Para la Televisión Cubana siempre ha sido un reto dar respuesta a los requerimientos de la programación que se dirige al público infantil y adolescente, principalmente en el período estival.  

 Varias son las razones, entre ellas se destaca la necesidad de dirigirse a un grupo poblacional nada homogéneo que se encuentra en diferentes estadios de su desarrollo psíquico y de proponerles programas que, reconociendo estas diferencias, se inserten con éxito en los esfuerzos que realiza la familia y la escuela en la formación educacional y cultural.   Las particularidades de la personalidad de los niños plantean a la televisión la exigencia de poner en pantalla una amplia diversidad de programas cuyos géneros, contenidos y tratamientos temáticos se correspondan con la madurez que progresivamente van alcanzando.   Se debe garantizar una programación orientada a las características de los grupos de edades y aun tratamiento diferenciado, ajeno a la subestimación de las capacidades de los niños y adolescentes. Esta debe caracterizarse por un lenguaje claro, correcto y comprensible; ser muy diversa y prestar atención a la calidad artística y promoción de los programas.

De ahí la necesidad de considerar las sugerencias que hacen nuestros televidentes más jóvenes para mejorar, no solo la programación de verano sino la propuesta televisiva en sentido general. De lo que se trata es de construir una televisión desde ellos y para ellos; una televisión en que los niños y adolescentes puedan desarrollar una participación protagónica como televidentes y productores de sentido, y que se desempeñen también como emisores.   Por esta razón, el Centro de Investigaciones Sociales realizó un estudio de las principales tendencias de consumo del auditorio infantil y adolescente ante la programación de verano. Fueron sistematizados los principales resultados de las investigaciones acerca de este tema entre el 2006-2016. Comportamiento del auditorio infantil La programación infantil de verano que la Televisión Cubana oferta cada año se ha mantenido con un nivel de audiencia elevada, mantiene un alto nivel de convocatoria para los niños, adolescentes y jóvenes.

A veces la historia debe contarse desde la gran epopeya; otras desde sus líderes, pero siempre será una bella experiencia situar el relato revolucionario en esa suma de individuos humanos y sencillos que es el pueblo, como lo demostró la recién concluida teleserie LCB La Otra Guerra

Durante el rodaje de la teleserie LCB La Otra Guerra, que se ha transmitido cada sábado y retransmitido los martes, nos acompañaron situaciones muy diversas. El año y medio de preparación, rodaje y posfilmación dio fruto en una obra tan querida e imperfecta como los seres humanos delante o detrás de las cámaras.

Aproximaciones a preceptos de un género preferido por generaciones

En toda buena historia la imaginación no violenta la construcción de una realidad sino que se basa en ella. Como en toda narrativa ficcional del género policíaco se arma la trama desde el eje de un acto criminal o delito que impulsa las acciones dramáticas, requisito esencial para seducir a los públicos siempre en espera de un relato entretenido en sintonía con la “verdad” del diario acontecer.

Existe una fórmula de la industria cultural casi infalible para atrapar: mezclar en un mismo producto audiovisual el género policiaco, el misterio y la fantasía

Con Grimm, David Giuntoli interpreta su primer gran rol al representar a Nick Burkhard

Las televisoras lo han entendido muy bien: existe una fórmula casi infalible para atrapar: mezclar en un mismo producto audiovisual el género policiaco, el misterio y la fantasía. Funcionan muy bien esas series al estilo de la muy gustada Supernatural o de aquella que ahora Multivisión transmite su quinta temporada, Grimm, que construye su propia mitología al presentarnos dos mundos separados, pero enlazados por un personaje muy peculiar: Nick Burkhard.