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CARTELERA
DE LOS CANALES NACIONALES

Entre tu y yo

Alain Amador Pardo: PARA ESTA PROFESIÓN HACE FALTA FE Y AUTOCONOCIMIENTO

Merecedor de numerosos premios en su carrera, tanto como locutor, guionista o director, Alain Amador Pardo ganó el premio en Locución en la última edición del Festival Caracol, organizado por la Asociacion de cine, radio y televisión de la UNEAC.

Polemista presto, listo a ofrecer sus criterios en las redes o donde se le pida, por eso (creo) respondió esta entrevista:                                                                                                              

 -Tengo entendido que fue la literatura tu primer amor artístico ¿Cómo fue?

-Hay personas que llegan a encontrar su lugar en el mundo a partir de sueños irrealizables, o desde roles de imitación de lo que fueron o no pudieron ser sus padres. En mi caso siempre quise ser periodista. Y mi abuelo me dijo que para serlo, tendría necesariamente que aprender muy bien a escribir. Siempre me fascinaron asignaturas como la historia, la literatura, y me apunté a cuanto taller de narrativa se impartía para las diferentes edades. Claro, para saber escribir, primero hay que saber leer, y leer mucho. Cada vez que había que hacer una composición, allí mismo aprovechaba para hacerle ver a la maestra que no solo sabía los elementos de la oración, sino además un vocabulario bastante rico.

Sin embargo, mi verdadera oportunidad llegó a través del teatro. Eran tiempos pródigos en oportunidades para los aficionados a cualquier cosa, había círculos de interés y teníamos Tarará. Varias veces nos presentamos allí, en los Palacios de Pioneros y en las Casas de Cultura con títeres manipulados por nosotros mismos. Recuerdo con especial cariño a mi profesor-instructor Orlando, que nos montó “El conejito descontento” de Freddy Artiles. Había veces en que algún niño se enfermaba, y yo gustoso hacía el papel del conejo, del chivo, de la vaca, del perro colmenero, y hasta la gallina. Me gustaba desdoblarme, pero como medio de expresión, no con la aspiración de dedicarme en serio.

-¿Qué estudiaste?

-Tremenda tragedia. En el duodécimo grado, con una nota lo suficientemente buena para aspirar a mi sueño de ser periodista, la guía base, Blanquita se llamaba, llegó al aula con urgencia. No podía creerse que mi índice general para la prueba de ingreso era de poco más de 70 puntos. Yo tampoco. La razón: la circunstancia se empeñó en que los preuniversitarios becados eran la solución a todos nuestros males, y a dos meses de iniciado el décimo grado en Melena del Sur, me quedé en la casa. Decidí no estudiar más si no me daban el pre en la calle. Luego de batallar en comisiones médicas y de hurgar en mis notas, recomencé un curso más tarde en el José Martí de la calle Zulueta. Pero nunca supe que a la hora de promediar se tendría en cuenta la nota de cuatro años, y no de tres. Se me unió el cielo con la tierra. Me quedé sin carrera, pero aún así, me presenté a las pruebas de ingreso. Claro, no me alcanzaba la nota ni para barrer y quitar las telarañas de la Facultad de Periodismo. Y ahí fue que reconduje mi vida hacia algo que me hacía muy feliz: escribir, investigar.

-¿Cómo llegas a la locución?

-Fue en Radio Cadena Habana. Ya había salido del Servicio Militar seis meses antes por estímulo. El político de la unidad me apoyó mucho, sobre todo luego de presentar una investigación sobre la paternidad en José Martí que fue reconocida en un evento a nivel de las FAR. Me deprimí mucho. En la calle no podía quedarme. Pero siempre hay señales que nos guían. Oscar Luis López, Joaquín Cuartas, Norma Abad y Rebeca Ulloa impartieron un taller de guión radial en la UNEAC, y me inscribí. Descubrí que si no podía ser periodista, por lo menos podía ejercitarme haciendo programas sobre las temáticas que me interesaban. Una noche, el locutor del programa se enfermó y asumí la conducción del espacio que yo mismo había escrito. Y hasta hoy. Han pasado 25 años.  

-¿Por qué te has especializado en diversas especialidades?

-La necesidad, Paquita. En la misma Cadena Habana me llamaban para hacer programas informativos, infantiles, culturales, de música campesina, y comprendí las palabras de un viejo locutor que me dijo: “Tú quieres dedicarte a esto. Pues tienes que tener dos cosas: mucha perseverancia porque siempre tendrás obstáculos y sinsabores; y lo más importante, creértelo. El día en que no creas en tus posibilidades y en lo que haces, en ese minuto dejaste de ser lo que eres”. Saqué la carrera de Licenciatura en Historia a distancia en tiempo record, y me pasé muchos años entre Radio Reloj, Radio Ciudad de la Habana, la COCO y Doblaje. Me lo impuse, y salí más delgado, con menos cabello, pero airoso y formado. 

Cualquier medio, emisora de radio o canal de TV puede ser tu academia si te tomas las cosas en serio. Es cierto que Radio Reloj te provee de armas que puedes utilizar en otros desempeños como la lectura a primera vista y la interpretación, por ejemplo. Pero considero mucho más trascendental el hecho de sintonizar con tus propios intereses profesionales. Escucho todos los días a colegas que barajan su carrera con el mismo manojo de cartas, y llegará el momento en que el desgaste los deje sin posibilidad de juego. Hay que estudiarlo todo: geografía, historia, política, filosofía, saber tanto sobre la estructura del átomo, como sobre Chacumbele y por qué él mismo se mató. Mi consejo es probar todas las variantes dentro de la locución, y afincar más en lo que se nos dé mejor.

-¿Cuándo llegas a la TV?

-Primero fue en CHTV. Había un programa llamado “Lente Capitalino”, y el inolvidable Juanito Hernández me pidió que supliera la ausencia del locutor de un boletín que formaba parte del programa. Recuerdo a mi abuela buscando a la carrera una corbata y un saco para salir presentable. Pero era muy esporádico. Luego con Rita Rosa hice un tiempo las cámaras en exteriores de “Lenguaje de Adultos”. Estaba en mi salsa, porque era lo más periodístico que se me había presentado. Hasta que un día en los estudios de Doblaje de la Televisión me encontré con Yosiri López-Silvero. Necesitaba un locutor en off para “Pantalla Documental” presentado por Octavio Cortázar. Me gustaba saber que mi pequeña voz salía en el mismo programa del genio admirado largamente por mí. Su muerte supuso algo trascendental. Tiempo después, la propia directora me preguntó que si me atrevía a hacerlo en cámara. Otra osadía que dura hasta el presente.

 

-¿Tienes algún paradigma? ¿Por qué?

-Mi meta mayor, mi desvelo, ha sido siempre que me reconozcan por mi manera casi compulsiva de acometerlo todo. Es más gratificante sentirte fiel a tus doctrinas y ambiciones, que buscar un sitio donde todos te puedan admirar. Para esta profesión hace falta fe y autoconocimiento, no arrogancia y necesidad de aplausos. El verdadero éxito está en hacer las cosas bien aunque toda obra humana sea perfectible. Mi modo de hacer es mi manera de sentir y de pensar. La popularidad es otra cosa. Los exitosos estamos enfermos de insatisfacción; por eso buscamos todos los días nuevas cosas para alimentar el espíritu. Los famosos casi siempre están enfermos de ego, y les hace sentir que ya llegaron y todo está hecho.

Aprendí que los paradigmas están para ser imitados, no para tenerlos en un altar. Y de los muchos que me han ayudado y otros que no conocí, he aprendido a amar. No basta con decir que grandes maestros nos antecedieron, si el rigor y la búsqueda del conocimiento no están en nuestro día a día.

-¿Quién debe acceder a un micrófono en tu opinión?

-Desde el día uno, me plantee que el oyente o televidente no se sintiera como tal, sino como un amigo, y así fluye todo sin demasiada formalidad. Tengo muy claro que lo estrictamente formal desconecta y aleja a quien nos sintoniza. Buscando ese punto medio de naturalidad y coherencia en el discurso, se consigue alejar también a la monotonía. Algunos nos llaman “líderes de opinión”, pero yo prefiero sentirme como un anfitrión, no en la sala, sino en la cocina de mi casa.

Es cierto que la tecnología nos crea un entorno más inmediato si se quiere, además de constituir un apoyo para el desempeño profesional. Se pueden cotejar fuentes desde la web para generar un discurso comunicacional, e incluso, ayudarnos a moderar en aras de conectar con los públicos. Pero no podemos subordinar las estéticas, las políticas editoriales, las técnicas de locución y nuestras opiniones a partir de tales herramientas. Todos los avances tecnológicos tienen que servir para glosar nuestro trabajo, no para coartarlo. Los locutores, primero tienen que dominar los aspectos lingüísticos y técnicos, y luego demostrar destreza y buen dominio de la tecnología. Al revés, sería muy peligroso en parámetros de calidad de la comunicación. 

Tristemente, los mejores locutores están en sus casas esperando hacer lo que nadie mejor que ellos puede hacer, y los llamados “comunicadores” —actores, cantantes ocasionales, periodistas, profesores de hielo, cosmonautas del subsuelo, egiptólogos especializados en la salsa china, y expertos en la picadura infectada del carángano seductor— ocupan muchas veces espacios más atractivos, lacerando el idioma y pasando la escuela in situ con sus correspondientes lagunas, inseguridades y barbarismos.

-¿Por qué la música en tu trabajo?

-Quienes me conocen, saben que la música es la vida mía. Por eso llevo 9 años en Radio Taíno presentando “De Mañana”. Esa es la columna vertebral de mis días. La cubana, la internacional, no importa la nacionalidad, solo que sea buena. No es discriminación ni purismo. Al contrario. Si todo el mundo tiene a la mano un dispositivo portátil, un teléfono o una computadora para escuchar lo que desee, qué necesidad tenemos nosotros de competir con la banalidad y lo nimio. Asumo la competencia con intransigencia. El que se quede conmigo, lo hará porque de verdad vale la pena, no por hacerme cómplice de la ignorancia y el facilismo.

-¿Te gusta la polémica? ¿La ejercitas?

-Recuerda que el periodismo sin polémica es letra muerta, literatura insípida y verborragia pública. Por eso no me frustré ante la adversidad, sino que utilicé las cosas a mi favor, y conseguí ejercerlo. Mis tribunas son las de la Revolución, y en ellas, cualquier intento de mejoramiento es legítimo. Por eso me gusta polemizar sobre por qué nuestros medios están semidesnudos ante la competencia. La programación curricular, por ejemplo, si bien contribuye al cultivo de conocimientos, necesita espectacularidad, dinamismo, discursos diferentes. Si pensamos la TV como si fuera un aula convencional, solo será una clase televisada. En cambio si convertimos el producto en algo más atractivo, es muy difícil que los consumidores interesados se desvíen hacia otras propuestas. Los programas no pueden ser pautas rígidas ni arquetípicas, sino planteamientos pensados en los públicos. El tema “recursos” es importante, pero no definitorio. Si sacamos cuenta, hasta los noticieros hay que repensarlos como espectáculos televisivos, ya que los contenidos se hacen mucho más creíbles si las formas son más atractivas.

Para compararnos con el mundo, tenemos que tener las mismas rutinas productivas, y no es así. Si un locutor no es solo una voz bonita, un presentador tampoco es únicamente un rostro agradable. Hace poco leí que a los hombres les daba mucho morbo ver a mujeres con hechuras perfectas dando la sección deportiva o el parte meteorológico. Así se construye un arquetipo en el inconsciente colectivo desde una perspectiva consumista donde vender es la palabra de orden. Nosotros, en cambio, necesitamos fórmulas que aúpen el oficio y no la improvisación. Llámenme loco, pero le doy tanta importancia a la forma como al contenido. Cuando hay desbalance, solo se generan apatía y falta de credibilidad. Para consolidar a un comunicador hay que prepararlo desde la locución. No podemos permitirnos que la maduración ocurra en vivo a partir de la corrección del error. 

-¿Siempre tendrás algo que hacer?

-Definitivamente sí. Algunos crean a partir del dolor, o incentivados por razones económicas. A mí solo me activa el terror confeso a aburrirme. Y si llegan los reconocimientos, bienvenidos, si no, por lo menos me esforcé. Acabo de terminar una novela, ya tengo el argumento de otra, y si mañana hay que hacerles a los marcianos un programa, que nadie piense que llegarán bailando chachachá. Esa es otra historia, o mejor, otra maravillosa creación.

 

 

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