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Mucho prometían las noches del pasado fin de semana en el canal Cubavisión, porque en la del sábado se iniciaría la esperada segunda temporada de la serie De amores y esperanzas y se produciría el estreno del programa Al fin sábado, mientras para el horario estelar del domingo estaba reservado el retorno de La Colmena TV.

Con semejantes expectativas era para no salir de casa, porque dichas propuestas están avaladas por unos nombres y por una obra de tan probada eficacia -y cada cual en lo suyo- como la realizada por Raquel González, Gloria Torres y Carlos Alberto Cremata. Sin embargo, no dejaron de provocarme cierto desconcierto algunos matices -y prefiero no llamarles máculas- evidenciados en dichos espacios.

Por citar un ejemplo, De amores y esperanzas, sin dar más explicaciones o referencias, retomó el conflicto desencadenado en su anterior y ya bien distante temporada entre Ana (Coralita Veloz) y Elsa (Edith Massola), como si a estas alturas el televidente promedio -que tiene tantas cosas en qué pensar en su atareada vida cotidiana- pudiera recordar muy fácilmente el origen del distanciamiento de ambos personajes. Y confieso que yo para rememorarlo tuve que hacer un extraordinario esfuerzo de memoria.

Por su parte Al fin sábado -un nombre cuya simplicidad e intencionalidad me resultaron muy prometedores- en mi opinión se quedó por debajo de cuanto se espera de un espacio sabatino donde converjan lo musical, lo humorístico y otras atracciones a la usanza de una oferta de tal naturaleza. En esta ocasión, por sobre la música prevalecieron las palabras, ya fuera a cuenta de "sketchs" de cuestionable hilaridad, de extensos parlamentos, o de entrevistas que ya van siendo tan abundantes en los medios... y a veces hasta innecesarias. Y es en este punto donde me surge otra inquietud: ¿resulta necesaria en este programa una competencia de canto, cuyo dictamen ni siquiera se argumentara? Vaya, que en ese caso sí hubieran estado muy justificadas las palabras, digo yo.

Quedaba entonces La Colmena TV para satisfacer las expectativas que para el pasado fin de semana yo me había forjado, al igual que muchísimos televidentes a lo largo y estrecho de nuestro país, sobre todo porque esta vez el certamen tuvo en cuenta a niñas y niños de toda Cuba, ¡qué bien! Y fue muy bueno que en su "overtura" este formidable proyecto diera a conocer el complejo proceso de selección de los treinta y dos pequeños competidores... y no treinta y tres como dijera con mucho entusiasmo el nuevo conductor, sin que en la edición se corrigiera esta pifia.

Y fue muy satisfactorio saber que el calificado y sensible jurado volverá a ser el mismo. Y muy emotivo evocar con tanta sencillez y belleza -justo como ella hubiera deseado- a la recientemente fallecida Iraida Malberti, directora del Ballet Infantil de la Televisión Cubana y ángel tutelar de La Colmenita. Pero hubo en mi criterio el matiz desconcertante -quizás con la pretensión de añadir un tono pintoresco a esta "premiere"- de mostrar las imágenes y -peor aún- los comentarios típicamente "coleros" suscitados en las multitudinarias filas organizadas en tres regiones del país para participar en el "casting" por orden de llegada... como debe ser. ¿Era preciso demostrar de ese modo el masivo nivel de convocatoria alcanzado por este concurso de talentos infantiles? A mi juicio, no.

De cualquier modo, y por tratarse de tres propuestas televisivas que han de llevar el cuño de sus muy experimentados realizadores, tengo la esperanza de que la serie escrita y dirigida por Raquel González -en cuyo primer capítulo han aflorado intensos conflictos, diálogos sensatos,  convincentes actuaciones y esa música de Silvio como apoyatura dramatúrgica- iguale la altura de su primera temporada.

Que Al fin sábado nos remita a ese buen hacer que Gloria Torres -su guionista y directora- ha demostrado en espacios como el premonitorio Te quedarás o el creativo Rompiendo la rutina. Y que de la mano franca de Tin Cremata, La Colmena en TV siga siendo esa fresca y deleitosa brisa que en las noches dominicales de este ardiente verano una vez más nos haga sentir a flor de piel nuestra cultura, el orgullo patrio y esa infancia que muchos televidentes creyeron haber dejado atrás.

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