La serie que transmite Multivisión se ocupa de asuntos arduos de nuestra cotidianidad, para satisfacción de algunos televidentes… y estupor de otros.

La serie Zoológico (Multivisión, martes y jueves, 8:30 p.m.) fue ya un fenómeno de público antes de ser transmitida por la televisión.
Por cuestiones en las que no vale la pena insistir ahora (aunque ameritarían un buen reportaje) se filtró y llegó al paquete.

Miles de espectadores la vieron «de carretilla», capítulo tras capítulo en largas sesiones. Es que la propuesta se presta para eso: hay mucha peripecia, los capítulos suelen cerrar bien, las tramas «enganchan».

Tienen para enganchar: hablan precisamente de lo que la gente suele pedirles a los dramatizados nacionales: del aquí y ahora, de los avatares de nuestra cotidianidad.

Con un añadido: buena parte de los temas son «conflictivos», abordan zonas arduas y polémicas de nuestro día a día. Y eso, se sabe, es «pan caliente» para nuestros televidentes.

Zoológico asume, en alguna medida, ese realismo sucio que abunda en cierta literatura de las últimas décadas. Pero ojo, no se llegan aquí a ciertos extremos.

Eso que llamamos «la realidad» no puede ser asumido como un ente inamovible. La realidad es disímil, compleja. Puede llegar a ser muy dura (y somos más o menos conscientes de esa), pero la televisión la «pasa» siempre por sus filtros.

Zoológico, sin llegar a edulcorar como un folletín tradicional, tampoco pretende ser un documento del periodismo.

Es (aspira a ser) arte. Y como tal hay que valorarlo.

La puesta, siempre la puesta  

Antes de hablar de la historia (que es, en definitiva, lo más importante), hablemos de la puesta en pantalla. Como ya es habitual, nuestras producciones siguen quedándose por debajo de los estándares internacionales (al menos los de las series extranjeras que se transmiten por nuestra televisión).

La presentación sí está a la altura: esa escultura virtual tiene muy buena factura y la edición la muestra muy bien.

Pero fotografía, diseños y ambientación en los capítulos no logran trascender la funcional medianía. Al menos son dignos, que en medio de un panorama de habituales chapucerías, ya es algo para destacar.

Filmar en casas reales fue un acierto, con todos los riesgos que eso implica. Pero ya hemos tenido que sufrir demasiados decorados inverosímiles en estudios, mal iluminados y fotografiados.

El casting, sin ser desastroso, es desigual. Hay actores que lucen cómodos en sus personajes, pero otros no encuentran el tono.

Uno de los núcleos más convincentes es el de la disfuncional familia del protagonista, muy bien defendido por los actores y con un logrado diseño del «contexto».

La selección musical es efectiva, «calza» bien las situaciones sin robar protagonismo.

Lo cierto es que la puesta no es aquí obstáculo para el entramado dramático, que fluye con algunos altibajos.

El desafío de la ficción

Para algunos podrá resultar abrumador el cúmulo de conflictos de Zoológico. Y ciertamente, no todos lucen suficientemente desarrollados.

Las líneas argumentales suelen sobreponerse unas sobre otras y por momentos es difícil encontrar una columna vertebral.

Pero el planteamiento suele ser diáfano, de manera que el televidente puede seguir el rumbo.

Hay muchas peripecias «sueltas», que no contribuyen especialmente a la progresión de la historia, aunque en definitiva «mueven» los capítulos, que nunca resultan cansones.

Se extraña, eso sí, alguna profundidad en la piscología de los personajes, una indagación más seria en sus motivaciones y circunstancias.

El rol de la familia en el itinerario de los personajes no está suficientemente explotado: demasiado externas y aleatorias parecen algunas acciones.

Si bien es cierto que el zoológico deviene símbolo o metáfora social, escenario de contradicciones, el germen de esos conflictos suele estar en la familia… y no siempre se explicitan contundentemente esos lazos.

Los (muchos) conflictos sociales también suelen estar superficialmente abordados, con más énfasis en el ruido que en las causas de ese ruido.

Y así y todo algunos creen que la serie es demasiado «cruda» o negativa. Pero eso tiene que ver con el planteamiento genérico.

Esta no es una telenovela, es una teleserie. Los realizadores tienen el derecho (y la responsabilidad) de hurgar donde lo estimen conveniente.

Tampoco es que estemos hablando de un documental. No se trata de resultar veraces, sino verosímiles. Y el hecho de que tanta gente se haya identificado con estos personajes habla bien en ese sentido.

Habrá que regresar con Zoológico.

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