La serie Zoológico (Multivisión, martes y jueves, 8:30 p.m.) fue ya un fenómeno de público antes de ser transmitida por la televisión.
Por cuestiones en las que no vale la pena insistir ahora (aunque ameritarían un buen reportaje) se filtró y llegó al paquete.
Miles de espectadores la vieron «de carretilla», capítulo tras capítulo en largas sesiones. Es que la propuesta se presta para eso: hay mucha peripecia, los capítulos suelen cerrar bien, las tramas «enganchan».
Tienen para enganchar: hablan precisamente de lo que la gente suele pedirles a los dramatizados nacionales: del aquí y ahora, de los avatares de nuestra cotidianidad.
Con un añadido: buena parte de los temas son «conflictivos», abordan zonas arduas y polémicas de nuestro día a día. Y eso, se sabe, es «pan caliente» para nuestros televidentes.
Zoológico asume, en alguna medida, ese realismo sucio que abunda en cierta literatura de las últimas décadas. Pero ojo, no se llegan aquí a ciertos extremos.
Eso que llamamos «la realidad» no puede ser asumido como un ente inamovible. La realidad es disímil, compleja. Puede llegar a ser muy dura (y somos más o menos conscientes de esa), pero la televisión la «pasa» siempre por sus filtros.

Aun cuando revolucionó el cine cubano con ese rostro de mujer campesina, reacia y de natural talento, Adelaida Legrá no descansa en la fama de los que triunfan. Ahora vive entre las montañas y la paz que le ofrece la hospitalidad de Santiago de Cuba. Su nombre volvió a clasificar entre las noticias del séptimo arte al presentarse en esta ciudad el documental “Manuela, el rostro rebelde del cine cubano", del realizador Manuel Francisco Jorge Pérez.
Algunos, afuera y adentro, dicen que es mentira. Y, sin embargo, ocurrió de verdad. Otros, más jóvenes y algunos que no lo son tanto, se asombran ante la violencia, se preguntan si lo que ven es, más que realidad, ficción para conmover frente al televisor. Y ante esa pregunta, de nuevo aparecen los hechos, tercos e impenitentes, palpables en documentos, objetos, libros, fotografías y, sobre todo, en el relato de los testigos.



