Escuchaba por azar un diálogo entre dos consumidores de los llamados “paquetes” digitales, de los que de alguna forma, totales, parciales, selectivos, ocasionales o potenciales, somos todos los que disponemos de los medios apropiados de reproducción. Una le recomendaba y ofrecía a otro para que lo copiase y viese un buen elaborado filme inspirado en una verídica gesta latinoamericana frente a poderes extranjeros de sometimiento. Su reticente e huidizo interlocutor, terminó rechazando la propuesta, alegando que se trataba de una cinta “muy politizada”, y que en su lugar prefería “entretenerse” con “refrescantes” seriales de intrigas provenientes de la establecida y exitosa fábrica hollywoodense de ensueños.
Aunque en efecto, según la vieja máxima popular de que “para gustos los colores…”, de respeto a las libres elecciones individuales en múltiples ámbitos de la vida, ello no quita inevitables preguntas reflexivas tales como si acaso puede creerse que tales producciones audiovisuales de considerables preferencias sean políticamente asépticas, o distracción químicamente pura, capaces de lograr una “desconexión” de las tensiones del mundo real.
Vana ilusión esta última si todo productor mediático para destinos masivos explícita o implícitamente intenta desde una asunción o referencia ideológica y un intencionado punto de vista político una representación de un modo de vida social determinado recurriendo al despliegue de sus correspondientes valores y símbolos.
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- Escrito por Texto y fotos: Karina Sotomayor
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Esta semana el tema de la sección Contrapunteo, en el Noticiero Cultural, vuelve a focalizar los debates al respecto
En el nuevo acercamiento al tema del turismo cultural en Cuba que propuso el Noticiero Cultural de la Televisión Cubana, sobresalió el enfoque del periodista y crítico de arte Pedro de la Hoz, quien subrayó ideas esenciales tales como: ordenar con seriedad las opciones culturales a los consumidores y opacar las intenciones de crear cultura artificial para el turismo.
Con semejantes expectativas era para no salir de casa, porque dichas propuestas están avaladas por unos nombres y por una obra de tan probada eficacia -y cada cual en lo suyo- como la realizada por Raquel González, Gloria Torres y Carlos Alberto Cremata. Sin embargo, no dejaron de provocarme cierto desconcierto algunos matices -y prefiero no llamarles máculas- evidenciados en dichos espacios.




