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 Nilza González Peña profundiza en los intereses, las motivaciones y preferencias de los niños cubanos en torno a los animados

Los múltiples vínculos de las identidades individuales, colectivas y marginadas, las organizaciones juveniles cubanas, el uso del tiempo libre y la orientación profesional constituyen algunos de los temas esenciales que comprende el libro Identidad, cultura y juventud.

El volumen, compilado por la investigadora Elaine Morales Chuco y editado por el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, representa una invitación provocadora a pensar y debatir acerca de la relación de estos tres ejes, esenciales para la cultura de nuestro país.

Uno de los artículos de la obra profundiza en las particularidades del consumo de animados en un grupo de niños y niñas de cuarto y sexto grado de Bejucal, aunque también difunde resultados de otros estudios, focalizados en los infantes de diferentes municipios de La Habana.

A partir de un recorrido teórico por los principales autores nacionales y foráneos que han abordado el tema del consumo audiovisual y las teorías sobre la recepción (Valerio Fuenzalida, Guillermo Orozco, Néstor García Canclini, Pablo Ramos, Margarita Alonso e Hilda Saladrigas, entre otros), el texto se detiene en las expectativas y prácticas de consumo de niñas y niños cubanos.

Entre los animados preferidos, los diez títulos más citados fueron: Tom y Jerry, El Chavo, Elpidio Valdés, Barbie, Scooby Doo, Kim Posible, Chuncha, Bajoterra, Princesa Sofía y Spiderman.

Tal y como enfatiza la autora, en esta lista predominan los “muñes” de factura extranjera, aunque Elpidio Valdés sigue en la preferencia, a pesar de que han transcurrido más de 10 años entre el último capítulo producido por los Estudios de Animación del ICAIC y el que se estrenó en el verano del 2015.

Los niños también declararon su gusto por otros títulos cubanos, como Fernanda, Cecilín y Coti, El negrito cimarrón, Pubertad y Pepe.

El estudio, por otra parte, constató que la mayoría de los interrogados ven los “muñequitos” acompañados por otra persona (hermanos, amiguitos, mamá, primos, papá, abuelos, en ese orden), a lo le siguió numéricamente el grupo que dijo verlos solos.

Este acompañamiento por parte de algún hermano o amigo (en ellos recayeron los mayores porcentajes) hace cuestionables los criterios de criticidad con que las niñas y niños se enfrentan al producto audiovisual, elemento ya comprobado anteriormente en otros estudios latinoamericanos.

El lugar preferido para ver los animados es la casa (el cuarto y la sala constituyen los espacios privilegiados) y el medio más utilizado es el televisor, seguido por el DVD y la cajita.

Otro elemento que la investigadora Nilza González destaca en su artículo son los rasgos físicos y psicológicos atribuidos por las niñas a sus personajes femeninos ideales: ojos verdes o azules, rubias, con alas, con cola de sirena, inteligentes, honestas, buenas y juguetonas.

Los varones, por su parte, al imaginar a su personaje masculino ideal, lo pensaron hombre, veloz, valiente, de pelo rubio o negro, tamaño mediano o grande, cómico y bueno.

Estos resultados ponen en evidencia la poderosa influencia ideológica y cultural que poseen los audiovisuales para la infancia y cómo desde las primeras edades se comienzan a atribuir determinados comportamientos, valores y rasgos propios de lo que se considera socialmente “femenino” y “masculino”.

Entre las situaciones dramáticas favoritas, las niñas eligieron la existencia de una muchacha perdida, hadas, personajes malvados, que esté presente el amor y tenga un final feliz.

Los varones, en cambio, prefirieron situaciones de peligro, pelea, personas que luchan por el planeta, que salvan al mundo y personajes con medallas y trajes sorprendentes.

Como señalara el investigador Guillermo Orozco hace años y así como evidencia este estudio: la recepción no es un momento sino un proceso; no es lineal ni se reduce a lo que sucede durante el contacto directo con los medios y mensajes; y es un fenómeno complejo en el que intervienen múltiples mediaciones y condicionamientos físicos, situacionales, sociales, institucionales, cognitivos y emotivos.

Este es solo un botón de muestra de todo lo que existe detrás de la cotidiana y aparentemente ingenua escena de un niño o niña visionando animados. Crear en él/ella valores y códigos acordes con su tiempo y su cultura, e incentivarles un verdadero sentido crítico y participativo, es responsabilidad de la familia, la escuela, las instituciones y los medios.

 

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