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Criticadas por su marcado carácter comercial, guiones llenos de lugares comunes y tramas cliché, las novelas o miniseries surcoreanas han logrado imponerse en el gusto de millones de televidentes a nivel internacional.

La llamada “Ola Coreana” parece haber llegado para quedarse y Cuba no está exenta del fenómeno, pues se cuentan por cientos de miles los fanáticos en nuestro país de esta clase de programas.

Algunas series de ese país se han rodado en la televisión nacional cubana y otras pasan de mano en mano a través de memorias USB y discos duros.

La industria del K-drama, como también se le conoce, se ha triplicado desde principios de los años 2000. En la actualidad ingresa más de 239 millones de dólares solo por concepto de exportaciones.

Pero, ¿cuál es el secreto de su éxito?

Producción en serie y guiones a la carta

Las serie tradicionalmente constan de 16 episodios, cada uno de 70 minutos de duración y muy rara vez hay segundas temporadas, señala BBC Mundo.

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Mucho prometían las noches del pasado fin de semana en el canal Cubavisión, porque en la del sábado se iniciaría la esperada segunda temporada de la serie De amores y esperanzas y se produciría el estreno del programa Al fin sábado, mientras para el horario estelar del domingo estaba reservado el retorno de La Colmena TV.

Con semejantes expectativas era para no salir de casa, porque dichas propuestas están avaladas por unos nombres y por una obra de tan probada eficacia -y cada cual en lo suyo- como la realizada por Raquel González, Gloria Torres y Carlos Alberto Cremata. Sin embargo, no dejaron de provocarme cierto desconcierto algunos matices -y prefiero no llamarles máculas- evidenciados en dichos espacios.

Por citar un ejemplo, De amores y esperanzas, sin dar más explicaciones o referencias, retomó el conflicto desencadenado en su anterior y ya bien distante temporada entre Ana (Coralita Veloz) y Elsa (Edith Massola), como si a estas alturas el televidente promedio -que tiene tantas cosas en qué pensar en su atareada vida cotidiana- pudiera recordar muy fácilmente el origen del distanciamiento de ambos personajes. Y confieso que yo para rememorarlo tuve que hacer un extraordinario esfuerzo de memoria.

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 ¿Quién dice que los buscados seriales son apolíticos, nada más que entretenimiento?  

Escuchaba por azar un diálogo entre dos consumidores de los llamados “paquetes” digitales, de los que de alguna forma, totales, parciales, selectivos, ocasionales o potenciales, somos todos los que disponemos de los medios apropiados de reproducción. Una le recomendaba y ofrecía a otro para que lo copiase y viese un buen elaborado filme inspirado en una verídica gesta latinoamericana frente a poderes extranjeros de sometimiento. Su reticente e huidizo interlocutor, terminó rechazando la propuesta, alegando que se trataba de una cinta “muy politizada”, y que en su lugar prefería “entretenerse” con “refrescantes” seriales de intrigas provenientes de la  establecida y exitosa fábrica hollywoodense de ensueños.

Aunque en efecto, según la vieja máxima popular de que “para gustos los colores…”, de respeto a las libres elecciones individuales en múltiples ámbitos de la vida, ello no quita inevitables preguntas reflexivas tales como si acaso puede creerse que tales producciones audiovisuales de considerables preferencias sean políticamente asépticas, o distracción químicamente pura, capaces de lograr una “desconexión” de las tensiones del mundo real.

Vana ilusión esta última si todo productor mediático para destinos masivos explícita o implícitamente intenta desde una asunción o referencia ideológica y un  intencionado punto de vista político una representación de un modo de vida social determinado recurriendo al despliegue de sus correspondientes valores y símbolos.

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 Esta semana el tema de la sección Contrapunteo, en el Noticiero Cultural, vuelve a focalizar los debates al respecto

En el nuevo acercamiento al tema del turismo cultural en Cuba que propuso el Noticiero Cultural de la Televisión Cubana, sobresalió el enfoque del periodista y crítico de arte Pedro de la Hoz, quien subrayó ideas esenciales tales como: ordenar con seriedad las opciones culturales a los consumidores y opacar las intenciones de crear cultura artificial para el turismo.

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PREMIO NACIONAL DE TELEVISIÓN 2018 A Clara Inocencia Castillo Alcántara

Con solo 9 años de edad, se inicia como locutora y actriz aficionada en un programa infantil en la emisora radial Radio Turquino, de Santiago de Cuba.

Con diversos premios y reconocimientos se graduó en la Escuela para Instructores de Arte en 1964. En 1968 comienza a trabajar en el Canal Tele Rebelde de Santiago de Cuba, como primera directora de programas de diferentes espacios Informativos, Infantiles, Juveniles,  Dramáticos, Musicales y Deportivos, así como de Eventos Especiales. En razón de ello ha obtenido un sinnúmero de premios y reconocimientos en Festivales Nacionales de Televisión y Caracol de la UNEAC.

Fue delegada al Festival del Nuevo Cine Latinoamericano en 1989 y jurado del festival Internacional de Documentales “Santiago Álvarez in memorian” en el 2002.

Fue Presidenta del Consejo Artístico de Tele Turquino y Presidenta de la Comisión de Evaluación de esta entidad.

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PREMIO NACIONAL DE TELEVISIÓN 2018 a Enrique Alberto Bonne Castillo.

Fundador en 1968 del Canal Tele Rebelde.

Dirigió la programación musical y luego Director de Programación de ese Canal. Así mismo, Dirigió la Coral Tele Rebelde durante 19 años. Músico popular cubano, creador de ritmos, autor de varios temas musicales interpretados por su grupo y por diferentes agrupaciones, con una vasta trayectoria musical, dentro y fuera del ámbito nacional.

Nació en San Luis, Santiago de Cuba, el 15 de junio de 1926. Inició su carrera públicamente como autor musical en 1950.  Se graduó de locutor trabajando luego en radio Turquino y en ocasiones en Cadena Oriental de Radio, cuando radicaba en Santiago de Cuba.

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