Organizado y dirigido por Orlando Cruzata, el realizador del popular programa musical de la televisión Lucas, dicho reconocimiento forma parte de una secuencia de programas similares donde cada año por esta fecha y bajo el nombre de El Retorno de los Dioses, se rinde tributo a grupos representativos de la historia del rock.

Foto: Abel Carmenate/ La Jiribilla.

El pasado 6 de marzo, para celebrar el sexto aniversario del Centro Cultural Submarino Amarillo de Artex, organizamos una descarga informal con músicos que integran el elenco habitual de los grupos que tocan en dicha instalación. Y realmente la iniciativa valió la pena porque en esta reunión diversa se pudo reafirmar el nivel profesional de los roqueros cubanos. Si en esa ocasión nos emocionamos por la calidad demostrada, en el espectáculo Pink Floyd Más Allá del Muro, que tuvo lugar en el Estudio de Televisión Astral de RTV Comercial el último viernes, se afianzó mucho más la progresiva evolución del rock cubano, en el sentido de la existencia de un antes y un después para el género con este homenaje a Pink Floyd (PF).

Organizado y dirigido por Orlando Cruzata, el realizador del popular programa musical de la televisión Lucas, dicho reconocimiento forma parte de una secuencia de programas similares donde cada año por esta fecha y bajo el nombre de El Retorno de los Dioses, se rinde tributo a grupos representativos de la historia del rock. De estos conciertos efectuados por los roqueros cubanos, resaltan los dedicados a Los Beatles, Queen y Led Zeppelin, este último particularmente emotivo debido a la carga de una vibrante entrega por tratar de alcanzar la mayor autenticidad en sus versiones a los clásicos de Zeppelin. Sin embargo, en el dedicado a PF se superaron todas las expectativas.

En primer lugar, porque los participantes aceptaron interpretar versiones a la música de un grupo de alto nivel creativo, lo que lo lleva ser reconocido como un grupo de culto. Y en tal sentido, desde que comenzó el espectáculo con el derribo del simbólico muro tal como pasa en el concierto original de PF, todos los que estábamos allí comprendimos que por la excelente calidad de la música que escuchábamos, podíamos esperar cualquier sorpresa. Hace mucho rato que el rock cubano dejó de ser visto como una asociación de improvisados que apenas eran tomados en serio por la mayor parte de la sociedad, hasta llegar a convertirse en músicos muy profesionales que dominan la técnica tanto para ejecutar sus respectivos instrumentos como para estar a la altura de renombrados músicos cubanos de jazz.

La obra de grupos antológicos en la historia del rock merece ser interpretada con el mayor respeto. Para atreverse a tocar temas del repertorio de PF delante de un público conocedor del género como es el cubano y a la vez tan exigente por que se alcance la media de la calidad requerida, hay que estar muy seguro de sus posibilidades, porque como reza un antiguo refrán criollo: “…eso es harina de otro costal”. Y un complemento imprescindible de dicha responsabilidad es que como músico hay que sentir profundamente, hay que amar apasionadamente el molde que representa el sólido concepto cultural de PF, dispuesto a ser rellenado con el alma volcada desde la perspectiva de nuestra identidad como cubanos. En esta oportunidad, como en otras ocasiones, nadie pudo levantar el índice para criticar que éramos espectadores de una aproximación plagada del mimetismo arrollador.

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A menudo olvidamos que en el contexto de la música clásica o como mejor se le puede llamar por el nombre de música de concierto, obras como la “Quinta Sinfonía” de Beethoven son interpretadas por innumerables orquestas sinfónicas en todo el mundo. Muchos de estos conciertos han sido recogidos en discos donde aparecen notas escritas por importantes críticos.  En dichas notas, generalmente, se habla de la personal habilidad de cada Director en su capacidad como Maestro para extraer de la orquesta toda la energía que pueda hacer de esa versión una de las más elogiadas en dicho entorno musical. Entonces, lo verdaderamente significativo en la implicación de este acontecimiento cultural, es poder distinguir cuáles Directores, entre los tantos que han conducido la orquesta en la conocida Sinfonía de Beethoven, se han ganado el prestigioso aval de clasificar entre los mejores intérpretes de la misma. Y hasta ahora a nadie se le ha ocurrido hablar de mimetismo en todo aquel Director que intente alcanzar la cima de tan honroso mérito.

En el terreno del rock ya no se puede asumir como un hecho fortuito que la música de PF sea constantemente versionada. Diferentes agrupaciones, desde las más diversas modalidades, muestran su admiración al legado de estos músicos ingleses.

Por ejemplo, la Orquesta Sinfónica de Londres adapta la obra de sus coterráneos al formato sinfónico, mientras que el grupo de metal progresivo Dream Theater ha tocado en vivo todas las piezas que integran el disco The dark side of the moon; al mismo tiempo que otras agrupaciones como Brit Floyd, Australian Pink Floyd Show, The Polka Floyd Show y los españoles de The Pink Tones recogen la herencia de los maestros para preservar la vitalidad de esta música entre el público más joven.

En el caso del homenaje cubano al grupo que hacemos referencia, el público responde gratamente sorprendido con fuertes aplausos, atentos a la menor señal de la perfección labrada por los músicos distribuidos en el escenario. Si bien la banda base del concierto fue La Vieja Escuela, agrupación que dirigida por el guitarrista y cantante Steinar Seland marca la altura de una exigente vara artística que todos los participantes están obligados a superar, los invitados no se quedan atrás en cuanto a merecidos elogios. Si Eddy Escobar es uno de los que se roba el show por su auténtica resolución como vocalista de rock en las piezas “The happiest days of our lives” y “One of my turns”, entonces ¿qué podríamos decir acerca de la impactante y aplaudida presencia de Liset Díaz, la cantante de Sweet Lizzy Project, en  su  insuperable versión de “Wish you were here”?

En tal sentido, no se puede obviar que el esplendor del concierto estuvo marcado por la voluntad personal de cada uno de estos músicos, pero también, en gran medida, por el magnífico sonido auspiciado por Mauricio Blanco, quien forma parte de los que les va la vida en la obligación de que su trabajo sea, sencillamente, tan bueno como debe de ser.

No hay otra forma de explicar que la batería de Rolando Fernández suene tan profunda como la de Nick Mason; que los teclados de Virginia Peraza junto al órgano ejecutado por Rudy Humpierre nos puedan convencer de que navegamos entre las típicas atmósfera sonoras de Floyd; que se disfrute plenamente del delicado acento de la guitarra hawaiana de Ove Brun; que el coro Renacer pueda aparecer con la presencia requerida en los momentos precisos, o que los sutiles detalles del bajo a cargo de José Zarate se puedan percibir en el melancólico tema “Hey you”, obra donde resaltan las voces de la experimentada Beatrix López y nuevamente la de Eddy en el final de la pieza. Todas estas referencias, aparentemente obvias, pudieron haber deslucido el concierto de no haberse escuchado con la calidad proporcionada por un profesional del sonido como Mauricio Blanco.

Aunque el nombre de Virgilio Torres se reconoce como la apasionada voz que identifica a La Vieja Escuela, en este concierto lo encontramos mucho más entregado, pues no le queda otra que brillar en su interpretación del aclamado clásico “Another brick in the wall”, del mismo modo que a muchos sorprende gratamente una refulgente cantante como Naybi Concepción por la encendida vocalización que aporta a la pieza “Money”.

Quedaríamos en deuda con la verdad de lo acontecido en este evento, si no nos referimos al aporte de Anima Mundi —agrupación recientemente galardonada en la categoría de rock en el pasado Cubadisco—, específicamente al papel del cantante Michel Bermúdez y del guitarrista Roberto Díaz, el director del grupo y además el director musical del concierto en cuestión.

Si en Michel encontramos al vocalista con el talento para matizar hasta la exquisitez el timbre de su voz en las piezas donde participa, Roberto representa la contraparte calificada para dialogar con un dueño de las guitarras eléctricas como Steinar durante todo el espectáculo.

No obstante, la ovación del concierto se la lleva Roberto por la sincera ejecución del instrumento en la extensa coda de la canción “Confortable numb”, considerada por la crítica especializada como el solo de guitarra más espectacular en la historia del rock.

El valor del desempeño protagonizado por Roberto no es nada más que reproduzca nota por nota las aportadas originalmente por David Gilmour a este fragmento de la pieza, sino que se apropia del delirante discurso que entre cuerdas eléctricas ha sido certificado por el guitarrista de PF.

Cuando este loable esfuerzo del director Orlando Cruzata y su equipo de la Televisión cubana conjuntamente con RTV Comercial salga al aire como Pink Floyd Más Allá del Muro, muchos podrán preguntarse que si este impresionante espectáculo significa la punta del iceberg del rock en Cuba, entonces de qué dimensión será el tamaño de este témpano musical, de cuántos buenos músicos estaríamos hablando que no aparecieron en el concierto.

Y por último, aconsejamos que sucesos de semejante nivel artístico no se pueden dejar pasar y esperar a que otros te lo cuenten. Tienes que disfrutar del privilegio de poder exclamar: “¡Yo estuve ahí…!”.

(Tomado de La Jiribilla)

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