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Artistas

Omar Rolando: navegar en un mar de emociones

 

Desde la distancia fluyó un cálido intercambio con Omar Rolando, el joven actor que, con sus «Pasos Firmes», nos regalara al intrépido Dany, ese atleta guía que cada vez más intensifica los bríos en la sólida pista de su carrera artística. Tras un telefilme que —según cuenta— «casi ni hace» debido a su edad, se produjo un torrente de oportunidades que reafirmaron su entrega y dotes actorales en la pequeña pantalla.

Paralelamente, las tablas le ofrecen una de las grandes pasiones de su vida: navegar en un mar de emociones que propicia la interpretación de cada personaje. Nombres como Amílcar Salatti, Yoel Infante, Carlos Díaz, Yaremis Pérez o Alfredo Felipe representan amuletos ligados a su crecimiento como actor. Enfatiza en lo mucho que le resta por hacer y aprender, en la búsqueda de roles diversos como principal premisa.

Actualmente, lo recibimos con vestimenta amarilla en nuestros hogares cada noche de domingo. El Bruno de la gustada entrega juvenil «Calendario» ha captado la atención de los telespectadores por su carácter y actitudes.

La sonoridad que brota de su nombre artístico revela una historia que satisface la curiosidad de quienes, como yo, pensaron en algún momento que «Rolando» no era su apellido.

«Debo decirte que eso es algo muy importante para mí, porque mi nombre es Omar González Rolando, y adopté el Omar Rolando por mi abuela, Trinidad Rolando Portocarrero, quien fue mi madre y padre, la persona que me crio y encaminó en este mundo. Por ella soy actor; lo hago por traerla siempre».

De su abuela, quien transitó por algunos conjuntos teatrales como Escambray y Rita Montaner en teatro El Sótano, llega a Omar Rolando su amor por el arte.

¿Cuándo descubriste tu pasión por la actuación?

«Desde pequeño... Acompañaba a mi abuela a todos los teatros, dormía en los teatros. Recuerdo que, a mis siete años, o menos, realizaron la obra “Jesús”, de Virgilio Piñera, en el teatro El Sótano. En la puesta, dirigida por Tony Díaz, interpreté a un angelito travieso. En una ocasión no permitieron que el público se marchara, y me quedé en la última escena: la muerte de Jesús a manos del villano principal de la obra».

Cursaste estudios en la Escuela Nacional de Arte. ¿Qué nos puedes contar sobre tu formación en esa prestigiosa institución?

«Sí, cursé en la ENA desde el año 2006 hasta el 2010. Fue mi segunda oportunidad, porque la primera vez no aprobé. Tenía una pequeña formación: conocía —aunque muy poco— sobre el teatro, principalmente por todo lo que había visto y me había enseñado mi abuela. Pero, por supuesto, nada como estar en la escuela y aprender de profesores y personas a las que admiraba. Corina Mestre ya estaba allí cuando estudié; Fernando Hechavarría fue mi profesor de primer año, y otros como Yaremis Pérez, Yoel Infante y Sandor Menéndez».

Perteneces a los grupos de teatro El Público y El Portazo. ¿Cómo defines tu relación con las tablas?

«Teatro El Público es mi otra escuela. Una cosa es cuando estás en la ENA y otra cuando sales al mundo profesional.

«Me gradué con Carlos Díaz en el año 2010, con la obra “Sueño de una noche de verano”, de William Shakespeare. Desde entonces he formado parte de varios grupos como Jazz Vilá Projects, donde participé en las obras “Rascacielos” y “Farándula”; pero nunca he abandonado El Público. Su director, Carlos Díaz, es una persona que respeto, admiro y quiero, mi gran maestro.

«En ese colectivo he tenido la oportunidad de trabajar junto a grandes actores como Fernando Hechavarría, Osvaldo Doimeadiós, Alexis Díaz de Villegas y la gran Broselianda Hernández, a quien quise y admiré mucho. Estuve muy cerca de ella cuando hicimos “Rascacielos”, en Jazz... Encarnamos a una pareja: yo, un salvavidas; ella, una profesora universitaria. A raíz de ello creamos un vínculo muy especial. Sentí mucho cuando nos dejó.

«El Portazo es mi otra casa desde hace dos años. Me encanta el trabajo que hacen, sus grandiosos espectáculos. Pienso que ha sido un reto, pues yo jamás había hecho teatro con modalidades de canto y baile como se hace en los cabarets. Existe un talentazo en ese grupo, donde todos son jóvenes y muy buenos actores. Pedro Franco es un magnífico director, alguien que puedes ver entre nosotros y no parece el director, sino un compañero más. Sinceramente, representa una alegría pertenecer a esa familia.

«Para mí, el teatro es como el entrenamiento que lleva un deportista de alto rendimiento, que lo hace estar constantemente con vitalidad: despierto, listo y pendiente para cualquier cosa. La televisión me gusta porque, de alguna manera, te da a conocer. Pero estar en el escenario, con el público cerca, sentir esa energía, esa magia... Eso es único. Disfruto trabajar con Carlos, ahora con Pedro, y espero colaborar también con otros directores, experimentar diferentes tipos de teatro para conocer todo lo que pueda. Uno siempre está en ese constante aprendizaje».

Omar Rolando junto a la inolvidable actriz Broselianda Hernández en la obra Rascacielos, de Jazz Vilá Projects. (Foto: Cortesía del entrevistado)

¿Cuál fue tu primera experiencia en la pequeña pantalla?

«Antes de “Pasos Firmes” hice pequeñas apariciones en algunos programas. Uno de ellos fue “El camino de los juglares”. No recuerdo la edad que tenía, pero era muy niño. Luego vino un personaje en “Mucho Ruido”. Además, participé en un telefilme titulado “La familia de Ana” e intervine en un caso de la serie policíaca “Tras la Huella”».

Indudablemente, el controversial Dany de «Pasos Firmes» te proporcionó un acercamiento a la teleaudiencia. ¿Qué significó asumir un personaje con estas características?

«Pasos Firmes fue mi verdadero debut en la pantalla chica, lo más grande que he hecho hasta el momento. Luego de ese coprotagónico han llegado varias propuestas.

«Desde que leí el guion me enamoré de Dany. Siempre que vamos a construir un personaje nos cuestionamos sobre cómo reaccionaría si estuviese en esta situación. Dany tiene determinados puntos en los cuales se parece a mí. Aunque hay muchas reacciones y formas que no son completamente similares —pues no llego a ser totalmente como él— sí me sentí identificado.

«Siempre supe que Dany no era un muchacho malo... Simplemente fue llevado a todo eso. No halló otra salida que robar, producto a todo lo que sucedía en su círculo social: la muerte de su madre, el desentendimiento con su padre. Estaba buscando algo para salir de esa situación, y lo encontró allí.

«Fue un rol que adoré, que viví al límite; pero, sobre todo, lo estudié mucho. El hecho de ir a entrenar con los atletas paralímpicos, observar el nivel de hermandad que se crea entre un ciego y su guía, hizo que comenzara a mirar ese trabajo como algo especial dentro del deporte. De hecho, cuando llegan las olimpiadas, lo que más espero con euforia es ver a los paralímpicos, porque me parece un esfuerzo triple lo que son capaces de hacer con todas las restricciones que tienen».

Cuéntanos sobre tu vínculo con el director Yoel Infante y el resto del equipo.

«Hay un eslabón fundamental cuando se hace cualquier tipo de trabajo: la persona que nos va a dirigir...

«A Yoel Infante le digo cariñosamente mi puro. Tenemos una relación muy bonita, que se hizo más fuerte a partir de Pasos Firmes. Para mí, es uno de los grandes directores de este país. Trabaja con ímpetu, entrega, le apasiona la dirección de actores y le gustan las cosas bien hechas. Ello se puede apreciar en sus resultados. Creo que no hay un actor en Cuba que no quiera trabajar con él.

«Víctor Cruz es un muchacho con talento, a pesar de sus pocos años y lo difícil que resultó el proceso de interpretación de un ciego. Siempre hemos tenido buena comunicación. No hubo una escena en la que no nos sintiéramos a gusto y conectados completamente. A veces le decía: ¡Compadre, me resulta complicado el no poder mirarte a los ojos!, porque es algo que los actores siempre tratamos de buscar con nuestros compañeros: el mirarse a los ojos, y en esa mirada transmitir lo que sentimos.

«El trabajo en general fue muy placentero, pero creo que el estudio y la preparación aportaron mucho. Yoel nos decía: “Ensayo con ustedes para que el día que lleguemos al rodaje no haya problemas, por ustedes nada se puede parar”.

«Con Jorge Martínez tuve pocos ensayos. Es un gran actor y eso también ayuda. Siempre tuve química con él. Del mismo modo sucedió con Yohandis Aballe, que es uno de mis actores favoritos y una excelente persona. Después de trabajar juntos hemos quedado como grandes amigos. Aballe siempre me tiene presente. Estamos todo el tiempo en contacto, ayudándonos».

Fue galardonado en 2020 con una mención en los premios Adolfo Llauradó que otorga la Asociación Hermanos Saíz...

«Víctor y yo alcanzamos la condecoración. En mi caso, obtuve la mención. Los dos nos sentimos muy felices ese año. Hubo personas a las que estimo mucho que nos felicitaron, como Fernando, Luis Alberto García, Héctor Noas. Para mí fue un regalo, porque son artistas que sigo, idolatro y quisiera ser como ellos en el futuro.

«Me sorprendió esa manera de reaccionar ante nuestro trabajo. Además, recibimos todo el cariño de los televidentes a través de las redes sociales. Considero que fue uno de los telefilmes más gustados de ese año. Y un premio siempre es grato».

Omar Rolando junto a Víctor Cruz y Yoel Infante en la entrega de los Premios Adolfo Llauradó en 2000. (Foto: Cortesía del entrevistado)

Posteriormente te disfrutamos en una pequeña, pero sui géneris intervención en el telefilme «Silencio», también de Yoel Infante. ¿Cómo recuerdas el rodaje de esa musical escena?

«Ese personaje lo haría un músico, pero no pudo por razones que desconozco. Me llamaron y dije: Dale, tranquilo, yo lo hago. Entonces pedí prestado un cajón para aprender a tocar, que es bastante difícil. Al iniciar las grabaciones, mi amigo Joel Casanova, que es músico y actor, me enseñó a tocar el tema del telefilme, y creo que salió bien».

¿Te has insertado en el universo cinematográfico?

«Tuve una linda experiencia en la película “Inocencia”. Agradezco a Alejandro Gil por la oportunidad de integrar el elenco de un filme tan relevante, que tocó un punto insólito de nuestra historia. Viví a uno de los estudiantes asesinados y, aunque no era el personaje principal, contó con cierto protagonismo. Desearía hacer más cine».

Tu imagen se asocia generalmente a producciones audiovisuales juveniles. ¿Te gustaría incursionar en otros géneros?

«Me encantaría participar en algún material relacionado con la acción, que en nuestro país se hace muy poco. Practiqué deportes cuando era más joven, y siempre me mantengo haciendo ejercicios. Trato de estar preparado, no al punto de aspirar a un físico perfecto ni entrenar para estar más fuerte, sino permanecer en buenas condiciones. Para ello patino, monto bicicleta, nado y practico kárate.

«La mayoría de los personajes que han llegado a mí han sido para dar vida a jóvenes. Se debe a que, quizás, me ven un poco más joven de lo que en realidad soy. Pienso que el tamaño ha influido también. Verdaderamente me he sentido muy cómodo al materializar esas caracterizaciones. Y sí, quisiera incursionar en otras cosas. Creo que estoy empezando, y aún me queda un largo camino por recorrer y mucho por hacer. La actuación es una carrera larga. Mientras más años cumpla, más personajes vendrán».

Omar Rolando incursionó en el cine con la multipremiada película Inocencia, de Alejandro Gil. (Foto: Cortesía del entrevistado)

Además, te has aventurado en el humor. Nos sorprendimos al verte en uno de los episodios de «Al habla con los muertos». ¿Qué crees del resultado?

«Desde hace muchos años tenía ganas de trabajar con Alberto Luberta. Tengo amigos que lo conocen y me comentan que es fabuloso. El personaje llegó mediante Amílcar Salatti, un amigo al que le estoy infinitamente agradecido. Me comentó que estaba escribiendo una comedia y sugirió a Luberta mi participación. Este me entregó el papel tras haber visto un video en mi cuenta de Instagram.

«Soy una persona naturalmente jocosa, y me gusta llenar de alegría los lugares. Siempre digo que el humor es más difícil que la tragedia a la hora de actuar. Tenía un poco de miedo, pero el programa tuvo notable aceptación. Me alegré cuando salieron los capítulos. Las personas me comentaron que les había gustado. La pasé muy bien acompañando al equipo de la serie. Espero que puedan desarrollar una segunda temporada».

Hace pocas semanas se estrenó la serie Juvenil «Calendario», donde personificas al adolescente Bruno... Háblanos sobre este personaje.

«También quedé encantado en cuanto lo leí. Bruno es uno de los alumnos más aventajados del aula; un muchacho atípico, inusual, romántico, que le gusta la poesía. Un poco altanero, pues presume de su inteligencia, y ese es uno de sus defectos. Se encuentra en el seno de una familia funcional con un alto nivel adquisitivo: vive con sus padres, ambos atentos y muy bien preparados. Este joven tiene buenos sentimientos... A pesar de su corta edad, es capaz de apreciar el lado bueno de las personas. No se queda solo en la cáscara, él siempre profundiza un poco más».

Omar Rolando interpreta a Bruno en la gustada serie Calendario, de Magda González Grau. (Foto: Cortesía del entrevistado)

¿Cómo asumiste este rol a pesar de la notable diferencia de edad entre Bruno y Omar? ¿Fue difícil hallar rasgos en común?

«Ese fue un aspecto que me llenó de dudas pues, cuando me presenté al casting, me dijeron inicialmente que sería para muchachos de duodécimo grado. Supuse que, por mi tamaño y constitución, podía lograrlo perfectamente. Pero cuando supe que no era duodécimo y sí noveno grado, claro que no estuve de acuerdo. Era demasiada la diferencia de edad. Ya estaba dentro del casting, y la directora deseaba que fuera yo. Estaban muy contentos con lo que había hecho. Me llamaron gracias a «Pasos Firmes», que fue el primer trabajo donde Magda me vio.

«Para mí fue un poco chocante porque era evidente que se vería la diferencia entre mi edad y la de Bruno. Me explicaron que no había problemas, que buscarían la manera de que todos se vieran “parejos”. Y así fue...

«¿Qué te puedo decir? Honestamente, no fue difícil interpretar a un adolescente porque ya había pasado por eso. Pienso que tenemos características en común con los personajes, pues nadie es ni muy bueno ni muy malo. Yo tenía cosas que también tenía Bruno: soy una persona muy sensible y me encanta leer. No me considero un tipo inteligente, pero sí aplicado y estudioso. Entonces, le iba colocando esas cosas a Bruno, y también traté de buscar esa inocencia que tuve en algún momento... A medida que la serie vaya fluyendo, sabrás por qué te digo todo esto».

Actuar bajo la dirección de Magda González Grau...

«He tenido suerte para encontrarme a grandes directores. Magda es una estelar maestra, una estupenda persona. Tiene una forma peculiar de dedicarse al trabajo. Si es complicado interactuar en un telefilme con dos o tres protagonistas, más difícil aún resulta cuando hay una protagonista y 20 coprotagónicos. Y Magda trabajó con cada uno de nosotros por igual.

«Fueron meses de trabajo de mesa con los personajes. Es un aula donde cada uno tiene su personalidad definida. Eso había que cuidarlo bien, para que no se produjera similitud alguna. Ese nivel de suavidad y paciencia lo tuvo Magda, pero también el codirector Alfredo Felipe, la asesora...

«Construimos un 9no. 3 fuera de cámara, lo que nos ayudó a que, cuando dijeran “¡grabando!”, se manifestara ese grado de espontaneidad, esa naturalidad en todos nosotros.

«Nos comportábamos como niños, incluyéndome –que soy casi un viejo– y nos regañaban, porque no parábamos de gritar y hacer barbaridades. Creo que el equipo se imaginó en esos meses de rodaje que éramos niños de verdad. Sinceramente, nos convertimos en una familia durante ese tiempo».

Omar Rolando actualmente se encuentra trabajando con la compañía de teatro El Portazo. (Foto: Cortesía del entrevistado)

Sueños, metas, proyectos futuros...

«Una telenovela con Felo Ruíz, que termino de rodar en febrero o marzo: “Asuntos Pendientes”. Hace algún tiempo realicé un corto que dirigió Amílcar, y aún se encuentra en edición. Para este año tengo varios proyectos, pero todavía no se han concretado. Mi meta es seguir concentrado en mi trabajo, que es lo más importante para mí, que al público le guste lo que hago porque para eso trabajamos. Ese es mi objetivo: trabajar, trabajar mucho y esforzarme».

Lo que más te apasiona de tu carrera artística...

«No hay nada más rico que estar de pie en un escenario, y que las personas te miren, que tú seas el punto de atención, y que naveguen contigo en ese mar de emociones por el que está atravesando el personaje. Que se diviertan, lloren, te tomen odio.

«No es que los artistas seamos egocéntricos, pero no hay nada como eso. Con la cámara sucede igual porque estás actuando para la televisión. Pero, en el teatro, se siente la energía que viene del público. Es una de las cosas que más disfruto de lo que hago: conformar un personaje y dejar que salga, hable, llore y sonría».

(Artículo de la periodista Lety Mary Alvarez Aguila)

Portal TVC

 

 

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