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Acerca de la importancia de preservar los archivos audiovisuales de la televisión cubana

La celebración este año del aniversario 55 del Instituto Cubano de Radio y Televisión (Icrt) convoca una vez más a recordar la importancia de los archivos audiovisuales de la televisión cubana, zona de nuestra realidad concreta que ha sido sometida a múltiples embates objetivos y subjetivos.

Meses antes de la fundación de nuestro Instituto, en 1962, se instauró el bloqueo estadounidense que retardó nuestras mejores intenciones y anhelos de preservar esta memoria colectiva. Desde entonces, nuestra entidad -financiada íntegramente por el Estado- se ha debatido entre satisfacer las demandas del ámbito mediático y saldar la extraordinaria deuda social que heredamos. Sin embargo, no estamos exentos de culpa.

En 1960 nuestra infraestructura tecnológica, dispersa en toda la geografía en cada una de sus empresas originales, era obsoleta e insuficiente para la proyección nacional que pretendía la televisión de servicio público. Su renovación en otros países comenzó con la tímida inserción de algunas reproductoras de video tape provenientes de Japón, a mediados de la década del 70 pasado. Pese a ello, logramos una obra gigantesca.

En consecuencia, por muchos años nuestro sistema audiovisual operó con el equipamiento del decenio fundacional, lo cual prolongó demasiado la difusión en tiempo real y métodos rudimentarios para reproducir imágenes a través de un soporte fílmico de mayor vulnerabilidad que el usado en la cinematografía.1

En contra de todos los pronósticos, en la misma se sustentaron durante decenios los elaborados procesos de filmación, procesamiento, difusión directa y conservación de imágenes.

Los kinescopios sufrieron el paso inexorable del tiempo, el rigor de nuestro clima que, en condiciones inadecuadas de climatización propulsó la descomposición química y la obsolescencia de equipamientos e insumos muy específicos, conspiró contra ella.

Los factores subjetivos fueron tan letales como los materiales: a la inicial visión peyorativa de los fondos y producciones de la etapa comercial que genera el primer gran descarte siguió la inmovilidad en la conservación de revistas, secciones o documentales de corte histórico de variado formato y enfoque. Los abnegados trabajadores del archivo2 lo defendieron a capa y espada mientras lamentaban su pérdida cotidiana.

La subestimación del valor patrimonial de estos fondos nos encerró en nuestro feudo impidiendo descubrirlos -más allá de su esencia como reservorio del devenir mediático-como una zona importante de variadas expresiones del arte, la cultura, el diseño, la información y la comunicación nacionales e iberoamericanas.

Los sucesivos cambios de formatos tecnológicos del video tape constituyeron –y constituyen todavía- una amenaza para nuestros archivos. Ante la carencia de los módulos físicos precisos para transferir todas las grabaciones, generalizamos la práctica de borrar contenidos para reciclar soportes.

La ausencia de recursos sustentó estrategias de descarte físico mediatizadas por visiones reduccionistas de lo patrimonial que trajeron consigo una significativa pérdida de la creación televisiva. Líbrennos los dioses que en la inminente digitalización del sistema televisivo cubano, suframos otro monumental descarte de este capital audiovisual.

Hoy, institucionalmente luchamos por su conservación, preservación, se avanza paulatinamente en la digitalización y el Estado se empeña en crear mejores ambientes físicos-tecnológicos en los archivos.

Sin embargo, muchos tienen la percepción -incluso expertos y nuestros propios comunicadores- de que los archivos fílmicos cubanos solo existen en el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) y esa perspectiva anula nuestra fecunda obra televisiva en este soporte.

Sin embargo, para hacer honor a la verdad, hay que reconocer que el sostenido empeño del Icaic en la conservación y preservación de sus fondos, ha logrado alianzas foráneas importantes para restaurarlos y digitalizarlos en Europa y hasta han inscrito algunos de ellos como Patrimonio mundial de la Humanidad.

Esta historia deja una enseñanza: solo la intensificación y ampliación de nuestra visión y prácticas patrimoniales logrará salvar para las nuevas generaciones de cubanos nuestro remanente audiovisual y lo creado en las ultimas décadas.

Importantes televisoras internacionales hace mucho entendieron el valor de estas imágenes. Ejemplos:

TELESUR nos demuestra cada día, en su línea productiva de documentales de corte histórico -con elevado rigor documental y patrimonial- lo necesario de esta proyección futura. La misma existe porque héroes anónimos en todo el siglo XX preservaron las imágenes de innumerables sucesos en todo el mundo.

La tendencia de la memorabilia -orientada a la población de la tercera edad y las nuevas generaciones- ha generado canales televisivos monotemáticos, especializados en ella.

Hace 55 años la televisión pública cubana comenzó una descomunal proyección educativa, formativa y cultural que redimensionó lo creado en la etapa comercial en un gigantesco proceso de continuidad-ruptura, donde a partir de los saberes precedentes generamos nuevos contenidos y códigos en función de las demandas de una sociedad en raigal transformación. De esta monumental obra solo perviven aislados ejemplos.

La ponderación del valor patrimonial de todos nuestros archivos pasa ineludiblemente por la mirada productiva y económica. Estos fondos pudieran beneficiarse incrementando su uso en la producción nacional cotidiana hasta consolidar una línea productiva que refuerce nuestra identidad y ayude a equilibrar los productos autóctonos de una parrilla hoy saturada de audiovisuales foráneos y de retransmisiones indiscriminadas que generan rechazo o indiferencia.

Pudieran crearse ciclos de revistas, secciones o documentales de corte histórico de variado formato y enfoque donde se muestren y analicen nuestras prácticas mediáticas históricas, las tendencias estéticas, la relación contenido-forma, el devenir de los géneros televisivos y la presencia de la historia, la información, la comunicación y de sus personalidades.

Ello requiere potenciar la digitalización, actualizar los inventarios, emprender una ardua investigación audiovisual, buscar el talento preciso y trabajar arduamente para rescatar nuestra memoria con una concepción inteligente sustentada en las nuevas tecnologías que, además de rescatar este patrimonio, lo socialice con fines educativos-culturales

Lo que hoy creamos, mañana es historia. La estrategia institucional de este sensible patrimonio no solo se logra mirando hacia atrás y lamentando las inversiones que genera sino proyectándonos hacia el futuro y preservándolo como fuente de programación y de investigación para reconstruir nuestra historia nacional.

 

Notas:

[1] Era una cinta reversible de segunda categoría llamada kinescopio, usada originalmente para hacer copias de trabajo.

 

2 Recordemos que desde la primera década, la mayoría de los programas se copiaban con diversos fines: para difundirse directamente en las filiales en otras provincias, para conservar sus copias y, finalmente, con fines de exportación regional.

 

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