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 Aproximaciones a la serie LCB: La otra guerra, reconocida con el Caracol de la Uneac  

Cada pueblo tiene un singular proceso de formación. Sin las pequeñas y las grandes historias es imposible conocer hechos, circunstancias, héroes anónimos, de cada nación.

Lo patentizó la serie LCB: La otra guerra, reconocida con el Gran Premio en ficción en el concurso Caracol de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac).

La memoria histórica constituye un relato complejo, desentrañarla desde el audiovisual propone atender a los nuevos sentidos que se le otorga al arte como espacio de reflexión.

Al guionista Eduardo Vázquez Pérez, autor de la idea original y del argumento, se unieron en la escritura Yaima Sotolongo y Alberto Luberta Martínez, director general, para contar en 15 capítulos, de 45 minutos, la lucha contra bandidos librada en la sierra del Escambray.

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El año 2017 estuvo caracterizado por cambios en la parrilla de la programación de Cubavisión, transformaciones expresadas, en lo fundamental, en el incremento de programas de participación de público.

Con el propósito de satisfacer las expectativas de no pocos televidentes, en el canal más popular de la televisión cubana aparecieron nuevos espacios competitivos y de participación, que con aciertos y desaciertos cubrieron, en cierta medida, el lugar que desde hacía años permanecía vacío.

Entre las propuestas con que inició el año estuvo Bailando en Cuba, iniciativa de RTV Comercial, que devolvió a la pantalla de los hogares una competencia de danzas populares, que aunque más cercana a un concurso coreográfico, satisfizo muchas añoranzas.

El programa reunió a jóvenes parejas de todo el país, que en fraternal enfrentamiento demostraron la ejecución de coreografías complejas, montadas por reconocidos creadores, quienes se entregaron con esmero a la tarea de preparar a sus discípulos.

Si bien es cierto que muchos esperaban una competencia en la que bailadores defendieran la ejecución de ritmos populares, sin más preparación que su afición por el baile y el conocimiento adquirido en el bregar diario, Bailando… tuvo como principal logro el retomar una iniciativa esperada por generaciones.

Dedicado fundamentalmente al público infantil, por ser los más pequeños sus protagonistas, apareció en la pantalla de los hogares La Colmena TV, programa donde niñas y niños hacían galas de sus habilidades histriónicas,  musicales y danzarias, demostrando su talento.

En este particular quisiera detenerme unas líneas para reflexionar sobre la necesidad de preservar en la infancia proyecciones escénicas acordes a edades tempranas, teniendo en cuenta que cada día los infantes estás más lejos de lo que un día fue y más cerca de la adultez.

Los niños deben mantener el encanto de la inocencia, y los medios están llamados a contribuir con eso, algo que fue tratado con mucho cuidado por el colectivo del programa, que destacó por la simpatía de sus protagonistas, la espontaneidad y el buen gusto.

Otro espacio que llegó a los hogares a través de la señal televisiva fue Somos familia, que los sábados, después del noticiero, pretendió contribuir con el entretenimiento, pero que en mi opinión quedó por debajo de su cometido. Coincidieron con este criterio muchos televidentes con quienes dialogamos:

“…es un programa vacío que dista mucho de lo que el público espera de una competencia…”, “…no se cuál es el hilo conductor del programa, tal vez la idea fue buena, pero lo que llegó a la pantalla careció de muchos elementos, deben revisar el guión, para que sea mejor en su propuesta…”, o “…la televisión cubana tiene problemas, como todas, pero siempre se ha caracterizado por lo educativo, quizás en exceso, pero en este caso ha sido por defecto, es un programa al que le falta mucho para satisfacer lo que el público espera…”

Opiniones como estas, creo serán útiles para el equipo de realización del programa, quienes deben revisar las venideras temporadas, si es que hay alguna pensada.

Muy diferente es el criterio de quienes siguieron Quien Vive, propuesta de domingo que tuvo como protagonista a los artistas aficionados de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).

Este programa, concebido en el aniversario 290 de la Universidad de La Habana, y el 95 de la organización estudiantil, ponderó la labor como artistas de quienes se forman en los centros de altos estudios en el país.

La coherencia y el tino caracterizaron las noches de domingo, después del noticiero, durante los últimos meses de 2017, brindando a familiares, vecinos y colegas la posibilidad de apreciar otras facetas de la vida de los jóvenes que a diario vemos cargados de libros rumbo a las aulas.

 Música y danza fueron reinas en los programas. Además, los jóvenes protagonistas de las emisiones dieron a conocer cómo se logra llevar al mismo tiempo el estudio y el arte.

Para adolescentes con inclinaciones y habilidades para la música apareció Zona Jam, espacio en el cual cuatro bandas de Jazz, formadas de manera aleatoria, compitieron mostrando sus destrezas musicales, propuesta que alcanzó las palmas de muchos conocedores del género.

El talento de los chicos y los buenos deseos del colectivo se sobrepusieron a los obstáculos objetivos y subjetivos, para llegar con una sugerencia refrescante, con una estética atractiva y aires de futuro, dándoles la posibilidad a los participantes de intercambiar con consagrados en la ejecución de las sonoridades jazzísticas, al tiempo que les permitió escoger el repertorio para cada oportunidad.

Ideas como estas merecen una mirada más aguda y tal proyección que garantice el futuro de los noveles talentos descubiertos en los espacios televisivos u otros medios; con miras a promover la formación de nuevas generaciones de músicos, conocedores de las matrices culturales que les han legado muchos cultores inolvidables de la música y la cultura cubanas. De manera tal que se oriente mejor el gusto por la música nacional y proliferen cada vez menos las sonoridades carentes de calidad.

Los que se mantienen y solidifican

Pero no solo novedad hubo en cuanto a la participación de público en Cubavisión, pues La neurona Intranquila se ratificó en el gusto de muchos amantes de la propuesta inteligente, que siempre aporta al conocimiento y que ha permanecido como una de las iniciativas loables en cuanto a programas de su tipo.

Oportunidades para todos los grupos de edades ofrece este espacio, en el cual el conocimiento de elementos fundamentales en las diferentes esferas del saber, protagoniza las noches de viernes, a partir de un guion concebido para toda la familia.
 

Y por supuesto, Sonando en Cuba da pasos certeros hacia la mayoría de edad: en 2017 la tercera temporada estuvo matizada por constantes novedades en las que los competidores siempre encontraron oportunidad para no abandonar el concurso.

La mayoría de los géneros identificados en esta Isla han sido interpretados en las competencias por jóvenes de todo el país, que muy bien preparados han devuelto la vitalidad al bolero, la canción, el son tradicional y otros.

Tal vez falte aproximaciones más intencionadas a la rumba, la música campesina y los ritmos del oriente de Cuba, pero sin dudas Sonando… es una iniciativa que se agradece muchísimo y el público reconoce como “tabla de salvación para la música cubana”.

Asimismo varios televidentes expresan preocupación por los derroteros que ha ido tomando la programación musical de la TV Cubana en los últimos tiempos, “más apegada a ritmos foráneos carentes de la estética a que estamos acostumbrados”.

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El uso indiscriminado del Paquete semanal, ese canal televisivo difundido por buena parte de Cuba, me han hecho  escribir uno que otro texto acerca de la responsabilidad de padres, abuelos, tíos, en fin adultos, con menores  que residan  en el hogar.

He visto a niños y niñas con cuatro o cinco años jugando en un lugar donde una pantalla reproduce robos, crímenes, incluso violaciones.  Esos chiquillos no son responsables si luego de ver una escena pretenden tocar el seno de una mujer o una niña. Los culpables son los mayores.

Mucho menos la culpa puede caer en el famoso paquete porque en un mundo cada vez más interconectado, con tantas wifi y los nauta hogar, en cualquier momento se baja el mejor video clip o el más pornográfico. El acceso a esa metralla que está en la nube es una responsabilidad individual y cada vez nos tenemos que acostumbrar más a esa realidad de hoy, no del futuro.

Ahora bien, dentro de la oferta de audiovisuales se puede pescar alguna que otra joya, por ejemplo Der jungen Karl Marx (El joven Marx), que ya desde Hamburgo Jóse Benedí y  Volker Krüger, me habían recomendado ver, porque ambos saben que Marx fue y es mi amante.

De esa incitación han pasado unos meses y yo he escrito a varios camaradas sin que ninguno me hiciera llegar la película, hasta que el viernes pasado estando en la playa mi amigo Victor Fowler me llamó diciendo “en el paquete de esta semana está El joven Marx”. Le pedí que me lo trajera en una memoria y ayer lo hizo.

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Acercamiento a las construcciones mediáticas mediante la visión de varios artistas

En América Latina el vínculo narración e identidad cultural comenzó a manifestarse desde la década del ochenta, la polisemia del verbo contar resulta significativa, pues lo que no se cuenta, lo que no se dice, lo que no se visibiliza, no existe.

 

  • La diversidad y la calidad artística distinguen al Coro del Instituto Cubano de Radio y Televisión.

 

Los públicos de ningún modo están ajenos al acelerado proceso industrial, este desvincula la producción cultural de las comunidades donde lideran la creciente hegemonía de la técnica, los nuevos medios audiovisuales, el flujo de las imágenes.

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