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El poemario manuscrito inédito del reconocido actor cubano evoca entre sus creaciones al Titán de Bronce

Además de haber encarnado con gran excelencia histriónica a figuras imprescindibles de la Historia cubana, como José Martí y Carlos Juan Finlay, la versatilidad artística de Salvador Wood abarca la composición poética que igualmente expresa su tributo ferviente a quienes como él dignifican a nuestra patria.

Con este sencillo correo, Patricio Wood me reveló una obra muy emotiva con el propósito de darla a conocer en el Portal de la Televisión Cubana y la revista digital En Vivo:

“Ahora te comparto este intento poético de Salvador, encontrado en un poemario manuscrito que, como verás, fue escrito el 7 de diciembre de 1956, cuando el viejo tenía 26 años”.

A 122 años de la caída en combate de Antonio Maceo, junto al teniente Francisco (Panchito) Gómez Toro en San Pedro, honramos al Titán de Bronce compartiendo con nuestros lectores el poema escrito por Salvador Wood.

XVII

Hoy está sangrando el costado de la patria

Desde la playa al monte un frío sobrecoge

Los penachos de las palmas miran hacia abajo

¡como banderas a media asta!

Los ríos contienen la precipitación de sus aguas.

Hasta la cascada quiere ser arroyuelo de suave rumor.

Los montes han hecho más coposo y tupido su ropaje

para ahogar el trino de las aves

Lago en calma es el mar del Caribe a Las Bahamas,

del golfo a los Cuatro Vientos.

En poniente un bosque.

Pinos elevan su oración funeral

y allá en Oriente,

en la ansiedad del hijo ausente,

las cumbres lo nombran,

los llanos le gimen,

sus huellas le aguardan

y su sombra le espera…

La concha de palmas, de espuma y de sol,

que en las manos de dios vino del fondo del mar

para servirle de cuna.

Ese tesoro del cielo

que la mano suprema situó frente al continente

y que alguien a quien tragó los siglos llamó Cuba.

Hoy está triste…

Hoy viste de luto toda su extensión

Con lágrimas de dolor y agonía  forjó a su hijo mejor.

Creó una perla primada…

Grande y vigorosa se hizo en su seno

y cuando ya calmaba los dolores de su madre amada

un golpe artero le arrancó de su seno

la concha de palmas de espuma y de sol

sufrió su ausencia

mas no lloró.

Ya no era necesario ni una lágrima rodar

porque antes de abandonarla le había conquistado su libertad

y su muerte era su último dolor

Aquella concha de palmas,

de espuma y de sol,

no tenía por qué con lágrimas forjar un nuevo redentor

Tuvo una perla… una sola.

Antonio Maceo… el titán…

para siempre se llamó.

 

                                                           7 de diciembre de 1956.

 

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