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ConCiencia, la polémica serie que ha llevado la ciencia a debate a nuestros hogares, termina y como sucede con toda la obra de Rudy Mora, con una buena parte del público a su favor y otra parte en contra, minoritaria en mi opinión.

Creo que si esa propuesta solo hubiera conseguido que se hablara y debatiera sobre el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), merecería todo nuestro aplauso.

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Uno. La serie de trece capítulos alcanzó lo que ninguna telenovela de producción nacional —de las transmitidas en los últimos tiempos— logró en decenas de episodios. ¿Concentración del diseño dramático? Puede ser. Pero lo más importante para los telespectadores fue saber que la realidad cubana podía ser abordada en la pequeña pantalla con seriedad, responsabilidad y agudeza, a la altura de las expectativas de un público atento y sensible a las múltiples y conflictivas aristas de esa realidad.

 Los personajes de la teleserie “tratan de llevar adelante el ejercicio de la justicia dentro de los valores
de una sociedad que lucha por reinventarse cada día”. Foto: Internet

 

La guionista y realizadora Raquel González no cayó en la tentación del  enfoque sociológico totalizador que a veces se exige en el tratamiento de los temas de actualidad. Querer decirlo todo en una teleserie, una telenovela o una película,  no tiene sentido, pues se termina por no decir nada.

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Calificada como Dios actuando, (¿Por qué no Diosa, quién está seguro de que Dios no es mujer?), el nombre de Isabel Santos ha corrido en las redes sociales por su desempeño en el capítulo siete de ConCiencia.

Yo tuve la suerte de ver la pieza con la actriz. Se emocionó ella y la Dra Lidia Inés Novoa, asesora de la serie,  yo le apreté el brazo a Rudy Mora, su director y guionista.

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Visibilizar y problematizar el trabajo que ha realizado el Centro de Investigaciones Sociales (CIS) para ese medio de comunicación

¿Cómo empezar un artículo sobre la Televisión Cubana? Sé que algunos me dirían: “muy fácil, comienza citando ejemplos de malas prácticas y programas deficientes, que hay para escoger”. Otros, quizás más avezados en el ejercicio de la crítica, tal vez me sugerirían lo contrario: “debes iniciar resaltado sus valores, después te refieres a los hechos negativos”. Pero pensándolo un poquito más, yo prefiero tomar un camino diferente.