Acercamiento a las construcciones mediáticas mediante la visión de varios artistas

En América Latina el vínculo narración e identidad cultural comenzó a manifestarse desde la década del ochenta, la polisemia del verbo contar resulta significativa, pues lo que no se cuenta, lo que no se dice, lo que no se visibiliza, no existe.

 

  • La diversidad y la calidad artística distinguen al Coro del Instituto Cubano de Radio y Televisión.

 

Los públicos de ningún modo están ajenos al acelerado proceso industrial, este desvincula la producción cultural de las comunidades donde lideran la creciente hegemonía de la técnica, los nuevos medios audiovisuales, el flujo de las imágenes.

En diferentes momentos pensadores y filósofos alertaron sobre el fenómeno de la banalización que amenaza con tragarse el mundo y ganarle la batalla a la inteligencia.

Desde el siglo XIX, el escritor ruso Antón Chejov llamó a la banalidad lo más terrible, insultante, deprimente. En la actualidad, la industria cultural tiene en el audiovisual uno de sus más poderosos instrumentos financieros de mundialización, aunque muchos creen escapar de esas “seducciones”, pero no lo logran, siguen nadando en las aguas del ocio cultural.

El músico Alberto Faya expresó en foros convocados por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba el peligro que entraña el rápido afianzamiento de los monopolios, así como la producción y distribución de productos comunicativos acompañados por un pensamiento cada vez más hegemónico.

En programas sobre música latinoamericana, Faya propicia el conocimiento de compositores e intérpretes raigalmente comprometidos con lo valedero de la historia sonora del continente.

Dicha perspectiva ampliada al ámbito universal nutre el repertorio del Coro del Instituto Cubano de Radio y Televisión que merece una mayor presencia en la pantalla.

De igual modo la defensa de la locución cubana libre de imitaciones y pobreza lingüística lideró en las reflexiones de una prestigiosa figura reconocida con el Premio Nacional de Televisión, Eva Rodríguez, fallecida en marzo de 2017, a los 87 años. Ella sugería a los más jóvenes, “estudiar, cultivar el vocabulario, expresarse con sencillez, naturalidad y cultura. Nunca piensen que llegaron, la humildad es uno de los valores imprescindibles para crecer profesionalmente”, precisó.

Los artistas y espectadores son conscientes que el panorama audiovisual fue transformado por tecnologías, contaminaciones estéticas, redes, pantallas, la avalancha de medios y experiencias interactivas que buscan satisfacer a las mayorías.

La transformación del sentido de la comunicación crea espacios; unos plurales, diversos, otros banales, el flujo de programas de la tv requiere ser pensado desde el saber, los lenguajes, la ampliación de consumos participativos.

Los valores culturales y éticos constituyen una práctica que debe perdurar de manera atractiva en la narrativa televisual.  

Durante su vida profesional, la locutora Eva Rodríguez estimuló el desarrollo de los jóvenes valores.

A veces, la calidad de un programa no depende de la precariedad de recursos, sino de la manera en la que se usan los disponibles. Por su particular estética, la tv nunca puede prescindir de música, noticias, historias, personajes, luces, sombras, para crear asociaciones, contrastes, atmósferas, que estructuran el desarrollo de relatos concebidos para la pantalla.

Como institución cultural el medio televisivo propulsa ideas, pensamientos actualizados, riqueza sensorial, como fuerza capaz de romper esquemas mentales que impiden el ejercicio de pensar en esta época de tendencias a la recolonización cultural, al bocado de fácil deglución en audiovisuales que van de mano en mano directo a computadoras, teléfonos, tabletas.

Ninguna sociedad puede mantenerse ajena a la transmisión de los saberes sociales, al desarrollo cultural y la facultad imaginativa del humano que exige estímulo desde edades tempranas.

En el siglo XXI, el mundo ya no funciona en vertientes separadas, el desarrollo interrelacionado de la educación y las industrias editoriales y audiovisuales diluye el orden ilustrado que separaba la escritura de las imágenes, la educación del entretenimiento, las informaciones de los procesos comunicativos.

Por ello corresponde a la crítica cultural desde la perspectiva teórica analítica contribuir a la interpretación de los mundos simbólicos y al desarrollo de la sociabilidad.

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