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El 29 de agosto de 1973 nació el programa Historia del cine, con guión y conducción de José Antonio González, un hombre que reunía dos características muchas veces  no compatibles: era un hombre atractivo (Embrujo antillano le decían)  y estaba rodeado de una aureola de sencillez que bien ocultaba (si lo había) el narcisismo.

Conocí personalmente a Pepe, así le apodaban, a finales de los 70,  en un viaje que hice a la Isla de Juventud, y él allí estaba en una visita de trabajo. Conversamos mucho de su programa y luego nos vimos algunas veces en La Habana, una de ellas cuando me dio botella en medio de tremendo aguacero y le empapé su carrito chiquitico, si no me equivoco un VW.

No creo que José Antonio se imaginara que aquel Historia del cine llegaría a 45 años. Tampoco que perdería la vida el 3 de septiembre de 1989 en un accidente de aviación. Estas sencillas líneas se las debía a un hombre que me demostró que cultura, inteligencia, sencillez, nobleza y atractivo pueden darse la mano y caminar en una misma persona.

Le pido a Juan Antonio, el camagüeyano García Borrero,  el fragmento que publicó en su blog La pupila insomne

“Por una excelente entrevista concedida a Mario Piedra para la revista “Cine Cubano”, hoy podemos recordar aquel “espíritu crítico” que guardaba el propio José Antonio González hacia el programa. Según sus palabras, “(…) crítico, pero no tan virulento. Simplemente objetivo. A Historia del Cine lo siento como algo mío y eso me parece natural. Ello no me impide tomar distancia y darme cuenta de sus (mis) insuficiencias, reiteraciones y, en algunos momentos, falta de creatividad e imaginación.

He discutido esto largamente con Galiano, quien ha venido al programa para quedarse y, de paso, resolverme graves problemas de tiempo que incidían en todo mi trabajo y prácticamente en el programa. Tal solución le ha dado estabilidad a Historia del Cine y creo que el sentido de organización y rigor de Galiano y muy especialmente su meticulosidad, ha rescatado para el programa un tono saludable. Claro que aún discutimos y tratamos de corregirle defectos. Nos hacemos muchas preguntas, por ejemplo, ¿cómo hacerlo más ameno y atractivo sin perder su perfil didáctico y la seriedad en el tratamiento de los problemas?

Siempre he creído que la crítica no puede ser un estado de ánimo o una reacción emocional, es y tiene que ser un método de trabajo y un principio para la vida”.

Y de Juany es este otro trozo:

“Con Galiano persiste el mito de su incorrupta parsimonia, que lo hace parecer, en medio de tanto cubaneo televisivo, todo un lord escapado de algunas de las películas que él mismo presenta (como si con cada aparición tuviese lugar la versión nacional de “La rosa púrpura del Cairo”). El propio Galiano le comentaría a Mario Piedra sobre la recepción de su imagen del siguiente modo:

“Es un problema de apreciación. Otros televidentes, cuando me conocen personalmente, me comentan que por televisión me veo más joven o más viejo, más gordo o más flaco, más alto o más bajito. Quizá esos a los que tú aludes, si algún día nos encontráramos, cambiarían de impresión… o confirmarían la que ya tienen. Lo que sí reconozco es que me pongo muy serio, lo que no es necesariamente sinónimo de “almidonado”. Te voy a contar algo. Periódicamente recibo cartas de dos televidentes que aún no he podido descubrir si sin reales o imaginarias y que se autodenominan “las jimaguas”. Las “jimas” –así firman- se entretienen en apostar entre ellas, en cada uno de los programas, a que si me sonrío o a que no. La que apuesta a que no, me dice que ha hecho una fortuna. La otra, no sé por qué insiste en seguir el juego. Temo que se arruine…”.

Yo he tenido la suerte de ver reír a Galiano mientras me habla de la vida y sus problemas (incluyendo al cine, que en todo caso es un falso problema, o si se quiere, un problema entretenido), y nunca he podido agradecerle del todo su desprecio al egocentrismo, no obstante saberse una persona “muy popular”. Quizás ese implacable consumidor de imágenes de televisión que somos todos, nos hace pensar que esa obstinada circunspección contradice la naturaleza más bien ligera de la televisión. Pero en mi criterio, hay allí un equívoco: cuando la televisión se usa para compartir sentimientos, no para imponerlos o lanzarlos al vacío como fatuos fuegos artificiales, “lo serio” termina aglutinando espectadores muy fieles.”

A Carlos Galiano le debo una entrevista. Me han virado los correos y no he insistido, pero en estas semanas que el programa  celebra  “a todo trapo” su cumpleaños 45, le he escuchado a dos personas que “se va del aire”. ¡No lo  creo!.

Ya mi amigo Guillermo Rodriguez Rivera en el blog Segunda cita escribió hace un tiempo “Pero, de pronto, “Historia del Cine” simplemente desapareció.

    Hace unas semanas, cuando todavía se trasmitía, encontré casualmente al también amigo Galiano y le dije que el programa presentaba filmes que tenían una presencia escasamente importante en la historia de la cinematografía. En verdad, cualquier película pertenece a la historia del cine pero, en un programa que lleva ese nombre uno espera ver las que establecen tendencias formales o temáticas, las que realmente han ido jalonando el devenir de ese arte.

    Es cierto que muchas películas trascendentes ya se habían pasado tiempos atrás, pero siempre existían nuevos jóvenes que merecían ver filmes como El acorazado Potemkin, La diligencia, Vértigo, Los cuatrocientos golpes y Viridiana: nadie iba a protestar por la repetición de una obra maestra del cine.

    Pero en lugar de mostrar las obras fundamentales de la historia del cine, el espacio ha desaparecido. Yo recuerdo los cine debates que se hacían en las mañanas de domingo en los años sesenta, las programaciones de películas clásicas en la Cinemateca de Cuba, los ciclos sobre grandes directores llevados a cabo en Bellas Artes y cómo contribuyeron esas promociones a la información y formación del gusto cinematográfico de las nuevas generaciones. De ahí surgieron críticos y directores de cine y también espectadores más exigentes con lo que se exhibía.”

Silvio Rodriguez comentó a renglón seguido: “Comparto completamente estos criterios de Guillermo. Creo que Historia del Cine debe volver a la Televisión Cubana y no irse nunca. Las actuales y futuras generaciones lo seguirán agradeciendo.”

Escribo estas líneas envuelta en esos estrenos que podían haberse transmitido tiempos atrás como El celuloide oculto, un documental de 1995 de Rob Epstein y Jeffrey Friedman, y producido por Estados Unidos-Francia-Alemania-Reino Unido y que bien vale como material de alto valor instructivo para las clases a estudiantes de cine o televisión.

Tres observaciones finales: la entrevista con Galiano la haré,  gracias a Juany por el pedazo de texto que le robé y por el bien de la cultura cinematográfica del televidente espero que Historia del cine no sea historia pasada dentro de un  tiempo y continúe ofreciéndonos interesantes y útiles programas  para aprehender más ese fenómeno que se nombra cine.

 

 

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