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 Valoración de aspectos que pudieran mejorar las puestas en pantalla de concursos de baile y canto

Desde los años 50 pasados la televisión iberoamericana privilegió el modelo de radiodifusión con fines mercantiles. De ahí que los concursos de talento artístico no sean simples competencias donde los espectadores aficionados devengan intérpretes-protagonistas con reconocimiento colectivo.

Nacidos en este modelo de gestión comunicativa pronto se convirtieron en soportes óptimos para aplicar estrategias, campañas y acciones de mercadeo, merchandising, comunicación y promoción que buscaban fortalecer sus relaciones productivas, financieras y simbólicas con los productores de medios de consumo o servicios, los anunciantes, el Sistema de estrellas y el espectáculo; aportando innumerables ganancias sobre el capital invertido y notoriedad social.  

Su  impacto popular y pervivencia en las prácticas mediáticas-culturales los han inscrito en nuestro imaginario colectivo y tradición donde han alternado con variados fines comunicativos-culturales.

En los últimos realizados por la televisión cubana -los megaproyectos Sonando en Cuba y Bailando en Cuba- se funde nuestro legado y el de las versiones harto recicladas en la región. Este mimetismo de modos y visiones mediáticas,  culturales, comunicativas y simbólicas se catapulta hoy a escalas inéditas por la euforia generada por el universo digital. 

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Jara y Osmani, junto a sus premios. Foto: L Eduardo Domínguez/ Cubadebate

Cuando Jara y Osmany, dos jóvenes de las provincias orientales, irrumpieron en los escenarios habaneros, dieron mucho de qué hablar. La integralidad, la limpieza de sus ejecuciones, el cuidado en los detalles de la interpretación y una notable empatía, fueron los elementos que le atribuyeron el triunfo a la pareja. Para muchos, bastó con esa mirada cómplice. Otros estupefactos ante las “cargadas”, recordaban las acrobacia del Circo del Sol, una virtud que quizá le deban a la práctica de deportes años atrás.

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Lizt Alfonso ha logrado lo que pocos: crear una compañía, un estilo, una institución cultural y, además, llevar adelante una notable labor social a partir de haber fundado la escuela que en 2016 recibió en la Casa Blanca el Premio Internacional de Honor a petición del Comité Presidencial para las Artes y las Humanidades. Pero también Lizt ha conseguido llegar con sus espectáculos a todos los públicos, en los teatros más importantes del mundo; ser nombrada, por la Unicef, Embajadora de Buena Voluntad, así como convertirse, junto a Roclan González, en la coreógrafa de Bailando, video que clasifica como el séptimo más visto en la historia de YouTube y el más reproducido en el idioma español.

Por todas esas razones y porque quedó para la historia que Lizt Alfonso Dance Cuba (LADC) ha sido la primera (y única de la Isla hasta la fecha) en actuar en la afamada ceremonia de los Grammy Latinos, como también la que solo ha logrado temporadas estables en el New Victory Theatre de Nueva York, fue que Manolito Ortega no dudó ni un instante en elegirla, junto a Santiago Alfonso y Susana Pous, como una de los jueces de Bailando en Cuba.

Involucrada como está de lleno en el montaje de Latido, el espectáculo con el que quiere seguir celebrando el aniversario 25 de LADC, y cuyo estreno mundial tendrá lugar en mayo, la responsable de aplaudidas puestas en escena como Alas, Elementos, Cuba vibra!, Vida y Amigas, hubiera podido rechazar con «clase y elegancia» la invitación que le cursaran, pero Lizt supo desde el principio que verse obligada a triplicar sus esfuerzos ameritaba la pena. «Le he puesto toda mi fe. Nuestro pueblo baila hasta en sueños y esos sueños merecen la oportunidad de convertirse en realidad. Y te digo más: el hecho de que Manolito Ortega estuviera a la cabeza del equipo de realización de Bailando en Cuba, ya garantizaba mi sí».

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Pasaje a lo desconocido y Antena son dos programas que durante años han promovido el desarrollo científico y tecnológico

Pasaje a lo desconocido es uno de los programas de la Televisión Cubana que se ha dedicado durante dos décadas a despertar la curiosidad de los públicos por temas científicos.    

Desde 1997 este espacio se ha caracterizado por las abundantes preguntas inteligentes y respuestas del mismo calibre, antes de que el televidente vea el documental.    

Meritorio resulta que se haya mantenido en el aire con altos índices de audiencia y gusto. Pero más significativo aún es el hecho de que miles de espectadores se comuniquen con su equipo, mediante cartas o correos electrónicos, según datos mostrados recientemente por el conductor Reynaldo Taladrid.
     
Este destacado periodista tiene un particular estilo de preguntar, que unos aplauden y otros critican. A los del primer grupo les encanta que él saque mil y una interrogantes que obligan al invitado a dar la mayor cantidad de explicaciones en el menor tiempo posible.