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 Con el propósito de llegar a las mayorías, la TV Cubana transmitió la inauguración del 26 Festival Internacional de La Habana

En el siglo XXI, de ningún modo se puede comprender la sociedad, sus complejidades y entorno, sin la comunicación. Resultan imprescindibles programas que aporten contenidos sólidos mediante realizaciones artísticas, para contribuir al entretenimiento, la construcción de saberes, el desarrollo del intelecto, y la educación del gusto.

Suele simplificarse, en ocasiones, el impacto del medio televisual, su capacidad de persuadir al entrar en el espacio íntimo, donde espectadores heterogéneos, participativos, conceden significados disímiles a lo que ven en pantalla.

La transmisión televisual de la inauguración del 26 Festival Internacional de Ballet de La Habana propició un amplio diálogo con los públicos en todo el país. Dicha práctica merece sistemática presencia en la pantalla, lo facilita el espacio La danza eterna (Canal Educativo, miércoles, 9:00 a.m.), con guion y presentación de Ahmed Piñeiro, quien propone una mirada valorativa sobre personalidades, aportes coreográficos, tendencias e ideas sobre esa manifestación artística.

Transmitir en vivo obras clásicas y contemporáneas requirió de una puesta para la tv, la cual se enfrentó al desafío de ubicar cámaras en teatros no habilitados para estos fines y adaptarse a la iluminación preconcebida para el montaje escénico. Captar ejecuciones, desplazamientos, momentos irrepetibles, la pasión de individualidades relevantes, exige maestría y sensibilidad por parte de directores responsabilizados con el registro de un arte efímero en formatos tecnológicos.

Aunque la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, directora general del Ballet Nacional de Cuba, no estuvo físicamente en el teatro, fue distinguida como lo merece, pues constituye un referente imprescindible para consagrados y jóvenes bailarines.

En la transmisión, Roberto Ferguson, director de probado magisterio en este tipo de espectáculo, utilizó primeros planos de evidencia en la medida que lo permitieron las condiciones técnicas restringidas y la limitación del espacio en teatros, donde espectadores interesados en el hecho artístico, lógicamente no toleran la perturbación que provocan artefactos ajenos al discurso in situ.

Como creación colectiva, la televisión demanda saberes, disciplina, ingenio de los técnicos y otros especialistas que intervienen en el programa. El ballet requiere del camarógrafo la capacidad de expresar la evidencia de lo real, y la realidad de la evidencia, debe ser consciente que capta movimientos y música para la vista y el oído. Sin duda, este arte requiere especialización, gusto por él, sensibilidad exquisita en el sentido de comprender la levedad, el éxtasis, que alcanzan valor de eternidad mediante los atributos referidos en cada plano.

Hay que aprovechar las potencialidades de la tv como espacio de producción cultural desde la sabia reflexión del dramaturgo y notable poeta Nazim Hikmet (1901-1963) cuando dice: “El arte no es un monólogo, es un dialogo”. Al revelar la verdad escénica a través de la imagen poético-estética de discursos artísticos se retoma la conexión con entendidos que promueven el descubrimiento de compositores, músicas, coreografías e intérpretes talentosos reconocidos en el ámbito internacional.

Seguir llevando el ballet a casa mediante la tv tradicional es una manera de continuar la tradición en caminos de acercamientos a esta manifestación.

Surgido en 1960, el Festival constituye uno de los grandes encuentros danzarios del mundo. Hasta el 6 de noviembre, los televidentes disfrutarán de transmisiones en directo y retransmisiones, se acercarán de una manera especial a la historia de esa manifestación artística que tiene realce en el Ballet Nacional de Cuba.

 

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