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Rodrigo Gil, promesa cumplida de la actuación cubana

 

Fue una conversación esperada y resultó muy gratificante poder acercarme a un joven guanabacoense que se dio a conocer en la telenovela El rostro de los días y asume hoy a Raydel, uno de los personajes más interesantes y empáticos de la telenovela Los hijos de Pandora: el actor Rodrigo Gil.

Su natural manera de asumir la actuación, tal cual la vida, la hemos comprobado en su aún corta carrera. Gil es un rostro que denota autenticidad mientras advierte una multiplicidad de matices que el televidente reconoce y, por tanto, agradece.

Bajo esa máxima, llega a la telenovela Los hijos de Pandora, un dramatizado que se ha volcado, desde lo introspectivo, a ahondar en muchas zonas oscuras o al menos poco alentadoras del ser humano. En medio de verdades y mentiras, medias tintas y omisiones, sueños y desvelos se erige Raydel que, interpretado por Rodrigo Gil, deja a salvo un conjunto de esencias humanas.

Sobre cómo llegó a la telenovela, comenta:

«Llegué a Raydel prácticamente por casualidad. Fui a la Casa Productora pues me habían dicho que se estaba haciendo casting para una serie televisiva y al que encontré fue a Fiallo. No lo conocía -personalmente- aunque sabía bien quién era. Hablo con él, en ese momento me tomaron un foto; yo no sabía, por supuesto, que era para una telenovela. A los días me avisan que me presentara en la Casa Productora que iban a realizar un casting, siempre imaginé que podría ser para algún telefilme, no para una telenovela y menos que mi trabajo podría ser pensado como protagonista. 

Cuando me anuncian que hay dos personajes: el primero, era amigo del hermano pelotero, y el segundo, uno de los protagonistas; abrí los ojos y ni dejé que Fiallo terminara de hablar, se me salió la respuesta: ¡yo quiero el mecánico! Ahí comenzó la ronda de casting, hicimos tres, realmente. Creo que todo el proceso de casting transcurrió en un mes. Fue una locura; conseguí el teléfono de Fiallo, me vestí como el personaje y me grabé como tal porque, inmediatamente, lo hice mío y justo le envié un video hablando como yo sentía a Raydel. Eso lo hice en varias ocasiones, hasta que me otorgaron el papel.»

Una vez en tus manos, ¿qué te atrapó del personaje?

«Creo que es el personaje más difícil e interesante que me ha tocado interpretar hasta hoy. De Raydel me atrapó todo, lo primero que me impresionó al leer el guion fue la historia misma. Desde mi punto de vista, él representa todo lo que uno quiere ser. Es tan peculiar que te enamora, a pesar de los dolores que pueda llevar consigo.

Desde la primera lectura me identifiqué tanto que lo veía, encontré con él muchos puntos comunes, pero a la vez otras tantas diferencias, y de eso se trata. Fue entonces que comencé a preguntarme cómo yo podría actuar en situaciones como las que este personaje atravesaba.

Me fui apropiando de su mundo y como proceso todo fue surgiendo solo, de manera natural y espontánea. Yo tengo la costumbre antes de aprenderme el guion, de leer el texto muchas veces y prácticamente toda la novela toda la hice mía. Las historias me las aprendí de principio a fin y eso fue vital a la hora de entender los conflictos de Raydel que, por demás, es un personaje que interactúa constantemente con otros personajes dentro la novela. 

Así fue el proceso de entender sus porqué y cuando llegas al final, dices: ¡Ah, por eso Raydel es así! Por tanto, una vez esclarecido el panorama general de todo el dramatizado todo me salía más fácil. También los compañeros con que me tocó trabajar me ayudaron mucho en ese empeño.»

¿Cuál fue el mayor reto a la hora de interpretar este papel?

«El mayor reto ni siquiera tuvo que ver con el personaje. Fue una operación a la que me sometí, por un acceso en el cuello. A los diez días de grabación sucedió ese problema que conllevó a tener que cambiar todo el plan rodaje de la novela. Eso me mantuvo con mucho estrés porque pensé que iba a perder el personaje, pero la producción y Fiallo decidieron reordenar toda la planificación y adelantar las escenas en que yo no intervenía. Realmente, fue muy complicado, porque Raydel sale en casi todos los capítulos, por lo que le estaré eternamente agradecido a Fiallo y al equipo por la paciencia y la confianza.

Fue mayor el proceso de estrés porque tuve además que afeitarme la barba. Eso fue un problema, porque la tenía larga y después de la intervención había transcurrido solo un mes, por tanto, al incorporarme no la podía tener igual, o sea, que hubo que jugar con muchos imprevistos. De la misma manera la operación me impidió hacer algunas cosas que quería incorporarle al personaje. Nada, todo fue como tenía que ser. Salió bien y yo, soy un agradecido feliz.»

A partir de tu experiencia en televisión, ¿cuánto crees que te marcará Raydel?

«Realmente no he tenido mucha experiencia en televisión, mi carrera es aún joven, el personaje de Saul fue el que me dio a conocer en la telenovela el Rostro de los días, actué en un par de telefilmes; fui Javier en Juegos de vida, mi primer protagónico en la pequeña pantalla,  otro par de ellos y un Tras la Huella que se llamó Como la espuma, pero, definitivamente, Raydel es el personaje que todo actor quisiera asumir, al menos en historias de telenovelas. Sí, definitivamente marcará un punto importante en mi carrera porque es el personaje que te permite transitar por múltiples emociones y contradicciones. Creo que es una antihéroe adorable.»

¿Qué hace ahora Rodrigo Gil?

«Bueno… después de Raydel decidí parar un poquito, pues sentí la necesidad de seguir estudiando; actualmente lo hago en la Escuela Central de Cine en Madrid y ando redescubriendo un tanto el mundo estudiantil, pues me gradué en 2020 en la Escuela Nacional de Arte y aprobé e ingresé en la Universidad de las Artes, pero como consecuencia de la pandemia no continué; fue entonces que me enfoqué en esta idea de retomar los estudios porque, en fin, la actuación es eso… estudio.»

En medio de proyectos encaminados a seguir creciendo, quién sabe sea el cine para Rodrigo Gil el próximo peldaño a alcanzar. Por el momento las noches de Cubavisión le agradecen a Raydel esa manera de asumir la vida desde aristas tan sencillamente necesarias y a Rodrigo el haberse convertido, poco a poco, en una promesa cumplida de la actuación cubana.

 

Hugo Portal

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