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 La Televisión asume esta prioridad en diferentes espacios y canales

En una época dominada por la cultura audiovisual, el consumo ha cambiado, en la red prevalecen los productos comunicativos digitalizados, estos forman parte de estrategias creativas y producen nuevas formas perceptivas e intermediales.

Desde nuestra TV pública es esencial el aporte al conocimiento mediante procesos culturales que influyan en la participación ciudadana, en el cultivo de la memoria histórica, de los valores éticos y estéticos.

El perfeccionamiento del diseño de programación constituye un eslabón imprescindible para mantener en la pantalla el equilibrio de temas, formatos, estilos, conflictos, relatos, personajes. Con este propósito se privilegia la cinematografía nacional en varios programas y espacios, entre ellos: Cine del ayer (Cubavisión, lunes, 2:00 p.m.), Letra fílmica (Canal Educativo, martes, 9:30 p.m.), Cinevisión (Multivisión, lunes, 11:34 p.m.).

El destacado escritor Omar González reconoce que estamos en la era del audiovisual omnipresente.Los espectadores continúan siendo fieles a las producciones nacionales. Cuba es uno de los países donde se proyecta más cine sustentado en el criterio en la diversidad; no obstante, la complejidad aumenta, los destinatarios no están ajenos a la banalidad y la seudocultura de productos que indiscriminadamente pasan de mano en mano.

De acuerdo con Omar González: “el cine es mucho más que el placer de los ingenuos, la agudeza de los elegidos, o la evocación inteligente de la memoria, es un asunto de importancia estratégica ante la avalancha hegemónica del imperialismo en la cultura”.

El trabajo articulado de los talentos y de las instituciones propicia compartir lo valedero entre todos, visibilizar historias de densidad espiritual vertidas en audiovisuales.

La crisis del mundo contamina a diario. Los códigos de la educación y la cultura permiten descifrar las formas de enunciación, la expansión de las industrias del entretenimiento, las formas de la subjetividad instauradas en el ciberespacio, en los videojuegos y las puestas electrónicas.

Promover, difundir las producciones de calidad influye en el saber, el gusto, la sensibilidad de los públicos interesados en la apropiación de significados artísticos y construcciones identitarias con una dimensión humanista, enaltecedora.

Nunca lo olvidemos que cada texto audiovisual propone disímiles complejidades, las cuales requieren acuciosos análisis e interpretaciones.

Según reconoce la documentalista Niurka Pérez: “una buena historia tiene que ser contada de manera atractiva, novedosa. Para transgredir las convenciones establecidas debemos conocerlas profundamente”.

Como parte de los nuevos modos de construcción y del ejercicio ciudadano, el consumo televisivo forma parte del proceso de enseñanza-aprendizaje, exige formación integral que dé fundamento histórico y cultural al conocimiento de las más avanzadas tecnologías.

En opinión de la joven actriz Andrea Doimeadiós, protagonista del filme El techo, exhibido por la televisión cubana: “no bastan los equipos sofisticados para lograr una puesta de connotación estética; el trabajo actoral, el estudio consciente, la disciplina, la dedicación, son indispensables”.

La incorporación de hábitos culturales influye en el ver/descubrir lo valioso durante la vida. En la actualidad las informaciones no circulan en un solo sentido, la relación entre medios y espectadores es cada vez más circular, por tanto requiere adiestramiento durante la lectura de las historias televisuales.

En el siglo XXI el consumo fragmentado de imágenes se extiende por la red, hay que estar alertas a las prácticas de producción simbólica y de sentido en el ámbito de lo visual. La difusión de nuestros valores artísticos contribuye a la articulación de relaciones dinámicas con el mundo.

Directivos, realizadores, públicos son conscientes de la dialéctica cada vez evidente entre lo asentado como clásico y las múltiples transformaciones con que las nuevas condiciones de producción condicionan los filmes cubanos, muchos de ellos presentes en la memoria de generaciones interesadas en la valía de la estética audiovisual, las experimentaciones visuales y narrativas, estas nunca pasan de moda.

El ver/descubrir motiva interrogantes, la búsqueda de soluciones a problemáticas de diversa índole, incentiva la curiosidad que lejos de cerrar caminos, sedimenta el pensamiento enriquecedor.

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