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 Entrevista con los compositores cubanos Juan Antonio Leyva y Magda Rosa Galbán, quienes valoran la importancia de la obra musical pensada para el cine y la televisión

Después de robar 40 000 dólares de su empresa y conducir bajo una intensa lluvia, la secretaria Marion Crane decide tomar una ducha en el viejo motel Bates. Mientras que el agua alivia el cansancio del cuerpo, la cortina  deja entrever la cercanía de una misteriosa sombra, la cual no es percibida por la hermosa mujer. De repente, el placer del baño es convertido en tormento.  El brusco movimiento de la cortina, el cuchillo sostenido con fuerza, los gritos desconsolados de Crane y, sobre todo, la música con olor a muerte,  dibujan ante los ojos del espectador uno de los asesinatos más fríos vistos hasta entonces en la pantalla cinematográfica.

A más de medio siglo de su rodaje, la escena en la ducha de Psicosis continúa infundiendo terror  en aquellos que deciden ver la película en una concurrida sala de cine o en la soledad de la casa. Sin embargo, para los compositores cubanos Juan Antonio Leyva y Magda Rosa Galbán, el impacto de la famosa escena del cineasta Alfred Hitchcock no sería el mismo sin la música de Bernard Herrmann.

"Bernard Herrmann es un grandísimo compositor de la época dorada del cine de Hollywood. Es inconcebible la secuencia de la ducha sin su música, pues esta aporta un nivel de tensión mucho más poderoso que la propia imagen",  asegura Juan Antonio Leyva, quien cuenta con más 40 años de experiencia como compositor en Cuba.

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La telenovela brasileña de turno apenas logra una tibia recreación dos culturas (a golpe, no faltara más, de sus elementos más evidentes), sin que la trama alcance consistencia…

Todo es bonito en Sol naciente (Globo, 2016), como se supone que luzca todo en una «novela de las seis». A la hora en que se transmite en Cuba (más o menos a las 9:00 p.m.), allá en Brasil la propuesta suele ser más trepidante, más conflictiva y hasta sórdida. Sol naciente, en definitiva, está concebida para un público «amable», que prefiere historias para pasar el rato antes que la emoción avasalladora de un folletín «duro». Si al auditorio cubano le parece inocente y apacible esta trama, ya conoce su «pecado» original… que para algunos puede ser incluso hasta una virtud.

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Concurso Adolfo Guzmán:  LA MANZANA DE LA…POLÉMICA

 Vea Galería de fotos al final   

 

 I En 1971 Un mundo para todos dividido, (poesía) de Roberto Sosa; La última mujer y el próximo combate (novela) de Manuel Cofiño, y  Ojo por diente (cuento) de Rubén Bareiro, fueron los  Premios Casa de las Américas.

Eduardo Galeano, entonces un desconocido autor uruguayo de 31 años, mereció una mención con Las venas abiertas de América Latina, el libro que poco tiempo después se convirtió en una suerte de clásico en nuestro continente.