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En varias oportunidades he defendido los programas televisivos que interactúan con los públicos, ya sea porque son de participación, con personas en el estudio, de opinión en respuesta a cartas, tweet o sms o en vivo, con comunicación con el televidente.

Esa es una de las razones por las que disfruto de varios programas del Canal Habana: entre ellos, Libre acceso y Hola Habana. Sé que no es lo mismo un  telecentro que un canal nacional, el primero por dirigirse a un área geográfica limitada, no tiene que responder, es obvio, a todo el territorio cubano. Lo que es noticia (o de interés) para el habanero quizás no lo es en Holguín o Matanzas.

Disfruto de las secciones de la revista vespertina capitalina, porque en su mayoría responden a los intereses de los televidentes que se comunican por diversas vías, (teléfonos, sms, cartas que son atendidas y respondidas) y  especialmente he seguido a Papelitos hablan.

Mi colega Pepe Alejandro, ese crack  del periodismo cubano, logró situar el problema  del ciudadano común en las cámaras y empujar para que se resolviera el entuerto: un par de ancianos que vivían rodeados por aguas albañales y necesitaban un arreglo de envergadura  o un monumento abandonado por la desidia de los vecinos.

Pepe hace unos días dijo que Papelitos hablan  tomaba un receso para volver a salir cuando en empaque superior, se pudiera hacer una mejor entrega. Creo que además de mejor presentada, esa sección requiere de respuestas a las quejas de los capitalinos que confían en su canal como vía para manifestar un entuerto.

Otro telecentro que aunque no sigo (porque no puedo),  TunasVisión, me mostró en un reciente viaje, cuanto se puede conseguir estableciendo un  vínculo con los televidentes, que incluso pueden experimentar un cambio de vida.

Es el caso de Aniuska  Licea González, una mujer que fue fiscal jefa durante 24 años en la provincia Granma y en Las Tunas. Su bello hijo Andres Alejandro se preparaba   todo el tiempo en la escuela Camilo Cienfuegos de Granma “soñaba con que fuese Fiscal militar”, me dice Aniuka.

Pero como no siempre “hijo de gata caza ratón” en un verano, una amiga que estaba en la casa de visita y escuchó cantar a Andrés, lo embulló para que se presentara  en el programa Casi como ayer. Él le hizo caso.  Su madre no sabía nada hasta que un día Margaret Balanza, productora del espacio televisivo, la llamó para decirle que su hijo era el que más votos había recibido en el concurso de popularidad.

Lo de Andrés no es un gen por vía paterna: su papá licenciado en Cultura física y defectología, actualmente es el director provincial de la pesca, nada que ver con la música.

El muchacho, ya en ese momento matriculado en leyes en La Habana, viajó sólo para informar que no seguiría los estudios, que se dedicaría a cantar. Hoy es cantante solista en la Empresa comercializadora de la música y los espectáculos; compone e interpreta boleros fundamentalmente. ¿Es bueno?. No lo sé, no soy experta en esa manifestación que intento recibir sólo a nivel sensorial. Puedo afirmar que me gusta, la vida dirá si es bueno o no.

En tanto Aniuska,  hoy una repostera de marca mayor (de eso doy fe), confiesa que “TunasVisión me cambió la vida”.  

Son dos ejemplos, hay muchos más: los ganadores de Bailando y Sonando en Cuba, La colmena TV, tuvieron oportunidades varias a partir de esos triunfos. Pero también es importante que se tape un salidero fluvial o los vecinos afectados por el cambio de una ruta de ómnibus, reciban  una solución o una respuesta.

Interactuar con los públicos es una tarea no siempre bien cumplida por los medios de comunicación, especialmente por la TV. Para que la información no sea unidireccional y saber cómo va un programa, hay que estar al tanto que piensa (al menos) el público al que se dirige ese espacio, sino es agua tirada a un molino.

 

 

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