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En los Lucas ganan todos y Joseph Ros

 Joseph Ros es una de las autoridades indiscutibles en el anchuroso mundo del video musical cubano. Un día tendría que dedicarse a contabilizar cuántos premios Lucas ha ganado, pero creo que nunca lo hará, porque semejante egolatría está reñida con su personalidad. A la espera de tal inventario, quise hablar con Joseph sobre sus obras más recientes, las que están en concurso ahora mismo y que quizá nos sorprendan como próximas ganadoras del concurso de video clip más prestigioso con que contamos.

―Me encantó Oborozuki, sobre todo la zona performática y coreográfica, en las cuales se verifica ingeniosamente la simbiosis entre las culturas japonesa y cubana, pero se escapa a mi comprensión la presencia del pulpo monstruoso…

―La presencia del pulpo es parte de ese mestizaje cultural del que hablas. Hay un tema subyacente que es el tratamiento de la mujer como símbolo, y quería expresar todo esto a través de un «ritual sincrético» que incluyera la referencia a la conocida xilografía japonesa Sueño de la esposa del pescador, de Katsushika Hokusai. Este tipo de obras gráficas pertenece a un género llamado Shunga, que se enfoca en lo sexual y en la representación de lo femenino en el arte; quise vincularlo también con el acto de procreación. Así que el pulpo monstruoso no aparece solo porque sea una imagen impactante y ya, ni por hacer un alarde técnico-artístico, como pudieran pensar algunos.

«Los últimos videos suelen ser los que más me gustan: Oborozuki, hecho para Yuko Fong y Rumberos de Cuba, es un proyecto especial por las libertades creativas y los riesgos que me pude permitir. De este año es también Bolero a la vida, para Omara Portuondo y Gaby Moreno, una pieza muy emotiva; la siento muy lograda y acompaña a una joya de canción y a un par de intérpretes de lujo».

―Hablando de Bolero a la vida… se me ocurre que intentaste celebrar la existencia humana, y el amor que le es inherente, a través de los juegos del agua, aunque no sé si estas eran tus intenciones o las estoy interpretando de sobra. Sin embargo, apenas comprendo qué aportan los que parecen ¿náufragos?

―Tu lectura está bien encauzada. Me gusta que mis videos sean sugerentes e inquieten a los espectadores ávidos de encontrar significados en lo que ven. Intento apartarme de los recursos visuales gratuitos, esos que no están enmarcados en una elaboración conceptual. Luego me preocupo porque esa propuesta conceptual tenga determinada representación estética, aunque casi siempre son procesos que vienen de la mano, al menos en su concepción más pura. 

«Bolero a la vida, efectivamente, celebra la existencia humana utilizando el agua como elemento vital. El agua crea la vida y con la vida (que lo engloba todo) incluyo también los momentos de crisis. El naufragio es la introducción, es punto de partida para el desarrollo de lo siguiente. En la vida todos los procesos evolutivos surgen de alguna crisis y en este video sobreviven al naufragio quienes son capaces de afrontar la vida con optimismo y sobre todo si son capaces de amar, crear… Luego, por supuesto, hay otras ideas entrelazadas con este concepto, pero me enfoco en esto para responder tu interrogante».

Laberinto habla sobre la muerte y la desintegración tal vez originadas por una catástrofe nuclear, pero desde un tono intimista, de modo que la suavidad de la pieza instrumental apenas sugiere la aspereza de la tragedia descrita. ¿Cuál fue tu intención al crear semejante contrapunto?

—La verdad es que no soy muy amigo de los melodramas, ni de entregarme a los excesos. Siempre me ha parecido que las tragedias generan más impacto cuando son contadas con cierta neutralidad, para que cada espectador las perciba con la intensidad que quiera. Hay tragedia en la narración, pero siempre hay elementos que impiden llegar a los excesos: la frialdad de los familiares, la máscara en el momento de catarsis de la madre… la misma música, que como bien dices interpreta el dúo durante el velorio, como para compensar un poco el dolor y brindar un rayo de optimismo, si es que realmente fuera posible. Además, la madre (interpretada por Anelí Perdomo) es una mujer que está luchando para no dejarse llevar por la situación extrema, aunque la tristeza, la melancolía y hasta el sentimiento de culpa la invadan.

―Varias veces hemos polemizado sobre aciertos de una obra tuya o ajena. ¿Cuáles creen que sean las pautas adecuadas para medir la calidad de un video musical? O lo que es lo mismo, te invito a ocupar la silla del jurado de los premios Lucas. ¿Qué tipo de obras elegirías?

—Creo que un jurado justo debe premiar a partir de tres elementos: en primer lugar, los riesgos creativos de la obra; en segundo, la originalidad, y finalmente el oficio.

―A juzgar por las decenas de nominaciones a los premios Lucas, cualquiera diría que has llegado al completo dominio de tu oficio. ¿Cómo se llega a semejante consideración de los especialistas: eludiendo las convenciones al uso o empleándolas creativamente?

—Honestamente no creo que jamás llegue al completo dominio de mi oficio. Como mucho he llegado a sentirme más seguro, pero cada proyecto me impone retos diferentes, y si no, me los invento. Eso a lo que llamas «dominio» a mí me suena a zona de confort, y no me gusta. El videoclip, como género, está atiborrado de obras planteadas desde el confort de la aceptación, lo funcional y lo políticamente correcto. Alguien tiene que arriesgarse, aunque luego esos riesgos no se entiendan en el momento, y les sirvan solo a otros, posteriormente. Siempre intento arriesgarme.

―¿Cuál de tus muchos y muy buenos videos merece el título de Injustamente subestimado y de Ostentosamente sobrevalorado?

—No puedo darme el lujo de quejarme demasiado. A mis videos en general les ha ido muy bien en Lucas, pero como todo, en casi 15 años dirigiendo y compitiendo siempre hubo videos que considero que fueron subestimados. De este año me preocupa que no me preguntes nada sobre Los bandidos All Stars. Como no va de conceptual, igual no te gustó, los del jurado a veces menosprecian el humor… Como serían muchos los ejemplos durante tantas ediciones, me voy a enfocar en el pasado año y así los tenemos frescos en la memoria.

«El video de Toques del Río, Mambo No. 0, cautivó al jurado de Lucas el año pasado. A mí me gusta mucho el resultado, le funcionó muy bien a la banda porque siento que esculpió en imagen lo que ellos proponen con su música. Es un video divertido y muy estético. Pero a mí particularmente me parecía mucho más ingenioso, osado, y con una puesta en escena más rigurosa Jazzton, hecho para Harold López-Nussa y Randy Malcom, que, para mi sorpresa, apenas fue nominado con una o dos categorías. ¿Por qué? Ni idea. Otro ejemplo: Bailarina, de ese mismo año, para William Vivanco, no quedó ni nominado. ¿Tan mal video es que ni en su categoría musical colaba? ¡No creo!

«Esto no es un reclamo. Entiendo que los concursos son así. Si no gustó, no gustó… y ya está. Muchas veces, por muy riguroso y serio que pretenda ser el jurado, todo se reduce a eso: a criterios personales, al gusto de algunos que convencen a otros, y también actúa la falta de empatía por los artistas o los realizadores, o que se sobrevalora a algunos por su obra anterior.

«Hay injusticias que a veces también se deben al exceso de información; son muchos videos para elegir o no, y eso agota. ¡Es así! Son (somos) seres humanos… y pongo somos porque he sido jurado de otros concursos alguna vez y he vivido la experiencia de cerca. Yo particularmente me divierto y disfruto mucho con los premios, compita o no, gane o no. Para mí siempre es motivo de celebración, porque ganamos todos con el desarrollo del movimiento. Parece una frase trillada, pero juro que es lo que creo y pienso».

Joseph Ros y Omara Portuondo, en la realización de Bolero a la vida. Foto: Saddam Sánchez.

Fotograma del videoclip Oborozuki. Foto: Juan Carlos Ceballos.

TOMADO DE JUVENTUD REBELDE

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