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Mis amigos de Cubadebate me pidieron un top ten de los mejores programas de 2018.  Se publicó el 21 de diciembre y hasta el 29 contaba con151 comentarios ( http://www.cubadebate.cu/especiales/2018/12/21/los-mejores-programas-de-la-tv-cubana-en-2018/#.XB-MeMk-3cc). Fue un tours de forcé, como comenté al inicio de mi texto “He tratado de buscar el mayor consenso, a partir de los comentarios a mis textos, entre mis lectores. Luego de pasar y repasar, aquí está mi opinión, que puede coincidir o no con la suya. De lo que si doy fe es que todos estos programas los he visto (y en este caso he disfrutado), espero por su comentario y que tengamos un mejor 2019 en nuestras vidas, y por supuesto en la TV.”

Esta fue y es mi propuesta con las reglas exigidas:

Vivir del cuento.

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Temáticas, directores y estilos visibilizados en el universo televisual

El espectáculo mediático propone disímiles maneras de seducir en una cultura productora de significaciones, que se conforma a retazos y diseña proyectos de vida para muchas personas.

Nuestro mundo ha sido modificado por el audiovisual de influencia notable en la experiencia estética. En este panorama, la ficción deviene un producto de mediaciones destinado a espectadores-consumidores.

No escapa a la percepción de las mayorías que todo relato cuenta dos historias: una explícita, otra emerge de la polifonía textual, cuya eficacia se ejerce en el  sentido del conocimiento.

Una nueva plataforma halla el cine en la televisión, su hermana menor por la edad. Quizá no hubo antes series tan originales, audaces, como las actuales. Lo patentiza en horarios y espacios el canal Multivisión, a veces reiterativo en la proyección de filmes vistos, incluso, durante la semana.

Sin duda, el factor tecnológico ayudó de manera decisiva a propiciar la tipología de consumo cinematográfico cotidiano, que allana el camino al apogeo de preferencias por los seriados y las telenovelas.

En opinión del director Ernesto Fiallo: “En Cuba se agradecen las producciones nacionales, estas suscitan comentarios, debates, reflexiones, creo que es lo más importante. Por lo general, el televidente avezado descubre imperfecciones técnicas o artísticas, pero agradece el tratamiento de conflictos, personajes, los valores de la puesta: vestuario, maquillaje, peluquería, trabajo actoral, guion, dirección general.

“Algunos desean ver en la pantalla un hogar parecido al de cualquier familia si la obra es cubana. Otros añoran la exquisitez de un comedor o una sala de estar, subjetividades y valoraciones son tan diversos como los espectadores”, precisa.

El director Ernesto Fiallo considera que los buenos guiones siempre cuentan historias interesantes.

Por su parte, el actor Julio César Ramírez ha tenido experiencias en la dirección actoral en la TV: “interpretar a seres humanos conlleva una gran responsabilidad, nos corresponde hacer creíbles textos y acciones, de lo contrario el espectador pierde interés, no disfruta, ni medita sobre la representación”.

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Insumisa es de las obras que te quitan la respiración y te hacen sentir la posibilidad que tiene el ser humano de tratar un tema fuerte, cruel, injusto con una belleza deslumbrante que por momentos te obnubila.

Si la protagonista de ese filme es la actriz francesa Sylvie Testud, tiene un complemento que siempre le está robando el papel:  la fotografía de Raul Pérez Ureta, el artista que desde Madagascar es el fotógrafo de las películas de Fernando Pérez, ambos premios nacionales de cine, tan compenetrados desde que trabajaron el Noticiero ICAIC Latinoamericano, que con una sola mirada se entienden.

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No voy a escribir del adolescente que con apenas quinto grado empezó a trabajar en el gobierno de La Habana, y estudiando se hizo universitario, Dr. en Ciencias y  ha recibido varios doctores Honoris Causa de altos centros de estudio de distintas latitudes.

Ni del hombre que ha recibido premios, condecoraciones de Cuba (Félix Varela, entre otras) y de Francia, Italia, Bolivia más otro importante número de naciones que le han reconocido como uno de los cimeros intelectuales de Cuba en las últimas décadas.

No dedicaré estas líneas al mortal vestido de gris venerado por los habaneros, que se le acercan con un documento que consideran importante, o para brindarle un café con leche, como gratitud por haber convertido su barrio en lugar confortable.