Asegura Susana Pous, la coreógrafa española miembro del jurado de Bailando en Cuba 2

Al principio, la coreógrafa y bailarina Susana Pous se mostró un poco escéptica ante la propuesta de formar parte del jurado de Bailando en Cuba, el espacio de competencia que cuya segunda edición transmite cada noche de domingo Cubavisión.

Sin embargo, asegura sin tapujos que todo es válido cuando se trata de acercar la familia cubana al baile, a la danza. A pesar de no ser cubana, siente que los últimos 20 años residiendo en la Mayor de las Antillas la han favorecido de tal manera para opinar sobre ritmos y estilos de este país.

Para ella, la idea original de crear un show de participación que potenciara el talento bailable en Cuba resultaba una idea estupenda, que podría sacar de alguna manera a la danza de un plano rezagado, en comparación con otras manifestaciones artísticas, como la música, el cine, o tal vez el teatro.

La decisión de enrolarse como parte del jurado de Bailando en Cuba, junto con los reconocidos artistas Lizt Alfonso y Santiago Alfonso, fue una idea del equipo del programa, especialmente de Manuel Ortega, el director del espectáculo, quien afirmó que la presencia de la coreógrafa española podría internacionalizar la propuesta y aportarle una mirada más contemporánea.

“Lo nuevo para mí era lidiar con el show mediático. En un inicio, cuando vi a las parejas de la primera edición, temí que no reflejaran la realidad de Cuba. Ese era uno de mis miedos. En realidad era una nueva experiencia para nosotros y para el público. Sentí que hacía falta apoyo de profesionales de la danza. Por tanto, empezamos a intervenir y tratamos de ofrecer más y mejores coreógrafos y profesores”, destaca.

Ante la posibilidad de emitir criterios sobre las técnicas cubanas de baile, la bailarina resalta que nunca le preocupó, porque en las últimas dos décadas ha estudiado profusamente las danzas cubanas, y ella misma ha trabajado en sus coreografías el son, el mozambique y otros estilos cubanos, en DanzAbierta, la compañía que dirigió hasta hace muy poco tiempo.

“No tiene sentido estar en un país y no conocer lo que está sucediendo. Más bien sentía temor ante la inquietud de algunas personas sobre qué cosa yo podía aportar realmente al programa. Pero al final el público se ha sentido muy conectado conmigo, agradecen lo que hago, me paran en la calle, en el mercado. ¡Y eso es estupendo!”, indica.

Para la coreógrafa era muy necesario tener un programa de calidad los domingos por la noche, que diera la posibilidad a los cubanos de pasar un rato agradable y olvidar los problemas cotidianos.

“La televisión cubana necesita espacios con una mirada más abocada al espectáculo, al mundo del show, porque el cubano lo quiere, le gusta y lo disfruta. ¿Cómo Cuba va a ser un país de músicos y artistas y no van a tener un programa con espectacularidad y calidad de imagen?

“Hay que luchar por eso porque es positivo que las familias tengan un espectáculo que los enganche y los implique emocionalmente. Y Bailando en Cuba está demostrado que funciona”, señala.

A pesar de la visión optimista de la coreógrafa, no son pocos los que continúan criticando la propuesta televisiva y tienden a compararla con programas que se transmitieron hace varios años, de corte similar, pero con una estética diferente y un propósito distinto.

Ante esta realidad, la artista aclara que Bailando en Cuba es un concurso de coreografías, no de improvisación. En este sentido proyecta el talento de los concursantes y de los coreógrafos.

“Nosotros le pedimos a los muchachos que improvisen para ver su capacidad creativa, pero al final eso no es lo más importante. Lo que interesa verdaderamente es que sean capaces de aprender, estén técnicamente bien, y sean capaces de asimilar propuestas coreográficas. ¡El concurso trata de eso!

“El día que se haga un concurso de muchachos creativos habrá que concebirlo de otra manera. No entiendo por qué la gente tiene la manía de compararlo con otros programas”, destaca.

Según la bailarina, hacer un trabajo espontáneo está muy bien, pero asegura que en su compañía cuenta con excelentes improvisadores que luego no le funcionan en su quehacer diario porque no tienen buena captación.

“Además, los concursantes de Bailando en Cuba tienen que dominar una cantidad diversa de estilos y tener la capacidad de compenetrarse con su pareja”, explica.

A pesar de que algunas personas pudieran considerar que producir Bailando en Cuba es relativamente fácil, la bailarina demuestra que no es así por la cantidad de aspectos que hay que tener en cuenta, sobre todo si se quiere obtener un resultado de calidad.

“Para hacer una buena producción y que haya vestuarios o decorados adecuados se necesitan recursos, y el tema económico no nos ayuda siempre”, indica.

A propósito de esta segunda temporada, Pous subraya que está mejor concebida que la anterior desde el punto de vista conceptual y se ha tenido en cuenta la experiencia previa.

“Ya sabemos qué funciona y qué no funciona. Siempre se aprende de una primera vez. En esta ocasión hay más calidad porque los muchachos ya saben a qué se enfrentan. Los concursantes de la primera temporada están trabajando en proyectos artísticos y eso ha generado expectativas”, sostiene.

A propósito de los que aspiran a competir en un futuro, la coreógrafa les aconseja que sepan bien a lo que van para que no haya equivocaciones ni frustraciones.

“Aquí no hay experiencia, pero un concurso de esta naturaleza es como un curso intensivo que te permite tomar clases y acercarte al mundo de la coreografía.

“Les digo, además, que no se metan en el rollo de la popularidad porque eso pasa rápido. Muchos no se dan cuenta de eso y chocan con la dura realidad cuando al cabo de los tres meses las personas los dejan de reconocer en la calle.

Bailando en Cuba es para aprender y abrirles puertas para un futuro. La vida de un bailarín no es de tres meses, sino de muchísimos años. Yo misma necesito superarme porque un bailarín no puede tener fin.

“Algunos de estos chicos han pensado que llegaron a la cumbre por aparecer en el programa. Y eso es ponerse el camino muy corto. Se enfocan más en el resultado inmediato, en ser reconocidos, en mostrarse en la televisión, cuando lo que va a quedar de verdad es lo que hagan detrás de las cámaras. Eso es lo más importante”, concluye la coreógrafa.

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