El documental “Manuela, el rostro rebelde del cine cubano", del realizador Manuel Francisco Jorge Pérez, fue presentado en Santiago de Cuba

Aun cuando revolucionó el cine cubano con ese rostro de mujer campesina, reacia y de natural talento, Adelaida Legrá no descansa en la fama de los que triunfan. Ahora vive entre las montañas y la paz que le ofrece la hospitalidad de Santiago de Cuba. Su nombre volvió a clasificar entre las noticias del séptimo arte al presentarse en esta ciudad el documental “Manuela, el rostro rebelde del cine cubano", del realizador Manuel Francisco Jorge Pérez.

El equipo de realización de LCB: La otra guerra asegura que no hubo adulteración del sentido de los hechos: «cada uno de esos asesinatos terribles cometidos por los alzados tiene nombres y apellidos, fecha y lugar»

Las emociones despertadas por la serie LCB: La otra guerra, que se transmite desde marzo por la Televisión Cubana, han llenado de satisfacción a sus creadores, como lo confirmaron Alberto Luberta Martínez, director y guionista; y Eduardo Vázquez Pérez, investigador histórico, creador de los argumentos y del cual partió la idea original. Lo asegura también el reconocido actor Osvaldo Doimeadiós, quien se les unió para visitar la Redacción Multimedia de Juventud Rebelde con el propósito de responder los comentarios e interrogantes de nuestros lectores.

Algunos, afuera y adentro, dicen que es mentira. Y, sin embargo, ocurrió de verdad. Otros, más jóvenes y algunos que no lo son tanto, se asombran ante la violencia, se preguntan si lo que ven es, más que realidad, ficción para conmover frente al televisor. Y ante esa pregunta, de nuevo aparecen los hechos, tercos e impenitentes, palpables en documentos, objetos, libros, fotografías y, sobre todo, en el relato de los testigos.

El viejo axioma de que la realidad puede superar a la más frondosa de las imaginaciones reaparece con L.C.B: la otra guerra, la nueva serie de televisión que aborda la lucha contra el bandidismo en la década de 1960. Pero más allá del asunto artístico, la serie trae a colación otras cuestiones, como, por ejemplo: si los hechos están ahí, ¿cuál es la razón por la que sus capítulos levantan tanta polémica?; ¿por qué, incluso, quienes no los miran desde la maldad y la negación se asombran y ponen en balanza de duda lo allí contado?

La serie que transmite Multivisión se ocupa de asuntos arduos de nuestra cotidianidad, para satisfacción de algunos televidentes… y estupor de otros.

La serie Zoológico (Multivisión, martes y jueves, 8:30 p.m.) fue ya un fenómeno de público antes de ser transmitida por la televisión.
Por cuestiones en las que no vale la pena insistir ahora (aunque ameritarían un buen reportaje) se filtró y llegó al paquete.

Miles de espectadores la vieron «de carretilla», capítulo tras capítulo en largas sesiones. Es que la propuesta se presta para eso: hay mucha peripecia, los capítulos suelen cerrar bien, las tramas «enganchan».

Tienen para enganchar: hablan precisamente de lo que la gente suele pedirles a los dramatizados nacionales: del aquí y ahora, de los avatares de nuestra cotidianidad.

Con un añadido: buena parte de los temas son «conflictivos», abordan zonas arduas y polémicas de nuestro día a día. Y eso, se sabe, es «pan caliente» para nuestros televidentes.

Zoológico asume, en alguna medida, ese realismo sucio que abunda en cierta literatura de las últimas décadas. Pero ojo, no se llegan aquí a ciertos extremos.

Eso que llamamos «la realidad» no puede ser asumido como un ente inamovible. La realidad es disímil, compleja. Puede llegar a ser muy dura (y somos más o menos conscientes de esa), pero la televisión la «pasa» siempre por sus filtros.