Nilza González Peña profundiza en los intereses, las motivaciones y preferencias de los niños cubanos en torno a los animados

Los múltiples vínculos de las identidades individuales, colectivas y marginadas, las organizaciones juveniles cubanas, el uso del tiempo libre y la orientación profesional constituyen algunos de los temas esenciales que comprende el libro Identidad, cultura y juventud.

El volumen, compilado por la investigadora Elaine Morales Chuco y editado por el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, representa una invitación provocadora a pensar y debatir acerca de la relación de estos tres ejes, esenciales para la cultura de nuestro país.

En los últimos tiempos, el análisis de los productos televisivos –con una mirada alejada de la autocomplacencia– ha encontrado espacio en diversas publicaciones, sobre todo del mundo digital, como son el Portal de la Televisión Cubana, Cubadebate o la revista La Jiribilla.

Desde hace aproximadamente un año, los integrantes de la Sección de Crítica de Cine, Radio y Televisión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) se reunieron con varios ejecutivos del Instituto Cubano de Radio Televisión (ICRT) para plantearles la necesidad de crear un espacio televisivo donde se le hiciera una radiografía a los productos audiovisuales que se transmiten por ese medio de comunicación masivo.

La amplia producción de concursos televisivos puede limitar en nuestra TV la producción de géneros y formatos tradicionales con eficacia comunicativa, cultural, educativa e ideológica demostradas, como los animados, las series juveniles, los cuentos, los teatros y novelas

En los llamados productos mediáticos, comunicativos o simbólicos confluyen sentidos, miradas, visiones y matices múltiples; esa polisemia suele desdibujar los límites entre tipologías, funciones, formatos y géneros tradicionales. El proceso se potencia hoy cuando está de moda la fusión.

 Muchos coinciden en destacarle como una de las periodistas más seguidas en la Televisión Cubana, prefiero distinguirla como una de las profesionales más capaces a la hora de humanizar cada espacio, sea desde las imágenes o los sonidos

Cuando presenta un tema, se siente la seguridad a la hora de conducir el guión sin afeites añadidos, simplemente, Arleen Rodríguez Derivet se arma con toda la información cuando defiende sus espacios.

Destaco que, como en todo programa en vivo, se le ha visto equivocar el bocadillo y salir sin problemas de la situación sin que esto moleste al receptor.

La Derivet o la colega, creo que esto último es lo que mejor le acomoda por su sencillez, es la Coordinadora General de la Mesa Redonda, que trasmite Cubavisión. Fue directora del diario Juventud Rebelde e integra la presidencia de la Unión de Periodistas de Cuba.

Cuando se le pregunta sobre la función de ciertos espacios, pone en primer orden la idea de “informar ampliamente”, reto que logra y se le van los minutos como agua entre las manos dejando con ansias de saber más al que le sigue.

Generalmente en los programas en los que Arleen trabaja las preguntas son inteligentes. Salen de una mujer con preparación pero podría ser la voz de cualquier público, surgen en el transcurso de los diálogos, o sea, ella también “sabe escuchar”, y en cada cambio de cámara no se dedica a colarse con rapidez a la rigidez de las escaletas: realidad que se ve a diario en la televisión que hacemos con premura o sin preparación previa.