que lo que llama la atención son las ausencias…. ¿Recuerdas como cantaba Virulo el trauma de una escolar, porque la única en el aula cuyos padres no estaban divorciados era ella?). Pero hasta en ese plano, mi “terapeuta musical”, Juanito Formell, me enseño que no hay ningún problema en no estar en “la gran escena” (“Que pena, que pena, Yo no soy de la Gran escena”).

Aun así, que Vale la pena no esté en tu listado, o en otros que tampoco está, no significa que no siga siendo un activo hacedor de cultura, que no cumpla con su propuesta de contribuir al mejoramiento humano, al desarrollo auténtico de los valores.  Porque Vale la pena sigue apostando y comprometiéndose hasta el tuétano con la cubanía, la auténtica, la que emana de los buenos sentimientos, de la inteligencia robusta de las mujeres y los hombres de este nuestro país, la que a veces pierde el rumbo, pero lo recupera. Esa cubanía que siempre ha reconocido, valorado y hasta consagrado lo inteligente, lo valiente, lo sensible, lo auténtico, con tanta fuerza como lo hace con lo justo y lo soberano.

Y la cubanía auténtica se sedimenta en el bienestar y la felicidad no solo alcanzados, sino alcanzables. Y abre sus puertas a todo intento de disminuir la distancia entre lo que se es, y lo mejor que se podría ser (obviamente digo como ser humano).

No hay horror en ningún caso, ni existe la posibilidad de que aparezca. En asuntos de emociones humanas, me siento más versado (sin falsas modestias, soy más versado), y por lo tanto puedo asegurar que antes del horror habría que pensar en otras emociones más probables. En mi caso personal, aparecería el ansia inextinguible de superación, el placer de aprender, de crear, el querer llegar más alto, y más alto, para andar más cerca y más cerca de las personas buenas, y persuadir a los menos buenos a que se sumen a nuestro contingente.

Te vuelvo a decir, querida amiga – si me permites tal denominación, quizás apurada, pero así somos los cubanos -, muchas gracias. Yo voy a seguir Psicologiando en Cuba, tras la huella del mejoramiento humano, intranquilizando neuronas (incluyendo las mías) y, de cierta manera, no solo negado a curar, sino incluso fomentando “la pertinaz locura”, que comparto contigo, y con muchos otros, de hacer una Cuba mejor, poblada de mejores cubanas y cubanos, más competente y sustentable en el propósito de lograr el bienestar y la felicidad que nos merecemos todos.

Para mí, como persona, como profesional comprometido con cultivar, resguardar y enriquecer el alma cubana, como dije antes, como luchador por el bienestar de los cubanos y las cubanas, entre “lo mejor del 2016”, sin duda alguna, sin “error” y sin “horror”, ha estado ese guiño de agradecimiento, de solidaridad, de respeto y cariño que he recibido miles de veces cuando andando por las calles de la Habana, y muchas otras ciudades del país (hasta afuera del país) las personas me dicen: “Vale la pena”.

Lea la opinión de la periodista Paquita Armas a la que hace referencia Manuel Calviño:

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Comentarios   

#3 yunior 01-08-2017 06:12
El tema de la limpieza de las guaguas en cuba especial en la Habana es deprimente no hay agua o no hay higiene en el paradero de bahía y el paradero de la A22 donde en la mismísima vi un trabajo espiritual que tenia en la guava varios meses no hacia falta ser arqueólogo el chute de la misma era de casi 8 meses no exajero en la puerta había tierra para llenar un jarro de 5 litros a donde vamos a parar quien atiende esto nadie ve el chure o es que nos acostumbramos ya a el.
#2 Informático 02-06-2017 09:06
La peor enfermedad es la que tenemos dentro de la cabeza y no podemos compartir, y este SEÑOR seria de gran ayuda para mi, soy conversador pero hay temas que no salen de mi cabeza,, si alguien me puede ayudarme, necesito la dirección de correo para poder platicar con Manuel Calviño ese gran Psicólogo seria de gran ayuda para mi. Apesar de ser de lejos voy hasta donde esté el si esta dispuesto a yudarme...
#1 reyda 17-01-2017 11:16
soy de las que no pierde un programa, los miercoles....me gustan todos