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 Muchos coinciden en destacarle como una de las periodistas más seguidas en la Televisión Cubana, prefiero distinguirla como una de las profesionales más capaces a la hora de humanizar cada espacio, sea desde las imágenes o los sonidos

Cuando presenta un tema, se siente la seguridad a la hora de conducir el guión sin afeites añadidos, simplemente, Arleen Rodríguez Derivet se arma con toda la información cuando defiende sus espacios.

Destaco que, como en todo programa en vivo, se le ha visto equivocar el bocadillo y salir sin problemas de la situación sin que esto moleste al receptor.

La Derivet o la colega, creo que esto último es lo que mejor le acomoda por su sencillez, es la Coordinadora General de la Mesa Redonda, que trasmite Cubavisión. Fue directora del diario Juventud Rebelde e integra la presidencia de la Unión de Periodistas de Cuba.

Cuando se le pregunta sobre la función de ciertos espacios, pone en primer orden la idea de “informar ampliamente”, reto que logra y se le van los minutos como agua entre las manos dejando con ansias de saber más al que le sigue.

Generalmente en los programas en los que Arleen trabaja las preguntas son inteligentes. Salen de una mujer con preparación pero podría ser la voz de cualquier público, surgen en el transcurso de los diálogos, o sea, ella también “sabe escuchar”, y en cada cambio de cámara no se dedica a colarse con rapidez a la rigidez de las escaletas: realidad que se ve a diario en la televisión que hacemos con premura o sin preparación previa.

Viaja de una provincia a otra colaborando con los periodistas y telecentros cuando se trata de actualizar su programa estelar, que cariñosamente llama “La Mesa”. Cuando se reúne con sus colegas es una más del colectivo, no es colonizadora, es desde lo simple una amiga y le salva la experiencia.

Más allá de su edad, su rostro define a una mujer madura que aguanta primeros planos por la expresividad y dominio televisivos.

Defiende la osadía y lo profesional de la prensa que se hace en el interior del país y argumenta que nada se le debe envidiar a la capitalina. Acepta lo que demanda el ser cubana, el ser una periodista residente en este archipiélago, destaca como el mayor de sus privilegios el hacer periodismo.

 

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