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La amplia producción de concursos televisivos puede limitar en nuestra TV la producción de géneros y formatos tradicionales con eficacia comunicativa, cultural, educativa e ideológica demostradas, como los animados, las series juveniles, los cuentos, los teatros y novelas

En los llamados productos mediáticos, comunicativos o simbólicos confluyen sentidos, miradas, visiones y matices múltiples; esa polisemia suele desdibujar los límites entre tipologías, funciones, formatos y géneros tradicionales. El proceso se potencia hoy cuando está de moda la fusión.

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 Muchos coinciden en destacarle como una de las periodistas más seguidas en la Televisión Cubana, prefiero distinguirla como una de las profesionales más capaces a la hora de humanizar cada espacio, sea desde las imágenes o los sonidos

Cuando presenta un tema, se siente la seguridad a la hora de conducir el guión sin afeites añadidos, simplemente, Arleen Rodríguez Derivet se arma con toda la información cuando defiende sus espacios.

Destaco que, como en todo programa en vivo, se le ha visto equivocar el bocadillo y salir sin problemas de la situación sin que esto moleste al receptor.

La Derivet o la colega, creo que esto último es lo que mejor le acomoda por su sencillez, es la Coordinadora General de la Mesa Redonda, que trasmite Cubavisión. Fue directora del diario Juventud Rebelde e integra la presidencia de la Unión de Periodistas de Cuba.

Cuando se le pregunta sobre la función de ciertos espacios, pone en primer orden la idea de “informar ampliamente”, reto que logra y se le van los minutos como agua entre las manos dejando con ansias de saber más al que le sigue.

Generalmente en los programas en los que Arleen trabaja las preguntas son inteligentes. Salen de una mujer con preparación pero podría ser la voz de cualquier público, surgen en el transcurso de los diálogos, o sea, ella también “sabe escuchar”, y en cada cambio de cámara no se dedica a colarse con rapidez a la rigidez de las escaletas: realidad que se ve a diario en la televisión que hacemos con premura o sin preparación previa.

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Fue tanto el éxito de la primera temporada de la premiada serie que aborda la lucha contra bandidos, que ya se proyecta la segunda. Lo confirmó a este diario su director Alberto Luberta Martínez

Monte, fango, mosquitos, calor, armamento difícil de manejar, más de cien actores en el elenco, reconstrucción de una época desde el vestuario y la escenografía… Sin embargo, nada empañó —ni siquiera el obligado receso de tres meses por autorizaciones tar-días— el deseo de asumir el reto más grande: contar un pasaje de la historia de nuestro país poco reflejado en la televisión en los tiempos actuales, en los que el público —sobre todo joven— demanda productos que, si son de corte histórico, sean creíbles y entretenidos.

Abordar episodios de la lucha contra bandidos en la década del 60, principalmente en El Escambray, desde la mirada del joven miliciano de a pie, héroe anónimo que arriesgó su vida en las lomas sin obtener luego reconocimientos o distinciones importantes, fue la carta de triunfo por la que apostó el equipo de realización de LCB: La otra guerra.

La serie de 15 capítulos, puesta a consideración del público el pasado año por el canal Cubavisión, sacó a la luz sucesos, anécdotas y emociones desde la idea original de Eduardo Vázquez Pérez, con guion de Yaíma Sotolongo y también de su propio director, Alberto Luberta Martínez.

Fue precisamente LCB: La otra guerra el motivo por el que Luberta Martínez mereció el Gran Premio Caracol 2017 de Ficción en  la categoría de Televisión. El rea-lizador recibió además el Premio Colateral que entrega la Biblio-teca Nacional José Martí en Di-rección y Guion, galardón este último también otorgado a sus co-guionistas.

Estos lauros, sin duda, reconocen la labor no solo del equipo de realización sino también de los asesores, los colaboradores y de aquellos que ofrecieron su testimonio a partir de sus vivencias personales para que las historias reales, aunque matizadas con pinceladas de ficción, llegaran al público.

 «Lamentablemente en nuestra televisión escasean series y documentales que aborden temas históricos, y aunque el factor económico es determinante para realizarlas, no es menos cierto que aun disponiendo de presupuesto para ello, se ha provocado en ocasiones un distanciamiento con el público, una actitud de rechazo hacia este tipo de productos por la manera en la que se han presentado los hechos y los personajes» asegura Luberta Martínez.

«El audiovisual es un arte de equipo y el trabajo con los personajes debe ser un todo coherente desde que el proyecto es solo una idea. La caracterización de cada uno y el desempeño de los actores a la hora de interpretarlos deben llevarnos a concebir antagonistas sólidos, sin que ello se traduzca en el clásico héroe/antihéroe, que impida que el primero pueda equivocarse y que el segundo muestre un lado positivo de su personalidad.

«Uno de los aciertos que, tal vez, tuvo LCB: La otra guerra fue precisamente el tratamiento humano de los personajes. El equipo siempre estuvo muy atento para que cada una de las historias y conflictos mostrados resultaran creíbles, justamente porque podía haberle sucedido a cualquiera».

Siempre supo Luberta Martínez, desde que Eduardo Vázquez lo motivó con la idea, que sería un rodaje complicado. Transcurrió más de un año de trabajo, y hoy cada uno de los actores y miembros del equipo de realización tienen muchas anécdotas de momentos difíciles que contar, pero imagino que recibir buenos criterios de la serie, sobre todo del público, sea el mejor reconocimiento a su esfuerzo.

«No pocos de los actores, la mayoría jóvenes, se asombraron de lo que contábamos porque creían que la lucha contra el bandidismo fue cosa de cuatro tiros y ya. Investigaron mucho, leyeron, interpretaron sus personajes, pero ante todo, aprendieron, y siento que la motivación partió del hecho de sentir que aquellas personas eran de carne y hueso igual que ellos, con defectos y virtudes.

«Las contradicciones en una guerra deben mostrarse, aunque existan en el mismo bando. Es parte de la realidad. Si los actores más jóvenes aprendieron, es muy probable que jóvenes televidentes también, y es esa otra razón para sentirse satisfecho con el resultado de la serie».

—LCB: La otra guerra tendrá una segunda temporada, y ello evidencia la aceptación del público y el apoyo de los productores.

—Estoy muy contento con la idea. RTV Comercial lo solicitó a partir de las peticiones del público en la calle, en los foros de internet, en varios espacios. Eso es una buena señal, por eso estamos tan motivados para escribir los guiones de esa segunda temporada.

«Me interesaría, incluso, si me lo proponen, hacer otra obra de contenido histórico, porque los vacíos que aún existen con relación a muchos episodios de nuestro pasado pueden eliminarse de alguna manera por esta vía, sin que se conviertan en arquetipos didácticos».

Ojalá otros creadores, como lo ha hecho Roly Peña, se interesen por el abordaje de sucesos de nuestra historia, partiendo de la premisa de humanizar las situaciones y sus protagonistas.

—Sería muy productivo que se multiplicara el interés por estos contenidos, y por otros en general. La oferta se diversifica si existe una sana competencia entre nosotros, los realizadores, y el público cubano podrá satisfacer sus intereses, siempre y cuan-  do le ofrezcamos un producto de calidad.

«Podemos reflejar nuestra realidad desde múltiples aristas y aunque las limitaciones económicas a veces demoran la ejecución de los proyectos, una voluntad institucional más constante y fuerte siempre será muy importante para apoyar el trabajo que hacemos, y que en definitiva, el público agradecerá».

Alberto Luberta Martínez puede sentirse orgulloso de LCB: La otra guerra, y no precisamente por haber recibido estos reconocimientos en el Premio Caracol 2017. Después de haber investigado y trabajado tanto, «y perder todos los zapatos viejos que tenía en esos montes», la satisfacción plena llega cuando se da cuenta de que cada uno de los miembros de su equipo y el público en general considera que quedó saldada una gran deuda. O varias.

Ojalá otros actores se interesen por el abordaje de sucesos de nuestra historia, afima Luberta (al centro).  Fotos tomadas del Portal de la Television Cubana

Si los actores jóvenes aprendieron es muy problable que los jóvenes televidentes también, afirmó el director de la serie.

 

 

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 La programación del Canal Educativo que incluye teleclases y cursos de Universidad para Todos, han servido como un valioso aliado de la educación de la juventud. Estos dos espacios que se insertan en la política cubana de juventud destinada a elevar el nivel educacional y cultural de los adolescentes y jóvenes

En el mundo se hace necesario llevar a cabo políticas de juventud por las condiciones específicas de los jóvenes que necesitan preparación, formación y requieren de ayuda y asistencia particular.

La población joven han sido elegida como prioritaria para el desarrollo de políticas, así como de programas y proyectos, ya que los jóvenes no solo son destinatarios de servicios sino también son actores estratégicos del desarrollo, a través de su participación protagónica en la modernización económica, social y política del país, por lo que necesitan elevar su nivel educativo y cultural, fomento de valores, etcétera.

En Cuba las políticas de juventud han estado incluidas dentro de las políticas sociales de desarrollo social del país. Desde el triunfo revolucionario en 1959, se ha tenido una visión de la juventud de carácter constructivo y se le ha brindado un papel protagónico en la construcción de la Revolución. Entre las direcciones fundamentales de la política de juventud se encuentran la educación, el empleo, la salud, la recreación, actividades laborales, entre otros.

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