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Desde hace 39 años, el Coral es La Habana y es su Festival de Cine. En la búsqueda de una identidad para el evento que recién nacía en Cuba en 1979, en la revista Cine Cubano aparecen los premiados con grandes gorgonias, es decir: inmensos esqueletos de lo que se conoce comúnmente como coral.

Descargue en PDF (1,47 MB): Diario del Festival, 13 de diciembre, incluye la caretera de hoy y mañana

Cuba, una isla del Caribe, les ofrecía a los cineastas latinoamericanos la oportunidad de pensar en la utopía también desde el cine. Mas, para que esta siguiera existiendo era necesario seleccionar un símbolo, un elemento que los invitados llevaran a sus casas como muestra de la calidad de sus filmes, pero también como recordatorio de un evento que los esperaría cada año. Aunque, científicamente hablando, la palabra coral no es reconocida, coloquialmente se emplea para nombrar una vasta colonia de especímenes diferentes en formas y colores. Bajo el manto de esta diversidad transcurrieron los primeros cinco años del Festival de La Habana.

Para la quinta edición en 1983, ya se puede ver a Nelson Pereira dos Santos sosteniendo un Coral Negro, o a Eliseo Alberto (Lichy) Diego recibiendo el premio al Mejor Guion Inédito, por primera vez instaurado entonces en el  Festival. A partir de esta edición, esta especie de coral negro se haría sistemática. Cuatro años después, el coral negro se convertiría en logo del Festival.

Cuenta la leyenda que algunos de los especímenes entregados como premios eran extraídos en la caleta posterior a la primera casa cubana de Fernando Birri, hoy Casa de Protocolo de la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños. Por más de veinte años, los premiados del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana se llevaron a casa un fragmento de mar, una pieza de las costas cubanas.

En los finales del siglo xx, el evento, progresista por historia y por derecho, debió pensar en la protección al medio ambiente y a estas especies. En ese sentido, uno de sus fundadores y presidente en ese momento, Alfredo Guevara, lanza la
convocatoria a artesanos y artistas para crear una escultura que representara este símbolo ya indisolublemente unido al evento. Así llega hasta nuestros días el artista artesano Jorge Gil, quien talla en bronce los Corales, y desde este año los pinta de negro. De cobre o naturales, el Festival de La Habana no se imagina sin sus corales, como tampoco diciembre existe en Cuba sin el cine.

(Tomado del Diario del Festival)

El spot del 39 Festival de Cine de La Habana

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