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 Aproximaciones a filmes que alertan sobre el fascismo y su repercusión en generaciones

La doctora Aracely García-Carranza es un nombre imprescindible entre los expertos dedicados a la investigación biobibliográfica.

“Todos los suyos están muertos. Asesinados”, dice el personaje de Glasha mientras observa al niño que busca en el pantano los cuerpos calcinados de su familia. Esta escena de la película Ven y mira, dirigida por Elem Klímov, formó parte del ciclo fílmico Aniversario 70 de la victoria sobre el fascismo (Multivisión), el cual colocó en la pantalla hechos que nunca pueden repetirse.

La tragicidad espeluznante de la puesta audiovisual alerta a los pueblos del mundo. Imposible desconocer u olvidar la repercusión de la Gran Guerra Patria (1941-1945) en generaciones, la heroicidad del ejército soviético en la lucha contra el fascismo alemán, la participación de los aliados y cómo repercutió la contienda bélica en el territorio devastado de Europa.

Sin aquella victoria el mundo contemporáneo sería hoy diferente. El registro documental al que aportaron entrevistas, reportajes, series, ofreció evidencias de la guerra y el conocimiento sobre las dimensiones colosales de la maquinaria impuesta por el III Reich alemán.

Veintisiete millones de soviéticos fueron víctimas mortales de los horrores del genocidio. Hechos, circunstancias y conflictos afloraron en relatos, estos cuentan historias lejanas en el tiempo que hoy adquieren otra connotación en tanto llaman a nunca olvidar lo ocurrido: la derrota de la Alemania nazi, el heroico desempeño del ejército y el pueblo soviéticos ante la avalancha de enemigos superiores en número y armamentos.

Desde otro punto de vista, el filme La vida es bella (Multivisión, domingo, 9:00 p. m.), describe la monstruosidad del fascismo. Roberto Benigni, protagonista, director, guionista junto a Vincenzo Cerami, acudió al libro autobiográfico Derroté a Hitler, de Rubino Romeo Salmoni, uno de los

últimos judíos romanos supervivientes de la persecución nazi.

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Mucho se puede hablar del humor, pero no muchos saben hacerlo.

A nivel internacional abundan conceptualizaciones, análisis críticos, propuestas, intentos por descifrarlo, y en el caso cubano, como es natural, no puede obviarse el más lúcido de los trabajos acerca del tema: Indagación del choteo, de ese grandísimo y polémico escritor nuestro, Jorge Mañach. Prueba de lo difícil que resulta encasillar las expresiones humorísticas y darles un único sentido son, precisamente, los años que dicho intelectual dedicó a retocar su gran ensayo, al que, por cierto, remito a todos los interesados, sobre todo si quieren adentrarse en la aventura de criticar el humor cubano. Tengo la sospecha de que nunca se dio por satisfecho del todo, y si para él fue complicado, es fácil imaginar cuán escabroso resulta para nosotros, sin el caudal teórico y sin el exquisito manejo del lenguaje de Mañach.

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En varias oportunidades he defendido los programas televisivos que interactúan con los públicos, ya sea porque son de participación, con personas en el estudio, de opinión en respuesta a cartas, tweet o sms o en vivo, con comunicación con el televidente.

Esa es una de las razones por las que disfruto de varios programas del Canal Habana: entre ellos, Libre acceso y Hola Habana. Sé que no es lo mismo un  telecentro que un canal nacional, el primero por dirigirse a un área geográfica limitada, no tiene que responder, es obvio, a todo el territorio cubano. Lo que es noticia (o de interés) para el habanero quizás no lo es en Holguín o Matanzas.

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Acercamiento a programas televisivos que promocionan el patrimonio sonoro de la nación  

Lo que muchos llaman proverbial musicalidad del pueblo cubano enfatiza la rítmica con una peculiar propensión al baile y al canto en contextos en los cuales están presentes inflexiones avaladas por el desarrollo de la cultura. Mezclas diversas originaron géneros, cuyo espíritu alimentan la fisonomía de nuestra música, reconocida en el mundo.

Festivales, conciertos, recitales, celebraciones de amplia trascendencia en espacios televisuales, propician acercamientos a figuras notables del patrimonio nacional.

Ocurrió durante la reciente XVIII Fiesta del tambor Guillermo Barreto in memoriam en sedes habaneras. Él se distinguió por la estabilidad ritmática, fue un percusionista versátil, de oído musical privilegiado.

De los grandes se aprende a diario aunque falten físicamente. Así lo atestiguan programas como Nota a Nota (Cubavisión, martes, 3:00 p.m.), Música y más (CE, viernes, 8:30 p.m.) y De la gran escena (Cubavisión, miércoles 8:30 p.m.), en ellos, sus realizadores revelan ideas, pensamientos, aportes, de creadores notables sin omisiones respecto a períodos históricos, formaciones o edades.

Son conscientes que la cultura musical no se transmite por ósmosis, ni se establece mediante decretos, requiere un proceso de construcción articulado mediante conceptos, saberes, experiencias y referentes.

El tresero Pancho Amat es Premio Nacional de Música.

Mediante entrevistas, videos, fonogramas, en dichos espacios se demuestra que los instrumentos de percusión pueden cantar con voz propia y hasta constituyen una orquesta o conjunto de voces, los cuales desarrollan un discurso polirrítmico.

El conocimiento de la legitimidad de raíces devueltas como forma artística de significación estética contribuye a preservar la valía del bongó, de la clave, y una convicción esencial: en la llamada Isla de la Música se fortalece la identidad sonora.

El profesor José Loyola destaca la importancia de la tradición musical y el acervo de nuevas técnicas y estéticas.

Dichas emisiones patentizan que la percusión cubana sumerge al intérprete dentro de sí mismo. Tanto la batería como la percusión cubana necesitan dedicación durante toda la vida.

Amplias referencias a la edición 23 de la Feria Internacional Cubadisco, del 18 al 26 de mayo, significan su prominencia como acontecimiento cultural y artístico. En comentarios y presentaciones, intérpretes, productores, musicólogos, manifiestan la necesidad de formar espectadores críticos con capacidad de discernimiento para distinguir entre lo valioso y lo banal, en este sentido la educación del gusto musical es esencial, requiere una labor sistemática, estable, de todos los implicados en la promoción y la difusión musical.

Según reconoce el tresero Pancho Amat, “la música es un bien cultural y un bien de consumo, pues establece una comunicación de códigos simbólicos entre el creador y el consumidor, hay que  pensarla como rama de la industria cultural en el contexto de la renovación tecnológica, el desarrollo de la distribución digital, la proliferación de tendencias y estilos”.

Para Waldo Mendoza, “es fundamental llegar al sentimiento de las personas con temas que hablen del amor, la comprensión y la alegría”.

En opinión del profesor José Loyola, compositor, musicólogo, flautista, doctor en Teoría de la Música, y director de la orquesta Charanga de Oro: “Ningún género musical en particular es chabacano. Aunque en la actualidad algunos absorben un mayor componente de mal gusto y hasta sedimentos seudolingüísticos que llegan hasta las fronteras de lo obsceno, lo cual agrede la convivencia en nuestro entorno, las costumbres, la educación y el comportamiento social”.

En esencia, se trata de comprender un proceso de continuidad, en el cual confluyen tradiciones, evolución y contemporaneidad, tríada que conduce al desarrollo de músicas de calidad artística en beneficio  de públicos diversos.

Waldo Mendoza cautiva a diferentes generaciones.